EL FALSO EFECTO por Mariano Vílchez
Acuñé el término
“Falso efecto” para referirme a un concepto estructural muy ingenioso y
contraintuitivo, cuya aplicación en la construcción de una rutina es muy
engañosa para un espectador profano.
En el esquema visto
en el apartado previo, la trampa principal ocurre antes de que se muestre la
situación final, lo cual es lógico.
¿Cómo va a cambiar
una situación y convertirse en otra sin que haya sucedido previamente la trampa
principal? ¿Hay otra alternativa?
Pues, aunque
parezca mentira, sí que la hay.
Y es que la trampa
principal suceda después de que se revele la situación final.
Sí. Has oído bien.
Éste sería el
esquema: Sit A————————– (Sit B)—–Sit B
t
En este caso se
muestra que la situación inicial Sit A ha cambiado a la final (Sit B) pero de
un modo falso, como lo insinúa el paréntesis.
Para ello, se
emplea alguna estratagema que posibilite el engaño.
Y sólo después de
que el espectador atisbe la situación final, repito, sólo después, es cuando se
realiza la trampa principal.
Y esta trampa
principal será la que realmente nos lleve a la auténtica situación final, Sit
B.
A la citada
situación final aparente (Sit B) es a lo que yo denomino falso efecto.
El falso efecto
sería, pues, a la situación final lo que la falsa continuidad a la situación
inicial, una apariencia de lo que realmente no es aún, lo mismo que aquélla lo
es de lo que ya no sigue siendo.
Resumiendo, el
falso efecto es el hecho de mostrar en apariencia que el efecto ya ha sucedido
o, lo que es lo mismo, que estamos ya en la situación final, cuando, en
realidad, no es así, porque aún tiene que darse la trampa principal para que
realmente estemos en dicha situación.
La ventaja del
falso efecto es que la posibilidad de trampa es inconcebible a estas alturas
del juego.
Si el espectador ya
está apreciando el efecto, ¿cómo se va imaginar que la verdadera trampa viene a
continuación?
¿Y además para qué
se iba a realizar trampa alguna a estas alturas?
Por otro lado, la
propia misdirection temática suscitada por el atisbo del efecto ocupa por
completo la mente de los espectadores, de tal forma que es imposible que
perciban o sospechen maniobra oculta de ningún tipo.
TRES JUEGOS CON
FALSO EFECTO
Veamos tres
ejemplos que van a ayudarte a aclarar definitivamente el concepto.
1. El primer
ejemplo clásico de falso efecto es el viaje de la carta firmada a la cajita popularizado
por Fred Kaps, también conocida en la versión de Roberto Giobbi.
El mago ha
controlado la carta firmada en la posición inferior del mazo y ha realizado el
plegado Mercurio (mercury fold), por lo que ahora tiene la carta doblada y
empalmada en la mano izquierda.
Por su lado, la
cajita cerrada, cubierta además por un vaso, tiene una carta doblada
indiferente en su interior, que actuará luego como dummy al hacerse pasar por
la firmada.
Llegado el momento
de la revelación del viaje, se quita el vaso o la copa de encima de la cajita.
Se abre ésta y los
espectadores ven la carta doblada dummy, atisbando y asumiendo que es la
firmada.
Éste es el momento
del falso efecto, ya que ahora muchos espectadores creen falsamente que el
efecto ya ha ocurrido, cuando en realidad no es así.
La carta de la
cajita es otra distinta a la firmada, ya que ésta sigue aún en el empalme de
dedos de la mano izquierda.
A continuación,
ocurre la trampa principal. El mago realiza un shuttle pass cogiendo la cajita
y volcándola sobre su mano izquierda como para soltar en ella la carta.
En realidad, la
carta doblada indiferente queda en el interior de la cajita por algún mecanismo
de adherencia a la misma, mientras que la carta que se ve ahora en la mano
izquierda abierta es ahora realmente la carta firmada que se ocultaba en ella.
Finalmente se
desdobla la carta dramáticamente.
Es la firmada.
2. Otro clásico
que recurre al concepto de falso efecto es la Homing Card o “Carta Hogareña” de
Francis Carlyle.
Esta magnífica
rutina lo aplica en su primera fase. En ella, una carta firmada se introduce
dentro de la baraja y, tras un gesto mágico del mago, éste la saca de su
bolsillo.
La solución a este
milagro pasa también por un falso efecto.
Para preparar la
rutina, el mago ha introducido una carta indiferente cualquiera en el bolsillo.
Entonces, tras
introducir la carta firmada en la baraja y realizar el gesto mágico, la carta
que saca ligeramente de dorso del bolsillo para que asome es la carta
indiferente que puso allí previamente.
Es en ese momento
cuando tiene lugar el falso efecto.
La mayoría de los
espectadores está concibiendo seriamente la posibilidad de que esta carta que
asoma del bolsillo sea realmente la firmada.
Ahora el mago le
pregunta al público si se fía de él o si necesita ver la carta, momento en el
que aprovecha para empalmar la carta firmada de la baraja que se controló a la
posición superior para, a continuación, introducir de nuevo la mano en el
bolsillo (con la carta firmada empalmada) y sacar, ahora sí, la carta firmada
auténtica de dorso.
Tras un leve
paréntesis de olvido (para que se olvide un poco de la secuencia previa) el
mago gira la carta de cara, corroborándose que es la firmada.
3. Finalmente,
podemos encontrar otro ejemplo interesante de la aplicación de este concepto en
el juego del “El Penal y el Lute” de Juan Luis Rubiales.
En este efecto, el
mago gaditano anuncia que unas monedas van a viajar de su mano hasta el
interior de una caja Okito.
La caja destino es
una caja Boston que tiene una moneda pegada en la parte exterior, por lo que si
se la coloca boca abajo parece llena de monedas.
Se parte de la
posición normal de la cajita, boca arriba, mostrándose vacía.
A continuación
Rubiales le coloca la tapita a la caja, al tiempo que la gira secretamente, un
movimiento clásico en la magia con caja Okito.
Entonces, para más
dificultad, cubre la cajita con un vaso transparente, lo que potencia el
aislamiento y por tanto la claridad del efecto.
Ahora lanza las
monedas al vaso y éstas no entran, chocando en él, al tiempo que condicionan al
espectador para una mayor eficacia del falso depósito que tendrá lugar a
continuación.
La segunda vez que
se dispone a lanzar las monedas al vaso, Rubiales, ahora sí, realiza el falso
depósito y, tras chocar la mano con el vaso, se ve que las monedas han
desaparecido.
Entonces Rubiales
quita el vaso y levanta la tapita de la caja.
Éste es el instante
del falso efecto: la cajita se ve llena por el principio de la caja Boston,
cuando en realidad sigue aún vacía.
Lo curioso es que
este falso efecto es más claro aún que en los ejemplos anteriores, ya que no se
trata de una carta de dorso cuya entidad hay que corroborar, sino que aquí SE
VE REALMENTE LA CAJA LLENA.
Para terminar, la
mano que retuvo las monedas gira la cajita Boston soltando las monedas
empalmadas, realizándose la trampa principal del juego en un momento que nadie
espera, característica ventajosa y fundamental del falso efecto.
La sensación de que
se vacía la cajita dejando caer sus monedas es perfecta. Toda la rutina encaja
a la perfección.
Para aplicar el
falso efecto es CLAVE que sientas y transmitas que la magia ya ha ocurrido
previamente, y que sólo estás corroborando la situación final cuando realizas
la última trampa, ya sea el shuttle pass con la cajita Bruno Hennig o el volcar
la caja Okito liberando las monedas en el caso del juego de Rubiales.
FALSOS EFECTOS NO VISUALES
Siguiendo el
paralelismo conceptual, lo mismo que en el caso de la falsa continuidad, el
falso efecto no es necesariamente visual, sino que puede afectar otros
sentidos, como el del tacto y del oído.
Te doy un ejemplo
de falso efecto auditivo.
Imagina que
muestras una rattle box vacía dándola a examinar, al tiempo que llevas
empalmada una moneda en alguna mano (la que sostiene la caja o la otra).
Entonces haces un
gesto mágico y, de repente, al sacudir la caja, ahora, gracias a su mecanismo,
empieza a sonar como si tuviera realmente una moneda dentro.
(Aclaro que la ya
citada rattle box es una cajita que puede sonar, al moverse, como si contuviera
un objeto metálico en ella (moneda, clavo, etc), aun cuando está vacía.
Normalmente el mecanismo auditivo se puede activar o desactivar a voluntad.)
En este momento has
establecido un falso efecto auditivo, ya que, por el sonido, el espectador
siente que debe de haber alguna moneda (u objeto metálico) dentro de la misma.
Ahora, para
corroborar el efecto, tienes dos opciones posibles. Puedes volcar la rattle box
a la mesa, soltando la moneda empalmada si la llevas en la mano que sostiene la
caja, o, si la moneda está en la otra mano -quizá la opción mejor-, realizar
una especie de shuttle pass hacia esa mano.
En ambos casos se
confirma que una moneda ha aparecido dentro de la caja.
Te reto ahora a que
imagines la posibilidad de un falso efecto táctil. Ahí es nada.
FALSO EFECTO
ACTITUDINAL O INTERPRETADO
Para cerrar este
artículo, quisiera mencionar brevemente el concepto del falso efecto
actitudinal o interpretado (este último término propuesto por Bryce).
Este principio
consiste en sentir y expresar nosotros, como magos, que el efecto ya ha
ocurrido, aunque no sea cierto, para transmitirles esa sensación a los
espectadores.
En el falso efecto
interpretado no hay constancia sensorial de que el efecto haya sucedido -ni se
ha visto, ni oído, ni tocado nada-, como sucedía con el falso efecto.
Simplemente somos nosotros como magos los que procuramos sentir que así ha
sido, aunque no sea cierto, sólo para transmitir esa sensación a los
espectadores, de modo que la trampa que aún tiene que darse sea más
insospechable aún para ellos.
Tres ejemplos te
ayudarán a entender cómo funciona este concepto.
1. En el juego
“Mnemonicosis”, Tamariz finge adivinar la carta que el espectador está pensando
y entonces simula recolocarla en un lugar concreto de la baraja, la cual está
en su ordenación mnemónica (en realidad recoloca una carta que estaba fuera de
su ordenación a su posición correcta).
Cuando, a
continuación, le pide al espectador que diga su carta en voz alta para los
demás espectadores, al escucharla, grita de alegría, como si hubiera dado en la
diana.
En realidad,
Tamariz necesita esa información para proceder con la secuencia correspondiente
que le llevará a ella (corta, dime un número pequeño, deletrea tu nombre,
etc.).
Los espectadores
asumen que el efecto ya ha ocurrido, que Tamariz adivinó la carta y la colocó
en cierto lugar para la espectacular revelación final.
No pueden
imaginarse que el proceso concreto mediante el que se llega a la carta no sea
más que un salida (out) entre muchas, amén de que el concepto de out o
múltiples salidas es impensable para un profano no conocedor, y mucho menos que
se pueda llegar a CUALQUIER CARTA NOMBRADA mediante alguno de ellos.
La alegría de
Tamariz, cuando expresa su actitud por sentir que ha adivinado la carta, sería
un falso efecto interpretado.
Alguien podría
sostener que, cuando Tamariz finge recolocar la carta al principio,
supuestamente la pensada, eso quizá podría entenderse como un falso efecto
puro, ya que esa carta que sí se percibe sensorialmente (se ve su dorso) puede
llegar a sentirse como la pensada, como sucede en el caso de la Homing card de
Carlyle, cuando se saca al principio la carta de dorso del bolsillo.
Sin embargo, a poco
que reflexionemos vemos que no estamos en el mismo caso.
En el caso de
Mnemonicosis, la carta que se recoloca al principio del juego no tiene apenas
foco de atención para los espectadores en ese momento, ya que se desconoce su
propósito -que sólo se entenderá al final del juego, cuando se rememore la
secuencia-.
Por ello, la visión
de la recolocación de la carta no puede catalogarse de falso efecto, ya que el
falso efecto tiene que suceder al final del juego, en el momento de la
revelación, cuando los espectadores sienten que ya ha ocurrido el efecto y sólo
falta la corroboración del mismo.
2. A la hora de
leer secretamente una papeleta en una secuencia de mentalismo, a menudo resulta
difícil encontrar el momento de echarle un vistazo a la información de modo que
este vistazo pase totalmente inadvertido.
Independientemente
de la técnica empleada (centro roto, vistazo al interior de una papeleta
doblada o cambio de papeletas), antes de echar vistazo alguno, es toda una
sutileza el empezar a adivinar la palabra describiéndola de forma genérica, y
tanteando al espectador, aun cuando no tengamos idea de cuál puede ser.
De este modo, los
espectadores sienten que el mentalista ya está vislumbrando el concepto, por lo
que van dando por hecho el efecto de adivinación. Sin embargo, el mentalista
aún no sabe la palabra. Todavía tiene que bajar la mirada hacia la papeleta en algún
momento para echarle el vistazo secreto. Pero gracias al falso efecto
interpretado, cuando lo haga (con la debida justificación gestual, expresiva o
verbal), las probabilidades de que el gesto pase inadvertido para los
espectadores serán mucho mayores, ya que éstos dan por hecho que el mentalista
ya tiene la palabra en mente.
¿Para qué iba a
mirar, si ya la sabe? (Al margen de que, salvo que sea conocedor, jamás en la
vida puede un espectador imaginarse que existen técnicas que permiten leer la
información de una papeleta doblada.)
3. Una parte
importante de los matrix es la desaparición de la moneda bajo la carta,
pinzándola con el pulgar antes de levantarla. En teoría, esta trampa ocurre
después de que se siente que el efecto ha ocurrido, pues antes de disponerse a
levantar las cartas, el mago hizo un gesto mágico para que ocurriese el viaje.
La clave del juego,
según Al Schneider, creador del mismo en su versión de cuatro cartas, es
realmente expresar y sentir que, con cada gesto mágico, las monedas realmente
ya han viajado.
Luego, en
relajación, casi sin darle importancia, es cuando levantamos suavemente las
cartas para mostrar que el viaje ha ocurrido.
De otro modo, si
las cartas se levantan con demasiado acento y tensión, se puede llegar a sentir
que la magia ocurre justo en el momento de levantarlas, lo que podría llevar a
sospechar de alguna maniobra manipulativa en ese preciso instante.
Al margen de la
posibilidad de intuir el pinzamiento de las monedas, también podrían sospechar,
por ejemplo, que de algún modo lanzamos las monedas de una carta a otra en el
mismo gesto de levantar las cartas -idea que a lo mejor sí puede ser
interesante para un mago que esté empeñado en sugerir la ficción de que las
monedas viajan por lanzamientos invisibles.
En definitiva, para
realizar el juego tal como sugiere Al Schneider, tenemos que transmitir un
cierto falso efecto interpretado tras realizar cada gesto mágico, sintiendo de
verdad que las monedas ya han viajado, para luego levantar las cartas sin darle
importancia, sólo para corroborar el efecto ante los espectado



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