REFLEXIONES EN TORNO AL HALO DEL MAGO por Mariano Vílchez




La persona del mago es, de por sí, fuente de un significado inmediato.

Cualquier espectador profano tiene su idea, prejuicio o expectativa de lo que es o puede ser un mago.

Cuando actúas partes de esas referencias previas, pero también puedes influir en su percepción según cómo te presentes, tu forma de actuar e incluso cómo te hayas promocionado antes de llegar a él.

De todo esto habla este artículo.

 

EL HALO DEL MAGO

Si, antes de verte actuar, los espectadores han escuchado hablar bien de ti por referencia de otros, ya tienen cierta predisposición a verte hacer maravillas, pues te han concedido a priori el rol de mago bueno.

Este rol o halo los seducirá lo suficiente como para soslayar un poco su tendencia al análisis inicial, sobre todo en el caso de los espectadores más analíticos.

Cierto es que, en ocasiones, hasta que no les “fundas los plomos” con el primer efecto, este asunción de rol de mago no será completa, pero es importante que, de algún modo, ya sueñen con lo que se les avecina.

Recuerdo en una ocasión que Roberto, un compañero de trabajo iniciado por mí en el arte de la cartomagia, me contó que había realizado un efecto del libro Cartomagia Fundamental de Vicente Canuto ante un grupo de amigos.

Se trataba de un efecto automático donde una serie de figuras apareadas por colores distintos al final se apareaban por colores iguales. Roberto, que llevaba sólo un par de meses iniciado, me contó que el juego tuvo muy poco efecto, que los amigos empezaron a cuestionar la baraja, diciéndole que “a nosotros no nos la pegas”.

Cuando, en otra ocasión, les hice el mismo efecto a estas mismas personas –tenía curiosidad por saber por qué no había calado anteriormente-, no sólo no me pusieron pega alguna, sino que las reacciones fueron excelentes.

Es más, ni siquiera recordaron que habían presenciado el efecto anteriormente.

Mi amigo no daba crédito. ¿Cómo era posible que el juego pasara desapercibido cuando lo hizo él y que ahora fliparan conmigo?

La explicación a este fenómeno no radica en que yo hiciera el juego mucho mejor que Roberto, pues se lo había visto hacer antes y sin duda lo dominaba. La razón última es que es que mi amigo me había presentado como su maestro. Por tanto, yo ya gozaba de cierto respeto y halo de mago cuando les hice efecto.

Roberto me presentó como mago experto y ésa fue la primera impresión que tuvieron de mí, la que asumieron mientras cuando presenciaron el efecto. Entonces sólo tenía que no contradecir esa primera imagen. Y lo conseguí sin problemas. Les hizo correctamente un efecto bueno, sin más. 

Sin embargo, Roberto era un colega de toda la vida, un tipo normal que había aprendido un par de trucos y pretendía vacilarles.

Algo similar sucede cuando un recién iniciado hace sus primeros juegos a familiares, vecinos y amigos. A veces las reacciones no son demasiado alentadoras, y no porque los efectos no sean buenos ni estén bien realizados, sino porque no el novato no es tomado en serio como mago: es simplemente el hijo, el sobrino o el amigo de toda la vida que está intentando hacer un truquito.

Te pongo otro ejemplo para clarificar del todo este punto.

Pongamos dos protagonistas muy diferentes: Anthony Blake y un mago neófito en fase de hacer sus primeros efectos ante amigos y familiares.

Imagina ahora el siguiente incidente.

El mago saca una carta de dorso de la baraja (el tres de picas, por ejemplo) pero sin revelarla, porque va a realizar un juego en el que usará esta carta para encontrar otra nombrada libremente por el espectador (una variante de El juego que no se puede explicar de Dai Vernon).

Supón que el espectador nombra precisamente la carta de dorso, que resulta ser el tres de picas.

¡Bingo!

Tenemos un milagro entre manos si lo aprovechamos y fingimos que ésa era la intención inicial del juego.

Entonces giramos la carta de dorso.

¡Es la nombrada!

Y ahí nos quedamos.

Nadie sospecha que, de haberse nombrado otra carta, el juego hubiera seguido otro rumbo.

Si tal incidente le ocurriera a Blake, nadie cuestionaría el efecto como primera intención. Su carisma y reputación justificarían el milagro. Nadie pensaría en casualidad sino en causalidad. El rol de mago se impondría. Pero… ¿Qué pasaría si esto le sucediera al mago neófito probando el juego ante algunos amigos?

Pues que probablemente no le darían importancia. Lo achacarían a la suerte, a la pura casualidad, amén de que el neófito no habría sabido vender el efecto como tal. Puede incluso que ni se le ocurriera aprovechar esta oportunidad de regalarles un milagro a sus colegas.

 

LOS PODERES DEL MAGO

Ciertos espectadores fantasean con los “poderes” o “capacidades” del mago: su memoria, su vasto conocimiento de métodos, su perspicacia psicológica, su capacidad de sugestionar o de anticiparse sus decisiones.

Por más que entiendan que para llegar a ser mago hace falta estudio o formación, no pueden por menos que suponerle al ilusionista ciertas facultades “especiales” o un don especial para poder hacer lo que hace.

En el caso del mentalismo la cosa va más allá incluso.

Muchos espectadores les atribuyen ciertos poderes extrasensoriales a algunos mentalistas, cuyo carisma y personalidad les han seducido hasta el punto de que conciben estas capacidades como posibles.

El imaginario colectivo acerca de la capacidad desaprovechada de la mente potencia estas creencias.

La cuestión es que, con esa idea de fondo en mente, es menos probable que el espectador de un show de mentalismo esté a la caza de manejos secretos o manipulaciones, ya que todo lleva a pensar que la clave está en lo psíquico o, como poco, en lo psicológico.

Esto, obviamente, constituye una gran ventaja a la hora de buscar la resistencia al análisis de ciertos efectos. Podría incluso plantearse la ventaja de empezar la sesión mágica con un efecto mental sin manejos, que llevara a los espectadores por los derroteros de lo psíquico, de modo que estuvieran menos a la caza de manejos durante el resto de la sesión.

Esta idea puede conducir a toda una concepción mágica que es el objeto de mi ebook LA VÍA MENTAL

 

CÓMO POTENCIAR EL HALO DE MAGO

Si el halo de mago es tan importante para atenuar la tendencia al análisis de los espectadores y para potenciar nuestra magia, ¿qué es lo que podemos hacer entonces para favorecerlo?

He aquí siete ideas que pueden ser útiles en ese sentido.

 

1. Golpes de efecto

En primer lugar, está claro que una actuación memorable o un efecto potente en el momento adecuado pueden llegar a ser muy provechosos.

En ese sentido, mentalistas y magos escapistas nos han dado una lección al realizar sus efectos publicitarios. El hecho de que Blake o Talman, por ejemplo, adivinen la lotería y salgan en los medios de comunicación no sólo beneficia su tirón comercial, sino que predispone favorablemente a los espectadores que van a sus espectáculos, y que esperan asistir a increíbles demostraciones mentales a la altura de sus hazañas publicitarias.

Kenton Knepper sugiere crear pequeños golpes de efecto en la vida cotidiana. Cuenta por ejemplo en algún libro suyo que cuando se halla en un hotel o edificio con varios ascensores, intenta adivinar qué ascensor acudirá primero (para ello asegura que, escuchando atentamente, en muchos casos se puede anticipar correctamente el ascensor en cuestión, agudizando el oído).

Una vez determinada la puerta del ascensor correspondiente, se coloca delante de la misma haciendo un gesto a las otras personas que esperan, como indicándoles que ése ascensor llegará primero.

Si falla, el error pasa desapercibido: una simple sonrisa, un ¡vaya, no es éste! y todo queda olvidado en el acto. En cambio, si atina, los presentes, sorprendidos por el acierto, se muestran muy receptivos cuando, ya en el ascensor, Kenton saca a relucir su profesión y reparte alguna que otra tarjeta de visita.

 

2. Imagen

Aunque pueda parecer superficial, para los espectadores tu imagen estética y pública puede ser clave para que te confieran la categoría de mago de nivel. La ropa que llevas, tu móvil, coche, que hayas salido en televisión, tu estilo peculiar y otros aspectos de nuestra imagen son reveladores de un status que presupone una gran frecuencia de actuaciones y un cierto nivel de éxito que les permite asumir que eres la caña incluso antes de verte actuar.

En ese sentido, no sólo te interesa optimizar aspectos materiales, dentro de tus posibilidades, claro, sino aspectos del lenguaje no verbal y tu voz que transmitirán una imagen de confianza y serenidad ante los demás que, de paso, se reflejará en ti. 

Buceando en Internet encontrarás fácilmente información sobre el tema.

 

3. Prolegómenos del espectáculo

El ambiente previo al show también es determinante. Lo que espectador percibe en los momentos previos al espectáculo también le ayuda a anticipar la fuerza de la magia que se avecina, y por tanto del mago que actúa en él.

Mi amigo Paco González tiene un extenso tratado sobre este punto.

En él destaca la importancia de la luz de ambientación previa, del tipo de música que suena mientras los espectadores se están sentado, la distribución de las sillas en el local, etc. 

Se trata de dar una primera impresión clave para dirigir su percepción de lo que viene a continuación, estimulando en los asistentes sensaciones de misterio, expectativa y confianza en que van a presencia algo muy especial.

Asimismo, a la hora de ser presentados, sobre todo si no somos demasiado conocidos (si lo fuéramos, ya contamos con cierto halo previo), es conveniente que el presentador nos ensalce ligeramente e incluso revele alguna anécdota breve que revele cómo lo hemos impresionado en el pasado.

En contextos más duros, como bares o pubs donde no todos los clientes saben que va a haber magia, conviene que en los instantes previos se vaya anunciando por megafonía que un estupendo show de magia a cargo del mago fulanito va a tener lugar en breve.

Otro truco para ganarse la predisposición de los espectadores antes de salir al escenario consiste en pasearse por el local, realizando aquí y allá algún efecto impactante de cerca y anunciándoles a los espectadores que vamos a actuar a continuación para todos en el escenario del pub.

De este modo nos valorarán antes de que subamos al escenario, lo que se traducirá por en un mayor respeto y silencio durante la actuación.

 

4. Tu mejor repertorio

Huelga decir que es clave, al actuar, elegir tus mejores efectos, los que más impactan en el público, sobre todo pensando en tu reputación a largo plazo.

También conviene ser selectivos a la de elegir el momento de actuar en situaciones impromptu. Es necesario hacerte de rogar un poco cuando te piden que hagas algún efecto, de modo que se cree cierta expectativa y que la magia no se perciba como algo trivial y fácil.

Es mejor quedar bien con un efecto, que regular con dos. Esta primera opción deja con ganas de más y contribuye a potenciar mejorar tu reputación como mago, que es de lo que se trata en este apartado.

(Obviamente, al principio, cuando somos neófitos, no es cuestión de ponernos este tipo de límites. Al contrario, tenemos que experimentar y probar todos los juegos posibles con todo tipo de personas y en diferentes contextos. Sólo con el tiempo iremos afinando, seleccionando el material, el estilo y la actitud que más convengan a cada situación, de modo que causemos siempre la mejor impresión en situaciones impromptu.)


5. El primer juego

Tu primer juego es capital, pues va a determinar la primera impresión de los espectadores. A partir de él, van a decidir si mereces su atención y si, en definitiva, te dan credibilidad como mago competente.

Está comúnmente aceptado entre magos y teóricos que el primer juego debería reunir las siguientes características:

a. Debería ser potente o al menos llamativo, si se trata de un gag.

b. Debería revelar parte de tu personalidad y permitirte cierta conexión inicial con el público.

c. Debería sugerir el tipo de magia que haces y definir un poco la atmósfera de tu espectáculo.

d. La producción del primer efecto del juego (o del único efecto, en su caso) no debería suponer un lapsus de tiempo de espera demasiado largo. Cuanto antes llega el primer efecto (o gag, si es el caso), antes entran los espectadores en modo “mágico”.

Si pasa demasiado tiempo, parte del público podría desconectar, retirarte su atención y cuestionar tu credibilidad como mago.

Es interesante observar que algunos profesionales aconsejan evitar efectos cartomágicos de entrada, y ello por una razón muy sencilla. A menudo, los espectadores conocen algún amigo, primo o tío que “hace trucos con cartas”.

Por ello, cuando un mago saca una baraja, algunos espectadores recuerdan esa magia amateur que han visto y bajan sus expectativas al meterte en el cajón de mero aficionado.

Por ello prefieren usar otros elementos que un mero aficionado no usaría normalmente.

Cierto es que, al no haber visto nunca magia de cerca seria, estos profanos ignoran por completo las extraordinarias posibilidades de la cartomagia –más allá de elegir y encontrar o adivinar una carta- y no se esperan lo que se les avecina.

En cualquier caso, hasta que no acabe por completo este primer efecto cartomágico –y suponiendo que sea lo suficientemente bueno- no te van a conferir el pretendido halo de mago.

Sin embargo, si empiezas la sesión con otro elemento (monedas, cartera de fuego o efecto mental, por ejemplo), enseguida te vas a posicionar como mago “serio”, diferenciándote de inmediato de la magia amateur. (En ese sentido es especialmente interesante arrancar con un efecto mental por las ventajas citadas anteriormente: pocos manejos, gran impacto y cierta credibilidad popular en relación a las capacidades de la mente.) Este punto es especialmente relevante en situaciones donde tienes que establecer tu credibilidad en muy poco tiempo, sobre todo en contextos donde los espectadores ni han pedido magia ni se la esperan, como sería el caso de hacer magia por las mesas en alguna boda o cena de empresa.

Otra cosa sería abrir una sesión en un espectáculo donde la gente ha pagado por verte. En este caso ya existe cierta expectativa y no hay problema en arrancar con un buen efecto cartomágico, sobre todo si tu espectáculo se basa en esta rama de nuestro arte.

 

6. Manejos que suponen poderes genuinos

Una vez más, este punto es particularmente relevante en el mentalismo, campo en que la fuerza de los efectos radica a menudo en esos poderes que el imaginario de algunos profanos le atribuyen al mentalista. Lo eficaz de este principio radica en que el mago nunca dice abiertamente que posee poderes, ni tampoco los niega, sino que simplemente los sugiere con ciertos detalles de sus manejos.

Estos detalles son muy efectivos a la hora de potencia el halo de magos.

Veamos tres ejemplos.

a. Cuando se dispone a doblar cucharas, Kenton Knepper se quita los anillos como con cierta preocupación justo antes de iniciar el efecto. Esto subliminalmente da a entender a los espectadores que la energía que va a entrar en juego para doblar las cucharas podría afectar a los anillos y entrañar ciertos daños a los mismos o a las manos del mago.

En otras palabras, el gesto presupone la capacidad o poder del mago de generar tal energía.

b. Otro ejemplo es el de Derren Brown, cuando realiza la adivinación de una carta en condiciones muy claras e imposibles, mirando al espectador con tensión y en silencio durante más de un minuto.

A priori, este tiempo podría parecer peligrosamente largo para el ritmo del espectáculo. Sin embargo, la dificultad de las condiciones y la tensión dramática del momento compensan lo extenso de este tiempo.

Pero lo más interesante es que dicho lapsus temporal deja asumir que hay un trabajo mental intenso y real de adivinación. Si el mentalista supiera la carta desde el primer momento por alguna trampa, ¿por qué iba a tardar tanto en revelarla?

c. Cuando termina de realizar su versión de la baraja Cobra, Miguel Gómez tiene un detalle muy curioso que contribuye a crear cierto misterio y visos de realidad.

Una vez que la baraja se ha cortado sola encima de la copa, Miguel, coherente con la presentación espiritista del efecto, coge la copa y sopla en su interior.

Este detalle, que para algunos podría parecer innecesario, contribuye a dar coherencia a la presentación y a fomentar su halo de mago que maneja ritualmente ciertas energías.

¿Qué detalle le puedes meter a esa rutina que tienes en mente para dar a entender un supuesto "poder" como mago?

 

7. Elementos con carga de misterio asociados a la magia tradicional

Si, como ocurre en la magia bizarra o gótica, el mago se rodea de elementos relacionados con la magia blanca tradicional (velas, péndulos, barajas de tarot…), automáticamente su halo de mago se ve potenciado porque los espectadores no pueden por menos que asociar estos elementos con la magia ancestral.

Por ello, crean o no en este tipo de magia, no van a poder evitar ver a este mago bajo un prisma especial.

Lo mismo sucede con otros elementos propios de este contexto mágico, como pueden ser los adornos y la vestimenta de mago.

Tony Andruzzi, Tony Chris, Eugene Burger y Robert E. Neale, entre otros, son magníficos exponentes de este tipo de magia.

En España, otro ejemplo de uso de elementos asociados a la magia tradicional es el maestro Luis García Soutullo, creador de gran parte de su instrumental mágico (Baraja simbólica, Varita mágica, Daga, Brújula dorada, etc.).

No estoy diciendo que te pases a la magia bizarra, aunque sí que te plantees alguna vez jugar con alguno de estos elementos, a ver cómo te sientes y el impacto que supone para los espectadores.

Sospecho que te sorprenderás positivamente.


Cualquier duda, comentario o temática que quieres que aborde en próximos artículos cuéntamela en un email a potenciatumagia@gmail.com



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