AHONDANDO EN LA MISDIRECTION TEMÁTICA 

(por Mariano Vílchez)




En cierta ocasión -Roquetas de Mar, hotel frente al mar, para situar la historia- hice magia ante un grupo de amigos y conocidos. Entre los asistentes, había una pareja que yo no conocía y la chica me ametralló con preguntas y observaciones desde que el mismo momento en qué empecé:  esas cartas no son las Fournier originales (cierto, las acababa de comprar en un bazar chino), déjame mezclar, ahí has hecho algo…

La chica era bien guapa y llevaba muy poco tiempo saliendo con su media naranja, por lo que, en un momento dado, se me ocurrió realizar un juego que reflejara simbólicamente su conexión como pareja.

Era una carta al número muy eficaz donde la chica elige una carta, la pierde y donde su pareja, tras cortar y mezclar -él mismo-, dice un número y la carta de su amor aparece al contar hasta esa posición.

Cambio radical.

Ni una queja, no más observaciones. Ya no importaba que la baraja fuese una baratija del chino. La chica calló y observó muy calladita el procedimiento, realmente interesada -yo diría que hasta preocupada- en que la cosa saliera bien. (Luego me enteré de la pareja estaba atravesando una pequeña crisis en aquel momento).

La carta salió y observé la cara de alivio de la muchacha que dio por buena la explicación de que el efecto reflejaba realmente esa conexión con su pareja. (Te explico el juego más adelante en este artículo, por si tienes curiosidad.)

 

La mejor misdirection es el significado

Esta expresión de Robert. E. Neale lo dice todo. Si la presentación del juego nos atrapa, ya que sea por su interpretación simbólica, ficcional o simplemente porque toque un tema que nos interese, nuestra atención va a estar ocupada en procesar esa información tan sugerente para nosotros. Es decir, va a haber menos espacio mental para cuestionar y analizar el efecto propuesto.

Y esto se puede lograr a dos niveles: a un nivel global de toda la presentación (macro significado) o particular, en ciertas frases de nuestro guion (micro significado). Este artículo se centra precisamente en este segundo nivel donde la inclusión de estas perlitas de significado a largo de nuestro guion puede encumbrar nuestra magia a otro nivel.

Esto concepto ya tiene un nombre acuñado por el maestro Ascanio: misdirection temática.

La misdirection temática es, pues, un tipo de misdirection activa (no se produce sola, sino que tenemos que provocarla nosotros) de índole mental o intelectual que consiste en entretener la mente del espectador con alguna idea de modo que esta lo seduzca y atrape de algún modo y, de paso, le impida cuestionarse otros factores del juego (una falsa condición, una técnica o algún otro aspecto del efecto que queremos que pase inadvertido).

 

¿Para qué sirve la misdirection temática?

Como sugiera la definición anterior, hay un aspecto positivo de la misdirection temática (adónde SÍ queremos llevar su mente y su pensamiento) y otro aspecto negativo (lo que NO queremos que perciba o asuma, por el bien de la magia.)

Concretemos:

Aspectos positivos de la misdirection temática:

-Divertir

-Hacer reír

-Regalar una idea bella o útil

-Estimular la imaginación

-Dirigir la atención del espectador

-Crear una atmósfera especial al principio del juego y a lo largo del mismo.

-Dejar clara una condición (la que nos interese)

-Sugerir una condición a nivel subliminar

-Crearle una sospecha satisfactoria (si el espectador es analítico) para resolverla luego

-Potenciar un clímax o varios

Aspectos negativos de la misdirection temática (no “negativos” en el sentido de que sean malos o inoportunos, “negativos” porque sirven para evitar lo que NO queremos que pase por la mente del espectador.

-Que se asuma una condición falsa en efectos basados en una estructura de autoconvencimiento.

-Distraer la atención de una maniobra secreta u oculta

-Impedir que se anticipen a un clímax

-Centrar la atención en una parte del tapete o en una mano determinada, evitando de ese modo la atención hacia la que no nos interesa

En resumidas cuentas, la misdirection temática puede ayudarnos a dirigir el recorrido mental del espectador de principio a fin del efecto, potenciando la fuerza mágica del mismo y desviando la atención de los puntos débiles o ocultar.

¿Se puede pedir más?

 

TIPOS DE MISDIRECTION TEMÁTICA

Veamos algunos tipos de misdirection temática: la frase inicial, la frase final, recalcar algo irrelevante, la idea obnubilante, la acción (o el elemento) sedal, la cobertura explicativa, la pregunta obnubilante, la pseudoexplicación y la pista falsa. 

 

La frase inicial

¿Sabéis que diferencia hay entre la imaginación y la realidad? (Burger)

Voy a hacer el juego de magia más rápido del mundo.

Os voy a enseñar a hacer trampas en el póker.

La frase inicial de nuestro guion es muy importante, ya que mete a los espectadores en “salsa” y configura su percepción de lo que va a ocurrir desde un principio. Independientemente de los derroteros del juego, ya colocan unas gafas de un color determinado en la mirada del espectador.

 

La frase final

En una tirada de dados hay muchas jugadas posibles… pero sola una imposible. (Aparicio)

Lo intento… pero no lo logro, no lo logro. (Lavand)

Y este es el único juego político que realizaré. (Knepper)

La frase final potencia el clímax y le da una dimensión particular. También puede llevar a reconsiderar todo el efecto y a reinterpretarlo. En el ejemplo tercero de Knepper, da lo mismo que el efecto tengo relación a la política o no. Solo por decir la frase, algunos espectadores buscarán esta relación y hasta la encontrarán.

 

Recalcar algo irrelevante

Recalcar alguna condición verdadera del efecto nos permite tener al espectador entretenido por esta idea, de modo que no se cuestione otra condición falsa del mismo.

Veamos unos ejemplos.

a. En mi rutina de Agua y aceite, realizo una cuenta rítmica que muestra cuatro cartas rojas (cuando en realidad tengo dos negras y dos rojas).

El hecho es que, cuando hago la enseñada, no llamo la atención sobre el color de las cartas, sino sobre el hecho de que tengo solamente cuatro cartas, por lo que las voy contando en voz alta mientras realizo la cuenta. La idea de que solamente uso cuatro cartas es una misdirection temática que evita que el espectador se cuestione el hecho de que todas las cartas sean realmente del mismo color. Y ello siempre, claro está, que la cuente dé esta apariencia de cuatro rojas.

b. Tras el manejo inicial de mi versión de Siguiendo al líder, en vez de partir de dos paquetes con diez cartas rojas y diez cartas negras, en realidad tengo dos paquetes con tres cartas del color opuesto en posición superior. Para ocultar estas cartas extras, realizo una cuenta Hamman con cada paquete que actúa como acción de continuidad aparente, mostrando que nada ha cambiado y que sigo con diez cartas rojas y diez negras.

Pero para que la cuenta Hamman cuele del todo, anuncio que estoy buscando una carta líder para cada paquete y realizo la cuenta como medio de decidir qué carta utilizo, si un 7 o un 10 negro, por ejemplo. La búsqueda de los dos líderes sirve de misdirection temática para que los espectadores no se cuestionen la –ya de por sí engañosa- cuenta Hamman, asumiendo erróneamente que parto de diez cartas rojas y diez cartas negras.

c. Para realizar un cambio de color de baraja de azul a roja, al principio de su rutina, Tamariz enseña a lo hindú las diferentes cartas de la baraja francesa, comentando los colores que aparecen en ellas. Aparte de los colores rojo y el negro (normalmente conocidos por los espectadores), muestra que hay otros colores dentro de las figuras, como por ejemplo el amarillo.

Todo este ardid es una gran misdirection temática, pues mientras el espectador procesa toda esta información de las caras de las cartas, no le queda energía mental para cuestionarse el color del dorso de las mismas. La enseñada hindú le va mostrando en segundo plano siempre la misma carta top azul, con lo que asume sin problemas que toda la baraja es azul.

Pero Lo cierto es que esta carta es la única azul del mazo, todas las demás son rojas, por lo que, tras deshacerse de ella (mediante cera, doble cara, empalme o descarga), el maestro puede mostrar asombrosamente que la baraja se ha vuelto roja.

 

La idea obnubilante

X-1=0

No se puede hacer más lento…

Los dados mandan…

Una frase clave para un juego y repetida a lo largo del mismo es una poderosa misdirection temática que, una vez más, configura nuestra percepción de toda la rutina.

 

 

La acción (o el elemento) sedal

Se trate de realizar una acción o exponer un elemento al espectador, de modo que asuma una condición falsa. Esta condición es clave para lograr el efecto, ya que en la situación final revelaremos la condición verdadera, y en ese contraste radica la magia.

Por ejemplo, y a raíz del ejemplo anterior de Tamariz, si saco una baraja roja dentro de un estuche azul, algunos espectadores asumirán de forma inconsciente que las cartas son azules. Si, además de esto, saco la baraja y la carta superior es también azul (el resto, ya digo, son rojas), definitivamente todos los espectadores asumirán que se trata de una baraja de dorso azul.

Si me recreo ahora en una cuenta hindú donde, a lo Tamariz, muestro los distintos colores de las caras, al tiempo que siempre se ve esa única carta de dorso azul, sigo realizando una acción sedal para que todos se autoconvenzan -de forma inconsciente- de que la baraja es azul.

Cuando -empalmando la carta superior o girándola si se trata de una carta de doble dorso de distinto color- extienda la baraja sobre el tapete, la visión de los dorsos rojos supondrá un enorme hachazo en la cabeza para los espectadores

 

La cobertura explicativa

Este tipo de cobertura consiste en realizar una acción visible para los espectadores mientras les explicamos lo que tienen que hacer. Esta acción que realizamos, justificada por la explicación que estamos dando, pasa completamente inadvertida para los espectadores.

Por ejemplo, le pedimos que se guarde la carta elegida en el bolsillo, al tiempo que guardamos nosotros la baraja en el bolsillo derecho de la chaqueta para explicarle el procedimiento Mientras que el espectador se introduce la carta al bolsillo, la mano derecha cambia la baraja por otra alojada en el bolsillo y vuelve a salir con esta nueva baraja (nudista, en mnemónica o arcoíris).

Te recomiendo un excelente efecto de mentalismo llamado Volition que aplica la cobertura explicativa, amén de otras sutilezas que dejan K.O. al espectador.

 

La pregunta obnubilante

La pregunta obnubilante, término acuñado por el maestro Ascanio, es un poderosísimo tipo de misdirection temática que consiste en hacer una pregunta capciosa al espectador de modo que, al procesarla mentalmente, no tiene más remedio que dejar de prestar atención a algún elemento, acción o condición que pretendemos ocultar o disimular.

Ejemplos.

a. En el recién citado ejemplo de Siguiendo al líder, al margen de dar falsamente importancia al número de la carta elegida, en ocasiones le pregunto directamente a los dos espectadores ayudantes qué número prefieren como líder de cada paquete. Al procesar esta pregunta, los espectadores principales (y con ellos el resto del público) gastan toda su energía mental del momento -están entretenidos psicológicamente-, lo que me asegura aún más que no van a cuestionar la cuenta Hamman, asumiendo la condición inicial (falsa) de que parto de diez cartas negras y diez rojas.

b. A veces, en ambientes de amigos, me divierte realizar la siguiente desaparición de moneda, en la que precisamente cubro el momento de la trampa con una pregunta obnubilante.

Parto de la moneda colocada cerca del borde de la mesa.

En un momento determinado, realizo a mis compañeros de mesa la siguiente pregunta (obnubilante): ¿Sabéis lo que pasa cuando se sopla con fuerza en una moneda?

En este mismo momento, voy a coger la moneda con la mano derecha, pero en realidad la descargo al regazo. Acto seguido llevo esta mano hasta mi otra mano -la izquierda-, donde realizo un falso depósito bluff. (O sea que pretendo pasar la moneda de una mano a otra, cuando en realidad la moneda hace rato que se quedó en el regazo.)

La pregunta empieza un instante antes de ir a coger la moneda (y descargarla al regazo) y no acaba hasta que realizo el depósito bluff. Finalmente, acerco el puño izquierdo cerrado a mi boca y soplo con intensidad. Al abrir mi mano, se ve que la moneda ha desaparecido.

Hay que aclarar, llegados a este punto, que no es siempre necesario realizar una pregunta completa. A veces basta con iniciar una afirmación para que la completen los espectadores.

Hay tres cartas rojas y tres… (negras). Como ves, en la figura se ve también el color… (amarillo). Y en este paquete hay una, dos, tres y… (cuatro cartas).

Una última anécdota antes de pasar al punto siguiente.

En el pasado me he valido de la pregunta obnubilante para entrar en los cines con un refresco de otro establecimiento, algo que estaba prohibido. (Hoy en día, sin embargo, se permite en muchos cines.)

Lo que hacía era abrir la cartera y sujetar lata y cartera abierta en mi mano derecha (la primera cubriendo la segunda, aunque sin pretender ocultar la lata). Entonces sacaba las entradas -ya preparadas, asomando- de uno de los compartimentos, al tiempo que preguntaba: ¿Dónde está la sala 6? (o la que correspondiera, claro). El acomodador indefectiblemente levantaba la mirada hacia la sala, señalándola y alejando por completo su atención de mi mano.

La combinación uso inocuo de la mano vacía y pregunta obnubilante siempre me permitían entrar impunemente a la sala.

 

La pseudoexplicación

Una pseudoexplicación es, como su nombre indica, una explicación falsa del método del efecto que se da a los espectadores con un doble propósito.

a. En primer lugar, la pseudoexplicación sirve como cobertura de ciertos manejos que integran el modus operandi del efecto. En ese sentido es un subtipo de cobertura explicativa, tal y como señalé previamente.

b. En segundo lugar, la pseudoexplicación constituye una poderosísima misdirection temática que puede obnubilar por completo la mente del espectador, despistándolo eficazmente de la verdadera solución del método del efecto.

Gran parte de la eficacia de la pseudoexplicación se debe a que capta totalmente la atención del público por la común curiosidad existente acerca los métodos secretos de nuestro arte.

Además, en el ser humano se da una lógica fascinación por todo lo que se refiere a mecanismos de engaño, ya que para nuestra subsistencia cotidiana es necesario distinguir –en la medida de lo posible- lo verdadero de lo aparente.

 

Hay que señalar que en ciertas ocasiones la pseudoexplicación no es del todo falsa, ya que puede usarse realmente en otra parte de la misma rutina o en otro efecto. Sin embargo, esto no resulta peligroso desde el punto de vista de la resistencia al análisis. Y ello por dos razones.

a. En el momento en el que el mago da su falsa explicación, en realidad está usando un método diferente al explicado, por lo que el efecto subsiguiente no será explicable por la pseudoexplicación, llevando al público a descartarla enseguida.

b. A menudo la pseudoexplicación se hace en un tono irónico, usando un manejo torpe y poco verosímil, lo que lleva igualmente a los espectadores a cuestionársela seriamente.

Un primer ejemplo clásico de pseudoexplicación sería la rutina de cubiletes de Vernon. En la parte final de la misma, Vernon da una falsa explicación de cómo ha realizado un falso depósito para lograr los efectos previos.

En realidad, aprovecha dicha pseudoexplicación a modo de cobertura y misdirection temática para efectuar una de las cargas finales. Lo curioso es que, tal y como hemos señalado anteriormente, el maestro sí que ha recurrido efectivamente al falso depósito en varias ocasiones a lo largo de la rutina, pero, tal y como hemos señalado previamente, al exponer la pseudoexplicación del mismo, realiza un falso depósito cutre -en realidad una falsa cogida bastante ortopédica- que en ningún momento se tragan los espectadores.

Por otro lado, y como es lógico, tras la pseudoexplicación, Vernon ya no vuelve a recurrir al falso depósito durante el resto de la rutina hasta que aparecen las cuatro cargas finales.

Podemos encontrar otros ejemplos de pseudoexplicación en muchas rutinas de tahuromagia, donde el mago explica a los espectadores cómo los tahúres realizan trampas para jugar con ventaja, un tema que apasiona a muchos profanos por lo que su mente quedará totalmente atrapada durante su exposición, que es de lo que trata la misdirection temática.

Un ejemplo exquisito de este uso de la pseudoexplicación es una fase de una rutina de Ascanio llamada ¿Juega usted al Póker?, explicada en el libro Nuevos Juegos de Magia con Naipes de Santiago de la Riva.

 

La falsa pista

La pista falsa es el último tipo de misdirection temática que vamos a estudiar en este artículo.

La falsa pista consiste en hacer sospechar al espectador que estamos realizando una determinada trampa cuando en realidad no es así. Más adelante, a través del manejo,  mostramos -de forma más o menos sutil- que la sospecha era infundada.

Durante todo ese tramo, hemos distraído la mente de los espectadores más analíticos, aprovechando ese tiempo para colarle la trampa verdadera.

Como muestra, un botón.

Este es mi manejo para realizar una asamblea de ases con el añadido de “add-on” de Braue.

En primer lugar, muestro los cuatro ases de cara y los coloco sobre la baraja que está de dorso.

Procedo con el añadido que, como sabes, cambia tres de los ases por cartas indiferentes, dejando sólo el as líder como as genuino en ese grupo de cuatro cartas.

Giro boca abajo ese as líder que, como sabes, queda cara arriba sobre la baraja tras el añadido. Entonces, al ir a colocarlo sobre la mesa para formar la típica disposición en “T” de las asambleas, hago un ligero amago de enfile que puede crear la sospecha (sobre todo para los espectadores más analíticos) de que he cambiado dicho as por otro de los ases.

En realidad, sí que lo he colocado en la mesa, a diferencia de los demás “ases” que termino de colocar en “T” frente al as líder y que, en realidad, son ahora tres cartas indiferentes.

Ahora digo que voy a colocar tres cartas sobre cada as, empezando por el as líder. Cojo la baraja de cara y me dispongo a echar tres cartas indiferentes- se ven, las extiendo un poco-sobre el as líder cuando, cambiando repentinamente de idea, la mano derecha devuelve estas tres cartas sobre la baraja y, tras voltear todo el mazo cara abajo en la mano izquierda, dicha mano derecha queda libre para poder girar cara arriba el as líder, mostrándolo abiertamente y deshaciendo así la posible falsa sospecha de algunos espectadores.

A continuación, echo las tres primeras cartas de dorso de la baraja -que se supone son las tres indiferentes que se acaban de ver- pero que, en realidad, son los tres ases restantes que allí quedaron tras el cambio de Braue.

Ya solo queda echar tres cartas indiferentes sobre cada uno de los “ases” restantes y revelar que los ases se han reunido con el as líder.

La falsa pista ha contribuido a que el hecho de dar las tres cartas de arriba en vez de las tres cartas de abajo mostradas previamente pase completamente inadvertido para los espectadores.

 

Teoría de la red de ideas (pase, pase, Sr. Roth)

Llegados a este punto, habrás llegado a la conclusión de que es posible diseminar estas pequeñas perlas de misdirection temática a lo largo de tu guion para sugerir, potenciar tus efectos y desviar la atención de lo que quieres ocultar de tu rutina. Se trata de tejer una red de ideas de la que tu espectador no pueda escapar y, de esta manera, dirigir su pensamiento en todo momento para lograr tus fines y propiciar su gozo mágico.

Te propongo un ejemplo de esto en mi manejo del pasa pasa de monedas con c… de Roth. Si conoces la rutina, perfecto. Si no, te animo a buscarla y estudiarla. No voy a detallarla aquí, sino tan solo referirla por encima con mis pequeñas misdirections temáticas a lo largo de la misma.

Saco el monedero con las cuatro monedas dentro (y la c…). Vuelco el contenido en mi mano derecha de modo que las monedas aterricen listas para un empalme de dedos (la moneda con c queda pegada a mi mano).

Tras dejar el monedero en alguna parte, vuelco las monedas de mi mano derecha a mi mano izquierda para darlas a examinar (la c ha quedado empalmada en mi mano derecha). Mientras los espectadores examinan, yo comento algo de los medio dólares (misdirection temática) y aguardo con las manos a la altura del pecho (en la posición de dinosaurio) y lo más simétricas posible para no llamar la atención sobre la que tiene la c empalmada.

Al recibir las monedas las coloco sobre mi mano derecha (calzando de nuevo la c sobre la moneda) y procedo con la rutina de Roth.

En el viaje de la primera moneda, coloco mi mano derecha (que tiene una moneda en empalme clásico) sobre la mano izquierda de la espectadora y le pregunto si siente algo (misdirection temática). Me tiro un buen rato esperando a ver si llega la sensación. En algún momento aflojo el empalme clásico y cae la primera moneda que suele producirle un sobresalto en la espectadora. Levanto mi mano se ve la moneda y se abre la mano izquierda viendo que ya solo hay tres monedas.

En el viaje de la segunda moneda, digo que la clave está en el sonido (misdirection temática), lo cual no significa nada -todavía- y tras unos segundos, se escucha el clic de la segunda moneda cayendo sobre la primera. “Como habéis escuchado el clic, ahora os parecerá ver dos monedas en la mano de X (nombre de la chica)” y así lo muestras. “Y como aquí hay dos monedas, estáis sugestionados para ver solo dos en la otra mano” y abro la mano derecha mostrando las dos monedas.

Como ves, es un discurso sugerente que actúa como misdirection temática y no deja mucho espacio a especular sobre la solución verdadera.

Para el viaje de la tercera moneda, ofrezco una pseudoexplicación. Digo que las monedas están viajando a través de mis mangas (misdirection temática) -lo cual es improbable porque suelo realizar el efecto remangado- y digo que lo logro a través de un movimiento de break dance (misdirection temática). Entonces realizo es movimiento de onda de los brazos típico de este baile -todos me observan riendo- y cae la moneda a la mano de la espectadora, quedando ya solo una en mi mano izquierda.

Para la última moneda coloco las cuatro monedas sobre la mano de la espectadora (con la c en posición superior) y le pregunto si tiene fuerza en el puño (misdirection temática). Le digo que la voy a poner a prueba y que debe cerrar el puño con fuerza para que nadie logre abrírselo (misdirection temática). Extraigo la “moneda superior” -en realidad, la c- y le pido que cierre el puño con fuerza. (De esta manera evito que abra la mano antes de tiempo y no descubra así que tiene las cuatro monedas en su mano.) Y ello con la excusa de que yo no pueda hacer trampas al no poder abrir su mano.

Ahora le pido que suba el brazo alzándoselo con mi mano izquierda y, acto seguido, realizo un falso depósito en tránsito de la c -de mi mano derecha a mi mano izquierda- para que mi mano derecha suba su brazo, al tiempo que le digo: “Súbelo un poco más.” Este falso depósito es muy efectivo porque es percibido subliminarmente por el espectador, quien no lo puede cuestionar, primero por la acción en tránsito y segundo por la misdirection temática (“Súbelo un poco más.”)

A continuación, mi puño izquierdo (que supuestamente contiene la cuarta moneda) describe un arco hacia arriba (misdirection por recorrido curvilíneo) y extiende su pulgar hacia el puño de la espectadora y le pido que su pulgar toque al mío. Mientras ocurre todo esto, mi mano derecha se relaja y baja hasta el bolsillo derecho de mi pantalón donde suelta la c, para subir inmediatamente después y colocarse delante de los dos puños con los pulgares juntos.

Resta mostrar que la moneda ha desaparecido de mi mano y ha viajado con las otras tres de la espectadora.

Últimamente le meto un detalle más a la rutina y es que saco el monedero (con cuatro monedas dentro) al tiempo que llevo en el empalme de dedos otros cuatro monedas y la c (uso inocuo de la mano vacía). Le doy a la espectadora el monedero para que lo abra y me diga qué ve dentro. Así lo hace y me dice que hay cuatro monedas. Sin darle tiempo para sacarlas cojo el monedero y realizo un shuttle pass. Es decir, lo vuelco en mi mano izquierda, pero en realidad retengo las monedas dentro presionando con los dedos de la mano izquierda, al tiempo que abro la mano derecha mostrando las monedas allí empalmadas. Da la sensación de que las monedas han salido del monedero y han aterrizado a mi mano derecha, pero en realidad sigue habiendo cuatro monedas en el monedero.

Dejo el monedero en algún sitio cerrándolo de camino con la propia mano izquierda y procedo con rutina de Roth.

Al final, cuando las cuatro monedas aparecen en la mano de la espectadora, aprovecho el aplauso del público (relajación post efecto) para pasarlas a la mano izquierda que baja hasta mi bolsillo izquierdo y las deja allí, al tiempo que mi mano derecha toco el hombre de algún espectador de mi izquierda mientras le comento algo de lo que ha sucedido (¿Te ha gustado?).

A continuación, finjo depositar las manos de mi mano izquierda (ya vacía) a mi mano derecha (falso depósito bluff), y a continuación abro mi mano izquierda. (La derecha permanece cerrada, se asume que las monedas están allí.)

En un final demoledor, acerco mi puño cerrado (vacío) al monedero (falsa proximidad) y realizo algún gesto mágico tras el cual abro la mano, mostrándola vacío e invito a la espectadora a que abra el monedero para descubrir con asombro que las monedas han viajado de nuevo a él.

Llegados a este momento, puedes vender que las monedas han viajado al monedero, que has retrocedido en el tiempo o que todo ha sido un sueño, según tu preferencia.

A nivel macro, toda la rutina se puede interpretar con alguna misdirection general.

Por ejemplo:

- Las monedas representa cuatro deseos de la espectadora y cada viaje representa una realización simbólica de su consecución.

-   El espectador se queja de problemas económicos y le muestras que, por una vez, el dinero viaja hacia él.

- En una boda, el novio pasa sus dones o “arras” a la novia a través de ti como oficiante.

 

Lo creas o no, hace poco fui invitado para actuar durante la celebración de una boda -con falso cura incluido- y esta última presentación, las de las “arras” fue la que elegí.

Al final, cuando fui a revelar la desaparición de las monedas y su viaje al monedero, simplemente anunció que el viaje juntos acababa de empezar, con lo cual las monedas ni siquiera habían salido del monedero…

 

Explicación de la carta al número de los enamorados

Empecé el artículo con la anécdota de Roquetas donde la chica me buscó las cosquillas hasta que realicé un efecto simbólico para reflejar la conexión con su pareja. Comparto ahora el efecto y el método porque realmente me parece una rutina muy potente, impactante y difícil de analizar para los espectadores.

Le fuerzas una carta a la chica por tu método favorito. Yo elijo el forzaje hindú que me permite mostrarles la carta a todos los espectadores presentes y a perderla simplemente dejando caer el paquete de la mano derecho sobre el de la izquierda. Le dio a mezclar inmediatamente a la espectadora, algo que no es posible si utilizas un control. Mientras mezcla, pregunto a los espectadores: “No será un comodín, ¿verdad? Es que con los comodines no funciona.” Este es principio de la reserva del nivel de información, es decir pregunto lo que ya sé para terminar de convencer sutilmente de que no tengo ni idea de cuál es la carta.

Cuando me devuelve la baraja, extiendo las cartas para mí y busco el comodín para extraerlo. Aprovecho esta maniobra para cortar por la corta forzada y dejarla en posición TOP o superior (cobertura por procedimiento despistante).

Coloco la baraja en la mesa con la elegida (forzada) en posición superior, pongamos que el dos de copas. Le pido al chico que me digo un número no muy alto, hasta 20. Vamos a suponer que me dice el 14. Entonces le explico que al final del juego contará 14 cartas de dorso, apilándolas una a una sobre la mesa (mientras voy realizando yo mismo ese contaje) y la 14 será la carta elegida por su chica. Giro la 14 y se ve que no es la carta. “Todavía no -le digo-, cuando cortes y mezcles.”

Recojo el paquete repartido de 14 cartas y lo vuelvo a colocar sobre la baraja. Ahora sí que la carta (el dos de copas) está en posición decimocuarta. Pero toda la maniobra le ha parecido inocua al espectador, ya que has utilizado una cobertura explicativa.

A continuación, le pides al espectador que coja la baraja en la mano izquierda (como en posición de dar) y le pides que corte un paquete sobre la mesa. A continuación, le pides que mezcle las cartas que le quedan en la mano izquierda, las vuelva a colocar en posición de dar y vuelve a cortar un segundo paquete sobre la mesa que colocará a la derecha del primero. Acto seguido vuelve a mezclar las cartas que le quedan en la mano izquierda y le pides que coloque todas estas cartas como único paquete a la derecha del segundo paquete de la mesa.

Ahora le pides que coja el paquete de la izquierda, lo monte sobre el de su derecha (el de en medio) y, finalmente, coja estos paquetes juntos y los monte sobre el tercero.

Acabas de hacer que el espectador se realice a sí mismo el falso corte de Jay Ose. Es muy engañoso, con la baraja en posición de dar en la mano izquierda se van cortando los tres paquetes sobre la mesa de izquierda a derecha y se recogen de izquierda a derecha. La sensación de que se ha cortado es total.

Además, la sutileza de mezclar antes de repartir el segundo y el tercer paquete termina de crear una sensación de caos absoluto.

Y sin embargo, lo creas o no, después del procedimiento realizado por el espectador -y tú no has tocado-, la carta elegida está en la posición 14.

Imagínate el final tan limpio. Y el chico ha cortado y mezclado y, acto seguido, sin que tú toques la baraja, él mismo cuenta hasta la carta 14 (o la posición que se haya elegido en su caso).

Llegados a la 14, se le pregunta a la chica por la identidad de su carta. La dice. Se gira la carta.

¡Boom!

 

Nota: La foto de Roquetas de Mar de la cabecera está extraída de la revista revistatraveling.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios

Entradas populares