LOS 4 PILARES DE UN BUEN JUEGO DE MAGIA por Mariano Vílchez
La Vía mágica, el libro que aparece en la cabecera, supuso para mí un antes y un después acerca de mi concepción de la magia: su seriedad, sus posibilidades, su solidez y las ventajas de un tener un buen bagaje teórico.
Recuerdo haber leído el libro en la antigua
librería Urbano de la calle San Juan de Dios de Granada. Tenía un precio
prohibitivo en aquella época: casi 5000 pesetas, algo insólito para los precios
medios de los libros en ese momento (oscilaban entre 300 y 2000) y, desde
luego, algo inalcanzable para el estudiante universitario sin ninguna capacidad
de ahorro que yo era entonces.
Así que, en múltiples visitas, lo fui leyendo
en la propia librería. Y tras terminarlo, no sé de dónde saqué el dinero, pero
lo compré.
En él se puede encontrar la rutina de
ambiciosa del maestro Tamariz analizada con el método de las falsas pistas.
Pero vamos a lo que vamos…
Después de años de estudio, llegué a la
conclusión de que un buen juego es reúne cuatro características: claridad,
limpieza, clímax potente y resistencia al análisis.
Dicho de otra manera, un juego es bueno si es
claro, si es limpio (o fluido), si tiene un clímax fuerte y si no se puede
analizar su método.
Veamos ahora estas 4 características una a
una.
1. Claridad
Un efecto es claro si su efecto se entiende y
constata con facilidad.
Además, no solamente ha de ser claro el
efecto, sino también las condiciones que lo hacen imposible.
Un truco para saber si un juego es claro es si
cualquier persona que lo haya presenciado puede describírselo a otra en muy
pocas palabras.
¡Tío,
la carta subió varias veces y además estaba firmada!
Metió a una chica en una caja
transparente y la partió en dos.
Escribí una palabra en un papel que se
rompió y el mentalista me la adivinó.
2. Limpieza (o fluidez)
Un efecto es limpio (o fluido) si, en su
construcción y manejos, en ningún momento genera en el espectador dudas ni
sospechas no resueltas.
El juego fluye de principio a fin, sin que en
ningún momento el espectador se cuestione nada de lo que está presenciando.
¡Pero si no ha hecho nada!
Pues yo no he visto nada raro. Todo ha
sido normal. ¡No entiendo nada!
¿Tú has visto algo? Nada. Y eso que no
he dejado de mirarle las manos.
3. Clímax potente
Un efecto tiene un clímax potente si su
resolución tiene un gran impacto intelecto-emocional en el profano.
¡Joder! ¡Qué cabrón! (A veces el
impacto del juego lleva al espectador a soltar tacos)
¿Cómo has hecho eso?
¡Eso no puede ser!
¡¿……?!
4. Resistencia al análisis
Un juego es resistente al análisis si el
espectador no encuentra solución racional al misterio presenciado ni en el
momento del clímax, ni tras una reflexión posterior.
¡No puede ser porque no tocó la baraja y
además habíamos mezclado todos!
¡No tengo ni idea, me ha rayado!
Podría haber hecho esto, pero no porque…
Toda mi recopilación y conceptualización de
principios teóricos (cuatro ebooks) están en articulados en torno a cada una
estas cuatro características.
La foto de cabecera refleja uno de los
juegos más eficaces y potente de cualquier repertorio: la carta ambiciosa.
La carta ambiciosa es un efecto que
probablemente conozcas donde una carta firmada se introduce en medio de la
baraja y sube una y otra vez a la posición superior.
Veamos cómo esta rutina cumple con las cuatro
características:
1. Es claro.
Cualquier espectador lo entiende y es capaz de contárselo a otra persona en
pocas palabras:
¡Tío, metió la carta dentro del mazo y subió
varias veces! ¡Y además estaba firmada!
Tanto el efecto como las condiciones (la carta
estaba firmada) están claras para el espectador.
2. Es limpio. Dado
está, claro, que dominemos las técnicas de la rutina. En cuanto alguna chirríe
la rutina perdería limpieza.
Como curiosidad, hay que señalar que la
versión de Tamariz (y creo también que en la de Vernon), en una fase hay un
enfile descarado (para que los espectadores lo noten) que hace sospechar que no
se introdujo la carta firmada en el centro, sino otra. Tras las quejas, el mago
muestra que sí es la firmada. Esto da un toque de diversión y reafirma en la
mente de los espectadores que es realmente la carta firmada la que se introduce
en el centro.
Recordemos la definición de limpieza:
Un efecto es limpio (o fluido) si, en su
construcción y manejos, en ningún momento genera en el espectador dudas ni
sospechas no resueltas.
Es decir, en esta ocasión generamos una sospecha,
pero la resolvemos inmediatamente después.
3. Su clímax es potente. La subida de la carta arriba una y otra vez es realmente fuerte para
los espectadores. Si tienes la rutina en tu repertorio, sabes lo impactante que
puede llegar a ser.
4. Es resistente al análisis. En esta rutina de varias fases, hay cancelación de métodos. Cada fase
usa un método diferente, con lo cual las sospechas de los espectadores en algún
momento se ven canceladas en otro.
Los espectadores no se pueden imaginar que
haya múltiples métodos para realizar un mismo efecto.
Aquí radica la fuerza las rutinas repetitivas
(asambleas, ambiciosa, etc.). Son claras porque se repiten y el espectador las
entiende y las anticipa. Y además son difíciles de analizar porque varían de
método.
Pues nada, en posteriores artículos, veremos una introducción de estos cuatro aspectos que creo son prioritarios para una mejor magia.



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