LA ACCIÓN SEDAL (ARTURO DE ASCANIO) Por Mariano Vílchez
En este artículo, entre otras cosas:
1. Conocerás y podrás empezar a utilizar el principio de acción sedal acuñado por el maestro Arturo de Ascanio. Con él podrás llevar al espectador a que se convenza por sí mismo de que algo es cierto, aunque sea falso.
2. Conocerás el esquema del falso cambio, una estructura mágica que permite partir de la trampa ya hecha, con lo todo el efecto se realizará sin trampa alguna. Algo inimaginable para los espectadores.
3. Aprenderás el efecto Predicción Sedal que aplica perfectamente este principio.
4. Sabrás cómo un mentalista utilizó este principio para colárnosla a todos los magos de nuestra sociedad mágica. (Si estoy en lo cierto, claro.)
5. Este punto es para que hay un número impar de números, que queda mejor.
Las acciones sedal se pueden definir como manejos y acciones que permiten, bien que el espectador asuma una situación inicial falsa como verdadera, o bien que asuma como cierta una condición necesaria para que se produzca el efecto, aunque sea falsa igualmente.
1. ACCIONES SEDAL CUYO OBJETO ES LA ASUNCIÓN DE UNA SITUACIÓN INICIAL FALSA
En este caso nos encontramos ante un esquema de falso cambio por autoconvencimiento en el que realmente ya partimos de la situación final, pero en el que queremos que los espectadores asuman una situación inicial distinta, cuando realmente no lo es.
Para alcanzar este objetivo nos vamos a valer de este primer tipo de acciones sedal.
Un ejemplo aclaratorio ya visto.
Vas a transformar una baraja de dorso azul en una de dorso rojo.
Para ello, partes ya de una baraja de dorso rojo a la que le colocas encima una carta de dorso azul/rojo por el lado azul. Introduces esta baraja en un estuche igualmente azul. Para iniciar el efecto, sacas a la vista el estuche azul con la baraja dentro.
Esto constituye la primera acción sedal, ya que los espectadores perciben el color azul del estuche, lo que les lleva a asimilar desde el comienzo –y de un modo inconsciente- que la baraja es azul.
Cuando extraes la baraja del estuche, también se verá el dorso azul de la carta superior (el único dorso azul, los demás son rojos).
Esto constituye la segunda acción sedal, los espectadores siguen asumiendo que la baraja es azul, nada les ha hecho sospechar de lo contrario hasta el momento.
A continuación puedes realizar una mezcla hindú estando la baraja de cara, mientras vas comentando algo de las cartas.
Al ir señalando los naipes que caen a la mano izquierda, la mano derecha usa su paquete y lo gira para señalar con él alguna carta de las que van cayendo a la mano izquierda. Se ve en todo momento un dorso azul – en realidad el mismo en cada ocasión- precisamente por la peculiaridad de la mezcla hindú.
Esto sería una tercera acción sedal.
Finalmente revelamos la transformación de la baraja, girando la carta superior de doble dorso, o bien empalmándola, si se trata de una carta azul normal.
La baraja se revelará ahora completamente roja (tal y como siempre fue desde un comienzo).
En cualquier caso, este concepto nos habla de que el espectador se convence (o mejor dicho asume inconscientemente) algo, siempre que no se lo afirmemos directamente, sino que, más bien, le permitamos que lo vaya asumiendo mediante una serie de sutilezas (las acciones sedal).
Si sacáramos la baraja del estuche y afirmáramos que se traja de una baraja azul, automáticamente nuestra afirmación se vería cuestionada y tendríamos que probarla extendiendo toda la baraja.
De no hacerlo, pocos espectadores tragarían y el efecto se vendría abajo.
Por el contrario, a través de las acciones sedal (según la metáfora pesquera de Ascanio, quien acuñó el término), vamos dando “sedal” o carrete al espectador para que siga cómodamente agarrado al anzuelo sin la sensación de que lo han atrapado, ya que en ningún momento siente que tiren fuertemente de él.
De sentir el tirón, lo que equivaldría a afirmar abiertamente que la baraja es azul al principio del efecto, probablemente el espectador-pez se resistiría con cierta fuerza y rompería el hilo, cuestionando, en nuestro caso, la afirmación directa del mago de que la baraja es azul.
Veamos otro ejemplo de acción sedal, en este caso ajeno a la cartomagia.
Mostramos tres cuerdas iguales. Decimos que son tres y las contamos claramente una a una.
A continuación realizamos un pase mágico y se ve ahora que hay una grande, una mediana y una pequeñita.
Se dan a examinar al espectador que queda perplejo ante lo sucedido.
Supongo que has reconocido la rutina de “La Pesadilla del Profesor”.
En este caso también empleamos el esquema del falso cambio, pues partimos de una situación inicial falsa, ya que en realidad estamos ya en la situación final de tres cuerdas desiguales.
En otras palabras, desde el principio partimos de una cuerda grande, de una mediana y la pequeñita.
Hay que señalar que este esquema no es el habitual, ya que en la mayor parte de las versiones de la pesadilla del profesor se parte de las tres cuerdas mostradas en su distinto tamaño y luego se muestra cómo se igualan.
A lo que vamos, sacamos del bolsillo las tres cuerdas sujetándolas de modo que se vean las tres iguales.
(Esto sería la primera acción sedal, ya que, por el aspecto que presentan las cuerdas en tal posición, los espectadores asumen desde el primer momento que tienen más o menos el mismo tamaño.)
A continuación, realizamos otra poderosísima acción sedal, la cuenta falsa de las tres cuerdas.
Esta maravillosa cuenta permite que los espectadores vean claramente cómo se cuentan, una a una, tres cuerdas de similar tamaño.
Finalmente, tras el pase mágico, soltamos la sujeción especial y mostramos las cuerdas desiguales.
En realidad las mostramos tal y como han siempre han sido desde el primer momento.
Observa que en ningún momento se dice que las tres cuerdas son iguales.
Lo único que se afirma es que hay tres cuerdas y esto es lo que se confirma cuando el mago las cuenta.
Por otro lado, la misdirection temática constituida por la idea del número de cuerdas –se dice que hay tres y se confirma que es así con el recuento posterior- lleva al espectador a asumir inconscientemente que éstas son iguales. Así se perciben, y al no mencionarlo el mago, en ningún momento llega a cuestionarse esta situación.
Fíjate que en ningún momento de estas rutinas llegan los espectadores a constatar plenamente la situación inicial.
En efecto, la baraja nunca se muestra abiertamente azul al principio y las tres cuerdas tampoco se dan a examinar para mostrar su igualdad de tamaño.
En otras palabras, en las acciones sedal nunca se establece clara y abiertamente la situación inicial, por ser ésta falsa.
Si, en otro tipo de esquema, se mostrara abiertamente la situación inicial al principio, entonces no hablaríamos de acciones sedal, sino de acciones de continuidad aparente (que mostrarían la continuidad de una situación absolutamente establecida).
2. ACCIONES SEDAL CUYO OBJETO ES LA ASUNCIÓN DE UNA FALSA CONDICIÓN CLAVE PARA QUE SE APRECIE EL EFECTO
Este segundo tipo de acciones sedal no apuntan a que el espectador asuma una situación inicial falsa, sino más bien a que asuma una condición falsa, no ligada a la situación inicial, pero necesaria para que el efecto tenga lugar.
JUEGO DE APLICACIÓN: PREDICCIÓN SEDAL
Imagínate el efecto siguiente. Muestras un sobre con una predicción. Extiendes una baraja de póker y explicas un poco a los espectadores cuáles son sus palos y números, mostrando algunos de ellos.
A continuación, buscas abiertamente los comodines y los extraes, explicando que la predicción contiene una carta determinada y no un comodín.
Entonces extiendes la baraja de dorso y le pides a un espectador que recorra la cinta con su dedo extendido hasta pararse en un punto determinado.
Se gira la carta correspondiente.
Se abre la predicción.
Coinciden.
La solución es trivial: cartas repetidas.
La cuestión es que ahora hay que hacer que los espectadores asuman la falsa condición de que la baraja es normal, es decir que está compuesta por cartas distintas.
Para ello partes de una baraja de cartas iguales, salvo un grupo de 14 ó 15 cartas situadas en la parte inferior de la misma. Este grupo está separado por dos comodines del resto de cartas iguales.
Al principio, hablas de la composición de la baraja, extendiéndola de cara por las primeras cartas.
(Ésta es la primera acción sedal, ya que los espectadores ven cartas indiferentes mientras charlas sobre los distintos palos de la baraja.)
Dicho sea de paso, este discurso ejerce de misdirection temática, ya que permite que los espectadores perciban inconscientemente el grupo de cartas diferentes que muestro, sin que puedan cuestionarse la posibilidad de pueda haber cartas repetidas aparte de este grupo.
Es importante señalar que una cierta misdirection temática puede y debe estar presente en algunas de las acciones sedal que realizamos, precisamente para potenciar esta función de convicción inconsciente.
Vuelvo a cerrar la extensión y entonces finjo darme cuenta de que tengo que extraer dos cartas que no contempla la predicción: los comodines. Para extraerlos, vuelvo a extender abiertamente la baraja hasta llegar a los comodines, que es precisamente el límite a partir del cual empiezan las cartas repetidas.
Aquí entran en juego los conceptos de restricción liberada y restricción ampliada que se explican en mi ebook Los Pilares del Asombro: Limpieza.
(Si estás interesado en este u otro de mis ebooks, mándame un correo a potenciatumagia@gmail.com y te cuento.)
Hemos mostrado todo el grupo de cartas distintas con la excusa de extraer los comodines. ¿Qué mejor acción sedal para convencer a los espectadores de nuestra condición falsa de que todas las cartas son distintas?
Observa cómo, de nuevo, aquí se da una misdirection temática en el momento de la acción sedal: la búsqueda de los comodines que no son objeto de predicción. Ahora basta con extender las cartas de dorso y pedir al espectador que recorra despacio la cinta con su dedo extendido hasta detenerse.
Aprovechas el momento de darle las instrucciones para que sobrepase el grupo de cartas distintas y pueda así detenerse obligatoriamente en una de las repetidas.
A veces las acciones sedal pueden ser más espectaculares.
Recuerdo una actuación para el Círculo Mágico Granadino en la que vino un mago cuyo espectáculo era una mezcla equilibrada de magia de salón y mentalismo.
Al final del espectáculo, este mago sacó a un espectador y le pidió que pensara en un personaje de la historia.
Sin apuntar nada en ninguna parte (nada de papeletas, ni centro roto, para los mentalistas que me están leyendo), el espectador se concentró en su personaje. El mago anotó algo en su pizarra. Entonces, cuando el mago le pidió que revelara en qué personaje estaba pensando, el espectador dijo que en Julio César.
Acto seguido el mago giró su pizarra. ¡Bingo!
Tras el show, todos los miembros del Círculo discutían sobre cómo podía haberse logrado tal proeza.
Yo lo tenía claro y así se lo expresé: el espectador estaba compinchado. No había otra. O acaso el mago podía de verdad leer la mente.
Todos se opusieron a mi teoría. No podían creer que hubiera habido compadreo en aquella ocasión.
Y no podían creerlo por una razón muy simple.
Ese mismo espectador le había hecho la vida imposible al mago en una carta al número donde éste lo había elegido previamente como voluntario. Mi teoría era que todo aquel conflicto había sido simulado para constituir una insospechada acción sedal cuyo objetivo era convencer al público de que espectador y mago no se podían conocer de ninguna manera, ni podían haber arreglado nada previamente.
En sus trabajos, Kenton Knepper habla de este tipo de técnicas que alejan la sospecha del compadreo cuando él mismo utiliza algún tipo de compinche. Por ejemplo, al principio se equivoca de nombre al dirigirse al espectador, lo que lleva implícito a nivel subliminal el hecho de que no lo conoce.
La condición de no estar compinchados era básica para que el efecto de la adivinación de Julio César tuviera su impacto, y todo el teatro anterior del conflicto en el efecto de la carta al número no había sido más que una magnífica acción sedal para que los espectadores asumieran tal condición.
O eso o aquel mago podía leer la mente de verdad.



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