LA CLARIDAD EN MAGIA EN RELACIÓN CON LOS ELEMENTOS (por Mariano Vílchez)

 


Solo con la luz de la claridad es posible la penumbra del misterio (Jay Sankey)

 

En el artículo del viernes anterior hablamos de los 4 factores de un buen efecto. Hoy vamos a navegar un poco por el primero de ellos: la claridad.

Dijimos que la claridad es la cualidad de un juego que permite que se entienda y constate fácilmente tanto su efecto como sus condiciones de imposibilidad.

También hemos afirmamos que una posible consecuencia de la claridad es que cualquier persona que haya presenciado el juego puede describírselo a otra en pocas palabras.

¡Tío, la carta subió varias veces y además estaba firmada!

Metió a una chica en una caja transparente y la partió en dos.

Escribí una palabra en un papel y me la adivinó.

La claridad es el factor clave de un efecto.

Si un efecto no se entiende porque no está claro, entonces no tiene sentido hablar de limpieza, ni de potencia de clímax, ni de resistencia al análisis.

Tales factores sólo tienen sentido una vez que el espectador ha entendido y asimilado el efecto que ha presenciado.

Sin claridad, todo falla desde la base.

A veces el mago hace muchísimos manejos, florituras, efectos números y difusos y, sin embargo, el espectador no entiende cuál ha sido el efecto principal y ni siquiera recuerda uno de ellos con mediana claridad.

A pesar de que la claridad la podemos estudiar desde múltiples puntos de vista, hoy la vamos a abordar desde un perspectiva concreta y muy práctica: los elementos.

 

Te voy a contar una serie de consignas para optimizar la claridad en relación con los objetos o elementos que uses en tu sesión.

Al ajo…


1. Máximo tamaño posible de los elementos.

No puede haber claridad si no se ven bien los elementos que se utilizan. Por ello, usa siempre los elementos del máximo tamaño posible –dentro de lo que permita el efecto-, sobre todo si actúas en magia de salón o escenario.

Prioriza a ser posible cartas jumbo o gigantes en un escenario frente a la baraja de tamaño póker, siempre que el efecto y los manejos lo permitan, claro.

El conocido y controvertido efecto 3 Fly, donde tres monedas van viajando de la punta de los dedos de una mano a la otra, será mucho más claro si lo realizas con monedones de dólar que si utilizas monedas de medio dólar o euros. Y ello simplemente porque se puede seguir mejor la rutina al verse más las monedas.


2. Máxima exposición visual de los elementos (Miguel Ángel Gea)

Esta idea consiste simplemente en usar manejos donde se exponga la máxima extensión posible del objeto o elemente manipulado.

Este principio, que le he escuchado más de una vez a Gea (y a otros numismagos), es especialmente pertinente en contextos de salón o escenario, especialmente aplicable a monedas.

Y es lógico.

Las monedas son pequeñas y, por más que se utilicen monedas de dólar o medio dólar, si no se manejan en la punta de los dedos (incluso con una ligera oscilación que provoque destellos de luz por reflejo), las rutinas a cierta distancia no se van a apreciar con la claridad requerida.

En cartomagia el principio es igualmente aplicable. Es interesante, por ejemplo, -y siempre que sea posible- cambiar la cogida Biddle de la mano derecha (que tapa mucho las cartas) por un manejo en la punta de los dedos.

Con esta cogida, si ensayas, te sorprenderás realizando técnicas que normalmente se suelen realizar en cogida Biddle. La práctica te permitirá realizar en la punta de los dedos técnicas como la Cuenta Hamman o el Cambio por extracción de Vernon. Pruébalo, busca la manera. La vas a encontrar seguro.

También es enriquecedor plantearse verticalizar ciertas técnicas que normalmente se realizan palmas arriba cerca del tapete, sobre todo en situaciones donde no disponemos de proyector para que los espectadores vean los manejos desde arriba. Y es que, por más que doblemos las muñecas para mostrar las palmas a los espectadores, es una posición limitada y a menudo las caras de las cartas no se ven, algo poco conveniente para una cuenta Elmsley, por ejemplo.

El referido 3fly es un ejemplo de pasa pasa de monedas verticalizado.

En el dominio cartomágico, Eugene Burger sugiere verticalizar enseñadas como la cuenta Elmsley. Este manejo lo puedes encontrar en el misterioso efecto Last dream ubicado en el tercer DVD de sus Magical Voyages, un DVD mágico en todos los sentidos…

Si no lo tienes a mano, te doy una breve indicación:

Colócate ante un espejo sosteniendo las cartas verticalmente, con las caras enfrentando el espejo, pulgares por detrás (hacia ti) e índice y mayor por delante. En esta posición ve buscando los manejos hasta lograr cumplir el principio de la técnica: que se vean todas las cartas menos la tercera desde arriba.

El recurso de verticalizar aplicado a esta técnica –y a otras que se te ocurran- puede serte útil para algún efecto de escenario o de cerca, donde las condiciones de visibilidad no sean las más adecuadas.

 

3. Colores: visualidad y contraste

Cuestiónate los colores usados, tanto en los elementos (incluido el tapete) como en tu ropa.

Para unas bolas de esponja el rojo es un color muy visible. Sin embargo, el amarillo también puede ser ofrecer un contraste interesante con un tapete negro o con la ropa oscura del mago.

Evidentemente una cuerda blanca se verá mejor sobre una camisa negra, también por cuestión de contraste. Y si transformas una carta por otra, por ejemplo, el contraste será mayor si son de distinto color, en especial de negro a rojo -por ser éste el más color más cálido entre ambos.

Ten en cuenta siempre este punto: colores visibles que ofrezcan el máximo contraste. Visualidad es claridad.

 

4. Introducción paulatina de los elementos

Este punto está relacionado con la atención y la capacidad mental del espectador para asimilar nuevos datos de información. La idea es que cada elemento que se va introduciendo en la rutina tiene que ser procesado y entendido perfectamente antes de introducir el siguiente. Si no, ambos supondrán una carga demasiado pesada para la atención del espectador y se perderá claridad.

Por ello, es conveniente introducir los elementos de un modo paulatino, de uno en uno, para no saturar la mente del espectador.

Además, es importante plantearse qué orden de presentación de los elementos favorece la máxima claridad.

Para esclarecer el punto, veamos un efecto de Jay Sankey:

Tres espectadores eligen tres cartas (una cada uno) y las echan en una bolsa de papel. A continuación,

Sankey muestra el ojo de una muñeca que introduce también en la bolsa. Acto seguido se tapa el ojo con una mano y con la otra remueve la bolsa cerrada, al tiempo que va adivinando cada una de las tres cartas que hay en su interior.

Es una situación muy divertida basada en la ficción de que el ojo de plástico actúa ahora como si fuera su propio ojo dentro de la bolsa, permitiéndole ver las cartas a través de él.

No vamos a detenernos en el método para el que se podría optar por una baraja marcada, ordenada, o simplemente por un forzaje.

Vamos a centrarnos más bien en el modo y orden de introducción de cada uno de los elementos presentes en la rutina.

Antes de tomar una decisión, ponderaremos ciertas opciones:

a. Sacar a la vez –o muy seguidos- la baraja y el ojo sería demasiado cargante para la mente del espectador, ya que supondría digerir de golpe dos elementos claves en la rutina.

b. Sacar primero la baraja para dar a elegir las tres cartas (y luego meterlas en la bolsa) e introducir a continuación el ojo mermaría la claridad, ya que se produciría una especie de paréntesis anticontraste en relación con el recuerdo de las cartas elegidas.

En efecto, si doy a elegir las cartas, las guardan en la bolsa y luego muestro el ojo (comentando algo sobre él), para cuando introduzca el ojo en la bolsa, a lo mejor la gente ya no recuerda con claridad qué cartas se eligieron ni en qué condiciones, máxime, teniendo en cuenta el carácter surrealista del elemento.

Tras todas estas consideraciones, he aquí una secuencia más o menos eficaz:

a. En primer lugar sacar al espectador –elemento clave de la rutina-, preguntarle su nombre e interaccionar con él para permitir que el público asimile su presencia en primer lugar.

Dicho sea de paso, si estuviéramos ante nuestro primer efecto, no habríamos elegido este juego, ya que, al presentarnos al público, tenemos que darle tiempo de que asimile el elemento principal de la sesión: nosotros mismos.

Ésta es, de hecho, la razón principal por la que la teoría recomienda realizar el primer efecto de presentación sin la ayuda de espectador alguno, de modo que el público sólo tenga que pensar en nosotros, y pueda hacerse tranquilamente una idea de cómo somos y de cuál va ser el estilo de magia que le espera durante la sesión, sin interferencia de ningún espectador voluntario, que lo llevaría a procesar dos factores (dos personalidades) desde primeras.

b. Tras sacar el espectador, introducir el ojo de plástico. Es el elemento clave de la rutina. Su originalidad y protagonismo en relación con la ficción que se avecina –ver a través de él- aconsejan vívidamente presentarlo cuanto antes.

c. Introducir la baraja. Comentar algo de ella si es la primera vez que se utiliza, sobre todo si es una baraja de póker y sospechamos que el público no está familiarizado con ella.

d. Sacar la bolsa de papel y darla a examinar brevemente.

e. Finalmente dar a elegir las tres cartas, introducirlas en la bolsa, meter el ojo y proceder a la adivinación.

Esta es sólo una de las secuencias posibles, ya que aquí no hay absolutos. Podría optarse por alguna otra opción coherente con esta premisa de claridad, donde cada elemento fuese asimilado individualmente y a su debido momento.

 

5. Eliminación adecuada de los elementos introducidos.

Es muy útil ir retirando objetos ya utilizados en la rutina para no sobrecargar la mesa de elementos innecesarios, siempre –claro está- que su retirada no resulte sospechosa, lo que acarrearía un problema de limpieza.

Esto es especialmente útil cuando, hacia el final del juego, retiramos algún elemento trucado no examinable que podría despertar cierta sospecha tras la revelación del efecto.

Tomemos como ejemplo el efecto Wow (muy popular en su momento y olvidado en estos tiempos). Esta carterita nos permitía una increíble -y muy visual- transformación de una carta en otra.

Era algo flipante, metes una carta en la carterita transparente y muy visualmente (mínimo tiempo transcurrido desde la situación inicial hasta la situación final), en un ¡PUF!, la carta cambiaba como si fuese un truco de cámara.

(No cobro comisiones por el efecto Wow. De hecho, el mío se lo regalé hace muchos años a un mago que tuve el placer de iniciar en nuestro arte.)

Cuando el espectador retiraba la carta de la carterita, aprovechábamos ese momento en el que todos comprobaban patidifusos que la carta era realmente la elegida para guardarnos tranquilamente la carterita, sin darle mayor importancia.

Si en cambio hubiésemos dejado la cartera en el tapete tras el efecto, posiblemente algún espectador habría requerido su examen. Y, aunque no hubiera dicho ni mu, se habría quedado con las dudas sobre la inocuidad de la cartera, con lo que, para este espectador, el efecto habría sufrido de un problema de LIMPIEZA.  

Una estrategia interesante con los elementos trucados es quitarlos de en medio aprovechando el clímax de la revelación (como en el caso anterior) y dispone de un elemento con la misma apariencia no trucado en el bolsillo o el maletín. Tras guardar el gimmick trucado, podemos sacarlo más tarde como quien no quiere la cosa, por si algún espectador nos solicita examinarlo, tras la actuación, por ejemplo. (Pero en ese caso nunca darlo a examinar nosotros por motu proprio tras el cambio, porque, de nuevo, podríamos levantar sospechas.)

 

6. Uso de objetos cotidianos o prestados

Los objetos cotidianos –y más aún si nos los prestan los propios espectadores- potencian la claridad por la sencilla razón de que la mente no se cuestiona su normalidad. Al conocerlos y asumirlos desde un primer momento, nuestra atención queda libre para constatar, entender y disfrutar del efecto.

Sin embargo, un elemento que no sea familiar siempre va a requerir algún tipo de examen o explicación previa para que la mente no albergue dudas sobre su funcionamiento o inocuidad.

Si por ejemplo realizas un pasa pasa con monedas de dos euros, no es en principio necesario que des a examinar las monedas. Son suficientemente conocidas y los espectadores las van a asumir con naturalidad.

En cambio, si deseas realizar un pasa pasa a lo David Roth, con c. y monedas de medio dólar, es preferible que al principio des a examinar las monedas (al tiempo que te guardas la c. en el empalme de dedos, por ejemplo), para que los espectadores toquen las monedas y constaten la inocuidad de las mismas.

Incluso, para una mayor limpieza y evitar sospechas innecesarias, es interesante justificar su uso, diciendo que por su peculiar brillo se ven mejor que las de euro, y que además suenan mejor cuando chocan entre ellas, lo cual, dicho sea de paso, es totalmente cierto.

Si, al usar monedas de medio dólar, obvias estos pasos e inicias la rutina sin más, inevitablemente se perderá claridad, al sentir los espectadores que no conocen ni entienden perfectamente el elemento manejado, pudiendo incluso llegar a sospechar de su carácter trucado, cuando en realidad no es así (lo que supone, una vez más, un añadido problema de limpieza).

La falta de limpieza distrae la mente, lo que merma en la claridad de su percepción.

Y lo mismo pasa con la baraja francesa.

Más de una vez me han dicho tras una actuación:

Esas barajas que usáis los magos de póker, digáis lo que digáis, algo tienen.

Y es que los espectadores que sólo hayan visto y manejado barajas españolas, al presenciar efectos con baraja de póker, pues siempre van a sentir cierto recelo con respecto a la misma.

Por ello es importante, darla a examinar al principio, que la toquen y la manipulen un poco, que vean sus palos (corazones, picas, tréboles y diamantes). En definitiva, que puedan llegar a asumirla como un elemento inocuo antes de empezar la rutina.  

Podemos también, como en el caso de los medios dólares, hablar de la ventaja de usar tal baraja con vistas a realizar ciertos efectos de juego (en el ámbito de la tahuromagia) u otros que requieren distinguir entre los colores rojo y negro, como por ejemplo el Agua y el aceite o el Fuera de este mundo, efectos que no podríamos realizar con la baraja española.

Una vez más, como en el caso de los medios dólares, la justificación es genuina, por lo que, si la hacemos sin darle importancia y sintiendo su verdad, la mayoría de los espectadores la asumirán sin problema.

Podemos incluso empezar la sesión con un efecto con baraja española, para luego pasar a utilizar la de póker

Es duro afirmarlo, pero  una rutina cartomágica con baraja francesa nunca será tan clara como aquella realizada con baraja española. Cuando un cuatro de copas firmado suba a posición top, o cuando se reúnan los ases de bastos, copas, oros y espadas en un paquete, el impacto no será el mismo, te lo aseguro. Será siempre mayor cuando ocurra con el elemento conocido de toda la vida. Y ello por una cuestión de claridad.

De todas formas, si sigues los consejos sugeridos, arrojarás más claridad a tus rutinas con baraja de póker.

 

  

7. Detalles cartomágicos

Cuando nuestro elemento es la baraja, hay una serie de detalles que podemos tener en cuenta para potenciar la claridad en nuestras rutinas.

Ahí van unos cuantos, pero seguro que tú puedes incluir alguno propio.

a. Cuando realices un transformación de carta, procura que las cartas contrasten, por ejemplo, de número a figura, o de negra a roja.

b. Cuando fuerces una carta, procura, si lo permite la rutina, que ésta sea fácil de recordar. Es más probable, por ejemplo, que un espectador no familiarizado con la baraja francesa recuerde una carta de corazones o de diamantes que una de picas.

Asimismo, una carta de puntos es normalmente más clara que una jota o un rey –con la excepción de la conocida reina de corazones.

Si no puedes evitar forzar el palo de picas o tréboles, o una figura, antes de empezar la rutina dedica unos instantes a aclarar los palos y la numeración de la baraja, sobre todo cuando sospeches que algunos espectadores no están familiarizados con ella. Y sí, las picas son esos “corazones negros invertidos”.

 

c. Si tienen que firmar una carta, procura forzar o dirigir la elección de cartas que tengan suficiente espacio en el centro para que se distinga bien la firma o el dibujo, por ejemplo, un dos o un cuatro (salvo que requieras cierta confusión sobre la legibilidad de la firma por el método, claro).

d. Si puedes, realiza de vez en cuando magia con baraja española. Te sorprenderás de la fuerza que adquieren ciertos efectos, simplemente por la claridad extra que supone trabajar con un elemento muy conocido por los espectadores. Si no, que se lo digan a Juan Luis Rubiales. Por cierto, su efecto con baraja francesa de por qué no utiliza baraja francesa es una genialidad.



8. Visibilidad y sonido

Aunque estos factores queden fuera del contenido de lo que es estricta teoría mágica, no puedo dejar de citar estos dos aspectos en este apartado porque son determinantes para la claridad.

Si hay fallos de sonido (acoples, problemas de micro, mala calidad de los altavoces), los espectadores no van a escuchar bien al mago y, por muy bueno que sea el guion del efecto, no van a poder seguirlo bien, en detrimento de la claridad.

Lo mismo pasa si no se ve bien el espectáculo por una mala iluminación o por estar los asientos demasiado bajos y lejos en una sesión de cerca que no dispone de proyector.

Si no se nos ve bien, por excelente que sea, nuestra actuación va a perder enteros por problemas de claridad.

Es triste que, después de haber trabajado a fondo complejos aspectos de la construcción de nuestras rutinas, al final la fastidiemos a ese nivel.

Aunque parezca una perogrullada, recuérdalo. Tienen que verte y escucharte perfectamente.

 


En próximos artículos seguiremos recorriendo los recovecos teóricos de la claridad, de la limpieza, de la potencia del clímax y la resistencia del clímax.

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Cualquier comentario, duda y propuesta para próximos artículos, contádmelos vía correo electrónico: potenciatumagia@gmail.com


NOTA: La foto de cabecera está sacada del blog blog.paston.es


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