EL ATISBO, UN POTENCIADOR EXTRAORDINARIO DEL CLÍMAX MÁGICO (por Mariano Vílchez)

 



El atisbo es un concepto teórico clave acuñado por Ascanio y uno de los principios más potentes para que el clímax de un efecto de magia alcance la máxima intensidad.

El atisbo es tan poderoso que, si tan sólo pudiera seleccionar cinco principios teóricos para aplicarlos a mi magia, de los cerca de doscientos que tengo estudiados y catalogados, sin duda el atisbo figuraría entre ellos.

 

 ¿Qué es el atisbo?

La definición en sí es bastante sencilla. El atisbo consiste en facilitar que sea el propio espectador quien vislumbre el efecto que se va a producir, justo un instante antes de que suceda.

Por causas que analizaremos más adelante, el impacto del clímax tras el atisbo es mucho mayor que si no lo hubiera habido.

El atisbo es algo así como cuando, al final de un thriller, de repente nos ofrecen en ráfaga una serie de pistas cada vez más claras acerca de la identidad del asesino e, inmediatamente después éstas, se nos revela con total claridad dicha identidad.

Ese darnos cuenta paulatinamente -en un instante tan breve- es una sensación muy emocionante, mezcla de impacto y sobrecogimiento, como un eureka interior que arroja luz sobre toda la cinta previa.

 

AVISO INICIO POSIBLE SPOILER DE LA PELÍCULA “LOS OTROS”

Me viene a la memoria la escena final de Los otros de Alejando Amenábar en la que el personaje de Grace Stewart  (Nicole Kidman) entra en la habitación donde los supuestos fantasmas están sentados alrededor de la mesa. Vemos a la médium interrogando a la niña acerca de su muerte. Estamos confusos, no entendemos.

De pronto vemos cómo Grace tira y rompe los papeles de la mesa y, un instante después, vemos los papeles revolotear y romperse solos. Durante un momento no entendemos este cambio de perspectiva hasta que, de repente, la confusión se disuelve y finalmente alcanzamos a comprender lo que realmente ha estado pasando durante toda la película: los fantasmas no son quiénes pensábamos que eran…

FIN DEL POSIBLE SPOILER DE LA PELÍCULA “LOS OTROS”

 

Primer ejemplo de atisbo, la revelación de un triunfo.

Acabas de mezclar las cartas cara arriba y cara abajo. Ahora te dispones a extender la baraja para revelar que todas las cartas están de dorso, salvo una carta previamente elegida.

Entonces, comienzas a extender las cartas sólo un poquito y te detienes. El espectador viendo las primeras cartas de dorso tiene el “atisbo” del efecto, comprende y llega a la conclusión de que el efecto va a consistir en que todas las cartas se van a poner en el mismo sentido, o sea de dorso. 

En cuanto alcanza esta comprensión, terminas de extender la baraja corroborando su sospecha y revelando que lo imposible se ha producido: todas las cartas están realmente en el mismo sentido.

Si lo pruebas, descubrirás que esta simple maniobra potencia enormemente la fuerza del clímax del efecto, elevando al cuadrado (como mínimo) la reacción de los espectadores.

Antes de analizar por qué funciona el atisbo, vamos a ver qué pasa si no lo propicias (en este caso concreto).

 

Inconvenientes de no propiciar el atisbo

Si no propicias el atisbo, es decir, si extiendes enseguida y de una vez la baraja para mostrar que todas las cartas están de dorso salvo la elegida, entonces los espectadores tendrán que pasar por las siguientes fases antes de reaccionar:

1. En primer lugar, tendrán que darse cuenta de lo que ha ocurrido (que todas las cartas están de dorso, salvo la elegida).

2. En segundo lugar, tendrán que valorar que esta situación supone un contraste imposible en relación con la situación inicial que les hemos presentado antes, la mezcla de cartas cara arriba y cara abajo.

(3). Puede ser incluso que, una vez que han entendido el efecto, algunos espectadores sientan la necesidad de revisar la baraja extendida para ver si realmente todas las cartas están de dorso.

Todo esto ocasiona tres inconvenientes que te enumero a continuación:

a. Se produce un cierto anticlímax en la mente del espectador, ya que, al asistir de repente al efecto total, tiene primero que corroborarlo y valorarlo intelectualmente para poder disfrutarlo luego a un nivel emocional.

Además, puede ocurrir incluso que algunos espectadores sientan la necesidad de corroborar que dicho efecto se ha producido en su totalidad, con lo que empezarán a revisar a fondo la baraja extendida para comprobar realmente que todas y cada una de las cartas están ahora de dorso, lo cual ensucia el pleno y libre disfrute del clímax.

Esta resistencia y necesidad extra de corroboración se debe a que el efecto se reveló de forma súbita y sin tiempo previo de asimilación.

b. El segundo inconveniente de no propiciar atisbo es que cada espectador llega a la emoción mágica en un instante diferente.

Algunos espectadores procesarán más rápidamente el efecto, llegando antes a su asimilación y a la comprensión de su imposibilidad, mientras que otros tardarán más.

 Esta diferencia de tempos impedirá que se dé una reacción sincronizada de todos los espectadores, lo que va en detrimento de la emoción compartida, factor clave a la hora de expandir el clímax (y, si se considera oportuno) propiciar el aplauso liberador.

c. El último inconveniente de no propiciar atisbo es que no permitimos que se produzca un posible melacorto en efectos y rutinas que así lo permiten (no es normalmente el caso en la revelación de un triunfo). En un artículo venidero trataré este poderoso concepto tamariciano.

 

Ventajas de propiciar el atisbo

En contrapartida a todo lo anterior, si propicias el atisbo, es decir, si a la hora de revelar tu triunfo empiezas a extender un poco las cartas, te detienes un momento y luego terminas de extenderlas, evitarás los tres inconvenientes citados y ganarás en cambio tres ventajas claves.

1. En primer lugar, al comenzar a extender las cartas y detenerte, das tiempo a todos los espectadores para que aprecien (o atisben) el efecto que se va a producir. Para cuando te dispones a revelar el efecto completo, todos han llegado a la comprensión de lo que se avecina.

Esto hace que cuando extiendes las cartas para mostrar que están todas de dorso, todos los espectadores pueden disfrutar del clímax, sin que éste se vea empañado por ninguna interferencia intelectual, ya que el efecto y su imposibilidad fueron asumidos previamente gracias al atisbo. Ahora sólo queda disfrutar de la emoción de lo imposible.

Por eso el atisbo desactivará en la mayoría de las ocasiones esa necesidad de comprobar las cartas una a una. Los espectadores tienen una certeza de la realidad del efecto que no tendrían de no haber experimentado el atisbo.

2. La segunda ventaja de propiciar el atisbo es que, al reaccionar todos los espectadores a la vez, se produce una unificación de todas las reacciones. Esto da lugar a una emoción compartida que, en la mayoría de las ocasiones, se traducirá por un aplauso potente, sincero y acorde con esta emoción global.

 

3. La última ventaja es que, al propiciar un atisbo, se puede en ocasiones propiciar un melacorto, siempre que el efecto fuese susceptible de él. (Insisto, veremos el melacorto más adelante.)

 

Timing del atisbo

El timing del atisbo es un asunto delicado, casi milimétrico. Si el tiempo de atisbo es demasiado corto, nos arriesgamos a perder parte de su fuerza potenciadora, ya que es posible que a algunos espectadores más lentos en su estilo de procesar la información no les haya dado tiempo aún de vislumbrar el efecto.

Por otro lado, si el tiempo de atisbo es demasiado largo, nos arriesgamos a propiciar un anticlímax porque entonces el atisbo puede llegar a convertirse en un mero anticipador del clímax. Les hemos dado a los espectadores tanto tiempo que, no sólo han vislumbrado el efecto, sino que ya lo han dado por hecho, asumiéndolo por completo, por lo que completar la revelación ahora ya no aporta nada, sino tan sólo una mera corroboración.

Para que el atisbo funcione, el espectador tiene que caer en la cuenta de cuál va a ser el efecto e, inmediatamente después, presenciarlo, sin que tenga tiempo de evaluar ni pensar nada más. Se acaba de producir un desequilibrio psíquico en él provocado por ese reciente descubrimiento de la posibilidad del efecto. Y de algún modo es ese desequilibrio el que vuelve al espectador más vulnerable al impacto posterior de la revelación final, cuando ésta se muestra en su total expresión.

 

¿Cómo evaluar el timing en la realidad de la actuación?

Aunque sea una afirmación de Perogrullo, el tiempo de atisbo más adecuado para un efecto es aquél que te indica tu intuición, fruto de la experiencia de probar distintos tiempos de atisbo con distintos espectadores y circunstancias. No obstante, te voy a dar una pequeña clave. A menudo, el primer comentario que escuchas de algún espectador es la señal para terminar el atisbo y proceder a la revelación total.

No puede ser.

No jodas.

¡Qué dices!

¡Qué cabrón!

La experiencia me dice que para cuando algún espectador verbaliza alguna exclamación de este tipo, es muy probable que la mayoría de los espectadores ya hayan experimentado el atisbo. Y es en ese preciso momento cuando termino de revelar el efecto.

A veces nadie verbalizará nada, pero por la expresión facial de algunos espectadores sabrás que ya han experimentado el atisbo, con lo que en ese mismo instante procederás a rematar la revelación.

 

Formas verbales y gestuales de propiciar un atisbo

Una vez estudiado teóricamente las ventajas del atisbo, su funcionamiento y timing, veamos cuáles son las distintas maneras de propiciarlo en tu magia.

Voy a distinguir entre modos visuales y gestuales de propiciar un atisbo.

 

1. Modos verbales de propiciar el atisbo

Dentro de los modos verbales destacaría dos técnicas.

a. Sugerir paulatinamente

Se trata de dar a entender el efecto verbalmente, de forma vaga, genérica e indefinida, para luego ir concretando y detallando más y más, hasta llegar a la alusión completa ,o casi, en el punto final del discurso, en el mismísimo final de la frase.

Tu carta no está aquí porque ha viajado a otro lugar… un lugar cerrado… que siempre estuvo cerca de ti…  sí… la cartera.  (En este caso se pueden sustituir las dos últimas palabras por una mirada a la cartera.)

Observa cómo con cada pausa vas dando la oportunidad a los espectadores de vislumbrar o atisbar el efecto del viaje a la cartera. Además, cada vez vas concretando más y más para ir facilitando el atisbo a los espectadores que aún no lo han experimentado.

Algunos espectadores lo pillarán en la primera pausa, otros en la siguiente y el resto lo hará en cuanto soltemos la expresión “cerca de ti”. Quizás unos pocos incluso no caigan hasta que nombremos o miremos la cartera. El caso es que has permitido que cada espectador –a su propio ritmo- se fuera subiendo al carro del atisbo de forma paulatina.  Al final, cuando nombras o miras la cartera, todos los espectadores se han sumado al entendimiento del reto del efecto que se avecina.

En la citada escena de Los Otros sucede algo parecido a lo explicado aquí. Se van acumulando pistas cada vez más claras hasta que el espectador sale de su falsa presunción y descubre, fascinado, la verdad de lo que ocurre. (Sáltate el párrafo siguiente si no has visto la película para disfrutar de la intriga hasta el final cuando tengas la ocasión de verla.)

En la citada escena, entra Grace y ve gente sentada alrededor de la médium (pista 1). La médium empieza a hablar dando datos reveladores (pista 2). Los niños empiezan a gritar que no están muertos (pista 3). La propia Grace empieza a chillar que no están muertos (pista 4). Grace empieza a mover la mesa y enseguida vemos un plano donde la mesa se mueve sola (pista 5). Luego Grace coge los papeles de la mesa, los rompe y a continuación vemos cómo los asistentes a la sesión ven los papeles volar y romperse solos por el aire (pista 6). Finalmente vemos la escena desde el punto de vista de los vivos y a la dueña anunciar que definitivamente se va a mudar de la casa, ya que no soporta más la presencia de los fantasmas (pista 7).  Para rematar, vemos a Grace abrazando a sus hijos y confesándoles su horrible crimen (revelación definitiva).

Todo se acumula milimétricamente para que cada espectador, a su ritmo, vaya cayendo en la cuenta de lo ocurrido. Yo no lo entendí hasta ver los papeles romperse solos por el aire. Una maravilla de escena y un ejemplo insuperable de atisbo.

b. Sugerir por deducción

Se trata aquí de dar a entender el efecto de forma deductiva, guiando el razonamiento del espectador para que llegue por sí mismo a la conclusión de cuál va a ser tal efecto.

Recuerda el juego citado previamente en el que, como final de ambiciosa, un billete en una cartera se intercambia con una carta.

Empiezas extendiendo las cartas, apreciándose que la carta firmada ya no está en la baraja. En cambio, se ve que hay un billete de 50 euros en su lugar. Entonces dices lo siguiente:

Si aquí hay un billete de 50 euros,  entonces…  es que…  tu carta… está… (Tras unos instantes miras o nombras la cartera.)

Una vez más, con esta frase les has dado a los espectadores la oportunidad de anticiparse al efecto, cada uno a su ritmo, hasta que al final todos llegan a la conclusión del tremendo desenlace que se avecina.

 

2. Modos gestuales de propiciar el atisbo

Supongamos de nuevo que quieres que los espectadores atisben que una carta firmada ha viajado a una cartera situada a la derecha del tapete (desde tu punto de vista).

He aquí algunas opciones que podrías seguir dentro de los modos gestuales de propiciar atisbo.

a. Señalar mirando

Esta maniobra es la menos sutil de todas y poco adecuada para propiciar atisbo. Es demasiado directa. Miras y señalas. Todos caen en la cuenta en el acto.

b. Mirar moviendo la cabeza

Aquí miras la cartera desplazando ligeramente la cabeza hacia ella. El movimiento es más sutil que el anterior. Darás tiempo a que se produzca un cierto atisbo.

c. Mirar sin mover la cabeza

Esto es aún mejor. Tus ojos miran de pronto a la cartera, al tiempo que la cabeza permanece fija. Esta estrategia es más sutil aún, ya que algunos espectadores no se darán cuenta del propósito de esta formar de mirar hasta que pasen unos instantes. El tiempo de atisbo (que va desde que miras la cartera hasta que todos los espectadores caen en la cuenta del efecto) será aún mayor que en el caso anterior.

d. Señalar sin mirar

Esta estrategia es exquisita y una de mis favoritas.

En nuestro ejemplo mirarías fijamente las cartas y, sin apartar nuestra mirada de ellas, la mano derecha se movería lentamente para señalar la cartera.

Esta división de atenciones, hacia las cartas con nuestra mirada, por un lado, y hacia la cartera con la mano que señala, por otro, da lugar a una confusión momentánea muy propicia para el atisbo.

Obviamente puedes jugar a combinar todas estas estrategias, ordenándolas siempre desde la más sutil hasta la más obvia, lo que te permitirá una gradación que, como en el caso del atisbo verbal, facilitará que los espectadores se vayan subiendo uno a uno al carro, de forma paulatina, hasta que el atisbo sea global.

En nuestro ejemplo podrías, por ejemplo, señalar la cartera sin dejar de mirar las cartas, luego mirar hacia la cartera sin girar la cabeza, y un instante después girarla. En cada gesto habrás ido metiendo a más espectadores en el atisbo.  Experimenta combinando distintas estrategias y recuerda que no tienes que usarlas todas necesariamente. Puede que combinando tan sólo dos de ellas logres el atisbo adecuado para el efecto que te interesa.

 

En su presentación del Chicago Opener, Daryl tiene un detalle muy interesante para propiciar el atisbo en la segunda parte del efecto.

Recordemos que el juego empieza dando a elegir una carta que se pierde en la baraja (de dorso azul). A continuación, se extiende la baraja de dorso y se ve que una de las cartas ha cambiado de color. Ahora es roja. Se voltea y se comprueba que se trata precisamente de la elegida.

La carta se aparta a un lado y ahora viene la segunda fase.

Se dice que se va a repetir el efecto. Una vez más eligen una carta y ésta se pierde en el mazo. El mago extiende otra vez las cartas para mostrar que, de nuevo, la elegida ha cambiado de color, pero ahora al extender no se ve carta roja alguna.  El mago cuadra de nuevo los naipes y los vuelve a extender, pero sigue sin verse ninguna carta roja en la extensión.

En este preciso momento Daryl dice algo así como: “¿De verdad que no veis ninguna carta roja? Yo sí…”

Al cabo de un rato los espectadores caen en la cuenta de que Daryl se refiere a la primera carta elegida que, tras cambiar de color, se apartó previamente a una esquina del tapete.

El melacorto posterior es demoledor, si has probado el juego lo sabes. (Insisto, veremos el concepto de melacorto en un próximo artículo.

Combinando todo lo visto, podrías intentar optimizar aún más el atisbo en este ejemplo probando en público la siguiente secuencia.

i. Miras fijamente la extensión y recurres al atisbo verbal de Daryl.

¿De verdad que no veis ninguna carta roja? Yo sí…

Y al decir “Yo sí…”, señalas de lejos con la mano derecha la carta roja que se apartó en la fase previa, pero tu mirada sigue fija en la extensión de las cartas.

ii. Ahora tus ojos, sin mover la cabeza, se giran para mirar la carta.

iii. Finalmente permites que se gire la cabeza para mirarla más de lleno.

Ésta es la combinación que he usado las últimas veces que he hecho este juego y es muy potente para los espectadores. No obstante, cualquier otra combinación más acorde con tu estilo y personalidad puede resultar igual de fuerte, siempre que sigas el orden correcto de gradación de las pistas (de la más sutil a la menos sutil).

 

 


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