LA FALSA PROXIMIDAD por Mariano Vílchez
La falsa
proximidad es un concepto teórico estructural muy potente citado por Darwin
Ortiz en su libro Diseño de milagros.
Definámoslo.
La falsa proximidad consiste en acercar
y/o poner en contacto tanto dos elementos entre sí, como un elemento con el
mago, de modo que el espectador se plantee que la trampa o causa mágica pueda
ocurrir en ese momento del contacto, cuando, en realidad, en ese instante no
ocurre trampa alguna.
Al mismo tiempo, las condiciones del contacto
han sido tales que el espectador no puede deducir qué trampa ha podido darse
durante el mismo, ni ve posible que haya tenido lugar tal trampa en ese
contacto. (De hecho, en la mayoría de las ocasiones, la trampa ya ha
ocurrido previamente.)
Este concepto parece contradecir el de proximidad
sospechosa (que veremos en otra ocasión), aunque, de hecho, es
perfectamente compatible con él.
De entrada, el concepto de falsa proximidad
presenta dos ventajas fundamentales:
1. Crea cierta
expectación durante ese breve contacto o acercamiento (no siempre es necesario
que se toquen los elementos). El espectador siente que ahí puede ocurrir algo
que va a permitir que actúe la causa mágica. (Por esta razón, muchas veces
la falsa proximidad coincide
con el gesto mágico, que es, se supone, el momento exacto en el que se
desencadena el cambio mágico.)
2. Por otro lado,
la falsa proximidad limita muchísimo las
posibilidades de análisis del espectador, ya que puede llegar a centrar todo su
razonamiento deductivo en ese preciso instante del contacto, desatendiendo por
completo la posibilidad de que la trampa haya podido suceder antes. Es, en ese
sentido, un nudo mágico muy poderoso, tal como veremos en un próximo
artículo sobre la teoría de los nudos.
Vamos a ver unos cuantos ejemplos para
concretar el concepto.
1. En primer lugar
repasaremos el clásico efecto de la carta viajera al estuche. En esta ocasión
optamos por adoptar la solución de colocar un duplicado de la carta en el
estuche.
Fijaros en lo siguiente, que es más que
curioso:
Si, al realizar el efecto, tras forzar la
carta, mostramos sin más que ésta ha desaparecido de la baraja (mediante cera,
carta dc, empalme o descarga) y luego nos vamos al estuche, mostrando que la
carta está ahora en él, entonces es muy probable que los espectadores se vayan
directamente a la solución del duplicado.
En este caso las condiciones del efecto son
tan estrictas que el espectador va directo a la solución auténtica. Éste es el
principio de la teoría de lo demasiado obvio de Rick
Johnsson.
Sin embargo, si aplicamos al juego una falsa
proximidad, entonces podemos propiciar una interpretación totalmente
distinta por parte del espectador, evitando que llegue a plantearse -en el
mejor de los casos- la posibilidad de una carta duplicada.
Concretamente hacemos lo siguiente:
Una vez que hemos hecho desaparecer
secretamente la carta mediante el método elegido, cogemos la baraja un
momento y la colocamos sobre el estuche, en una posición perpendicular con
respecto al mismo. Ahora podemos, por ejemplo, pedir al espectador que
toque ligeramente el mazo pensando en su carta.
A continuación, retiramos la baraja del
estuche y se la damos al espectador para que busque en ella su carta. Este
busca infructuosamente su carta en el mazo, ya que la hicimos desaparecer
previamente, y es en ese momento cuando lo invitamos a mirar dentro del estuche
para que saque la carta (duplicada) de su interior.
(Es incluso mejor permitir que sea el propio
espectador quien atisbe la posibilidad de que la carta esté en el estuche antes
de extraerla del mismo, ya que esto propiciará un mayor autoconvencimiento de
que la carta del estuche es realmente la elegida y no un duplicado. El espectador
se pregunta: ¿dónde está mi carta? Y él mismo atisba la respuesta: en el
estuche. ¡Por ello, el orden es mostrar que la carta ya no está y luego ir al
estuche y no al revés! )
Lo curioso es que si se realiza el efecto
sin colocar la baraja sobre el estuche la mayoría de los espectadores se van a
la solución del duplicado, aun cuando la carta ha desparecido de la baraja. En
cambio, si establecemos ese ligero contacto entre baraja y estuche, la solución
del duplicado se elimina de la mente de la mayoría de ellos.
Es importante colocar el estuche en
posición PERPENDICULAR, ya que el contacto tiene que ser sugerente, pero sin
llegar a permitir la posibilidad real de la trampa durante el mismo. Si colocáramos la baraja alineada sobre el estuche, entonces quizá algún
espectador podría imaginar que, de algún modo, hemos introducido la carta
inferior de la baraja dentro del estuche en el preciso momento en que la hemos
colocado sobre él.
Pero no, la hemos colocado perpendicularmente,
en un gesto vertical, lento y deliberado, llamando incluso la atención verbal
sobre este hecho. Una falsa proximidad debe sugerir la posibilidad, pero nunca
debe verse como solución posible real.
¡Quizá fuese mejor aún que fuese el propio
espectador quien colocase la baraja perpendicularmente sobre el estuche! Ahí,
definitivamente no habría nada que rascar.
2. Otro
ejemplo de falsa proximidad sería realizar, por ejemplo, una carta
al número a dos barajas con la analogía de un ascensor.
Para ello, al principio del juego le has
dejado una baraja en mnemónica a algún espectador. Sacas la otra baraja
y, tras pedirle a un segundo espectador que nos diga un número del 1 al 52, le
fuerzas a un tercer espectador la carta que ocupa esa posición en la baraja
custodiada por el primero.
Ahora todo está hecho. En la baraja custodiada
la carta se encuentra en la posición indicada. (Todo este planteamiento está
sacado de la monumental Sinfonía en mnemónica mayor de Juan Tamariz.)
En este momento, podrías pedirle al espectador
que sostiene la baraja primera que la abriese y comprobase él mismo la
coincidencia de carta y número…
Pero no. NO LO VAS A HACER ASÍ.
Lo que vas a hacer es acercarte al estuche
para establecer una falsa proximidad, en este caso entre mago y
elemento.
Concretamente vas a tocar el estuche para
realizar el gesto mágico.
El gesto mágico va a consistir, en este caso,
en pronunciar el nombre de la carta para, a continuación, tocar la superficie
del estuche con el dedo índice, moviéndolo como para dibujar lentamente el
número de la posición pedida. Si se tratase de la posición 17, vas a esbozar
claramente un 1 y luego un 7.
¡Una vez más, los espectadores saben de sobra
que no se puede cambiar la posición de una carta sólo por frotar el índice
sobre el estuche!
Pero no pueden evitar quedar seducidos por
esa posibilidad…
Si no, ¿para qué íbamos a tocar el estuche de
esta manera? Podríamos haberle pedido directamente al espectador que sacara la
baraja del estuche y comprobase directamente que la carta está en la posición
indicada.
Una vez más, vemos cómo también aquí coinciden
gesto mágico y falsa proximidad. Aunque esta coincidencia no sea
estrictamente necesaria siempre, sí que suele ser conveniente en la mayoría de
los casos y por varias razones.
Una de las más determinantes es la gran
atención que el espectador presta en el momento del gesto mágico, ya que se
supone que es precisamente ahí cuando va a suceder la magia. Y esta atención es
capital a la hora de verificar que el contacto es realmente “inocuo”, en
palabras de Manu Montes.
Me explico. En el caso de la carta al
estuche, si al establecer la falsa proximidad -colocando perpendicularmente la
baraja un momento sobre el estuche-, lo hiciéramos en un momento menos
relevante, cuando el espectador está menos atento, al final del juego éste
podría llegar a tener la sensación de que se perdió algo de lo sucedido,
pudiendo llegar a la conclusión de que realmente aprovechamos ese breve momento
de contacto para introducir la carta en el estuche.
En cambio, al establecer la proximidad o el
contacto durante el gesto mágico, nos aseguramos de que el espectador está
totalmente atento, y de que al final recordará perfectamente la posición
perpendicular en que se colocó la baraja, así como su colocación lenta,
vertical y deliberada sobre el estuche, quedándole absolutamente claro que no
ha sido posible introducir una carta durante ese breve contacto.
3. Si os
parece vemos un último ejemplo de aplicación del concepto: el juego del anillo
que se inserta mágicamente en la varita mágica. El efecto viene descrito en el
clásico libro Gran manual de trucos y magia de Patrick Page.
Brevemente, partimos de una varita que
sujetamos, por ejemplo, con la mano derecha. En realidad, ocultamos en dicha
mano un anillo insertado en la propia varita.
Ahora pedimos ahora prestado un anillo similar
al que ocultamos y lo dejamos caer por la varita, ensartándolo en ella, hasta
que cae dentro de la mano, momento en que, tras retenerlo en ella, dejamos caer
el otro anillo, el dummy (duplicado o
falso). Es una especie de shuttle pass
dentro de la propia mano derecha.
A continuación, le pedimos a dos espectadores
que sujeten la varita, cada uno por un extremo. Entonces, mientras seguimos
sujetando la varita con la mano derecha para ocultar el anillo auténtico
ensartado, con la mano izquierda (la que sostiene el anillo falso), sacamos un
pañuelo de algún bolsillo con el que inmediatamente cubrimos la varita. Una vez
cubierta, retiramos –ahora sí- la mano derecha que deja el anillo secretamente
insertado en ella.
Ahora, mientras con los dos espectadores
sujetan ambos extremos de la varita,
vamos a pretender insertar el anillo (falso) introduciéndolo bajo el
pañuelo.
¡Es en este momento cuando se establece la
falsa proximidad!
Podríamos haber hecho desaparecer el anillo de
la mano izquierda y haberlo hecho viajar hasta la varita.
Pero no lo hicimos así, porque esta opción
hubiera suscitado la sospecha de anillo duplicado en algunos espectadores.
En cambio, al introducir la mano cerca de la
varita, sugerimos la idea de que es EN ESE PRECISO MOMENTO cuando se produce la
inserción.
¿Para qué íbamos a meter el anillo bajo el
pañuelo y tirarnos un rato intentando insertarlo si ya estuviera allí?
(Para deshacernos del anillo dummy tenemos varias opciones. Podemos
descargarlo al regazo o enmangarlo aprovechando la cobertura del pañuelo.
Podemos incluso descargarlo al bolsillo cuando sacamos el pañuelo de este,
fingiendo tenerlo en la mano cerrada hasta que lo introducimos bajo el pañuelo
para insertarlo.)
El caso es que al final tiramos del pañuelo
con energía, lo que hace girar el anillo ensartado en la varita, dándole un
plus de golpe de efecto al clímax y asegurándonos el aplauso de los
espectadores.
Como ocurre con todos los conceptos
teóricos, una vez que los entiendes y asimilas varios ejemplos de su
aplicación, luego es más fácil que los reconozcas cuando los veas aplicados –o
ausentes, cuando podrían aplicarse- en efectos de otros magos, o cuando sea
relevante aplicarlos en tus propias rutinas.
La falsa proximidad puede ser relevante
en otros muchos efectos momentos (asambleas, determinadas rutinas de monedas, cajas okito, viajes, etc.), pero siempre debe tener el propósito de crear un momento de
interés que dificultará el análisis del espectador en busca de solución para lo
imposible.
Si no, podemos ensuciar el efecto dando lugar
a una proximidad sospechosa, algo que debemos evitar.
¿Quieres un dilema final?
Imagina que vas a hacer viajar una carta
firmada -repito, firmada- a una cartera. La carta se dio a elegir, se controló,
se empalmó y se insertó en la cartera en
el momento en que esta se sacó del bolsillo.
La cartera reposa, pues, en la mesa, con la
carta dentro, mientras que la baraja está a cierta distancia de ella (sin la
carta).
TODO ESTÁ HECHO. LOS ESPECTADORES PIENSAN QUE
LA CARTA SIGUE EN LA BARAJA.
Llegados a este momento, ¿qué es mejor?
a. Pedirle al espectador que
coloque la cartera sobre la baraja un momento y luego la retire para, a
continuación, mostrar que la carta ya no está en la baraja y que, dentro de la
cartera, está la carta firmada.
b.
Simplemente, abrir la cartera y mostrar que en su interior se
halla la carta firmada.
En el caso a se establece una falsa
proximidad, pero ¿hay necesidad? El hecho de que la carta esté firmada descarta
la solución de la carta duplicada. Con todo, ¿el hecho de establecer la falsa
proximidad no quita un poco de la cabeza de los espectadores la posibilidad de
que la carta se insertara previamente al sacar la cartera? ¿O acaso estamos rizando
el rizo, estableciendo una innecesaria proximidad sospechosa?
Dilemas teóricos. ¡Qué gustito dan!



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