LA FALSA CONTINUIDAD PSICOLÓGICA (por Mariano Vílchez)
En las acciones de falsa continuidad psicológica el espectador no percibe la continuidad por una apreciación directa de sus sentidos, sino que la asume por una acción o triquiñuela del mago.
Dicho de otro modo,
el mago logra que el espectador se autoconvenza de la falsa continuidad sin que
medien ninguno de los sentidos aludidos.
Vamos con un primer
ejemplo de Jay Sankey.
Tras un doble
volteo, el espectador firma una carta y Jay la cambia secretamente por otra al
deshacer el volteo. Tras éste, el mago canadiense sopla sobre la nueva carta
como para secarle la tinta.
Esto constituye un
ejemplo de falsa continuidad psicológica, ya que, a pesar de que el espectador
no ve la firma de la carta (pues ahora la está viendo de dorso), sí que puede
llegar a sentir o asumir su presencia por esta treta de soplar sobre ella.
Aunque a priori pueda parecer que la falsa continuidad sensorial es superior a la psicológica por contar con la fuerza de la sólida constancia de los sentidos, en realidad no siempre es el caso, como descubrirás al seguir leyendo este artículo.
La falsa
continuidad psicológica actúa de un modo más indirecto, sutil, a nivel
inconsciente, y puede lograr que el espectador se autoconvenza de que la
situación inicial sigue siendo la misma hasta niveles similares a la propia
falsa continuidad sensorial.
Es difícil
establecer una clasificación de la falsa continuidad psicológica, ya que
podemos encontrar tantos ejemplos como lo permita la creatividad de los magos
que buscan aplicarla en sus rutinas.
Te planteo algunos
cuantos casos más para que termines de entender cómo funciona.
1. En primer
lugar, recordemos una vez más el ejemplo descrito de Sankey soplando sobre una
carta sin firmar para secarle la supuesta tinta.
Ésta es una acción
de continuidad aparente psicológica y no sensorial, ya que ningún momento el
espectador ve de nuevo la firma, simplemente la sigue asumiendo al ver a Sankey
soplar sobre ella.
2. El hecho de
nombrar falsamente alguna carta al mirarla sólo nosotros.
Supón que vas a
realizar el cambio mágico de transformar un Diez de Picas en un As de
Corazones.
Para ello partes
del As y el Diez en posición primera y segunda desde el lomo de la baraja.
Realizas un doble volteo, viéndose el Diez. Luego, tras volver a voltear el
doble sobre la baraja, coges la carta superior (que es el As de Corazones) y la
colocas de dorso sobre la mesa.
Ahora supongamos
que la estructura del juego requiere colocar un vaso encima de la baraja.
Entonces, justo antes de ir a coger el vaso, levantas ligeramente la carta como
para cerciorarte tú de su identidad, momento en que la nombras falsamente.
Vamos a colocar el…
Diez de Picas... bajo este vistoso vaso.
Es precisamente en
el momento exacto de echar ese último vistazo a la carta cuando sueltas la
expresión “Diez de Picas”.
Ascanio proponía una curiosa y precisa estratagema a la hora de nombrar
falsamente la carta. Yo suelo usarla de vez en cuando y resulta muy convincente
para los espectadores.
Según la técnica,
en nuestro caso, al decir “Diez de Picas”, lo correcto sería mirar al
espectador al principio de la frase, bajar la mirada hacia la carta al decir la
preposición “de” y volverla a subir hacia el espectador inmediatamente después
para terminar la frase.
Me explico. La
secuencia sería.
1. Vamos a colocar
el Diez… (mirando al espectador).
2. de… (echando un
vistazo rápido a la carta).
3. Picas…
(volviendo rápidamente la mirada hacia el espectador).
4. bajo este
vistoso vaso. (fijando la mirada en el vaso para levantarlo y colocar la carta
bajo él).
El vistazo hacia la
carta al decir “de” es una doble sacada -movimiento ocular rápido y repentino
del ojo- de los ojos hacia la carta y viceversa.
Es un vaivén
rápido, los ojos no llegan a detenerse nunca en la carta.
Además, la frase se
dice de un tirón (los puntos suspensivos indican meramente que la frase está
inacabada, pero no hay pausa alguna). Todo ocurre en un instante. Pruébalo ante
el espejo hasta pillarle el punto.
Verás que es
engañoso hasta para ti mismo.
3. Otro caso
interesante y conceptualmente similar al ejemplo previo.
Tomas prestado un
anillo y observas algún detallito especial en él, aunque no lo comentas de
momento. Entonces cambias el anillo por un duplicado con el propósito de hacer
viajar mágicamente el original a algún lugar de difícil acceso (caja nido,
monedero, etc.).
Llegado el momento
de hacer desaparecer el duplicado (por tiraje, descarga, Ring Flight o lo que
convenga), miras este anillo duplicado (o falso anillo) y sólo entonces
comentas el detalle atisbado previamente.
Esta
piedrecita verde esmeralda que tiene, ¿será falsa, supongo?
Aun cuando los
espectadores no estén viendo el anillo en ese momento, se establece una falsa
continuidad psicológica que ayuda a que se asuma que el anillo sigue siendo el
original.
4. En esta
categoría de acciones de falsa continuidad psicológica entre la clásica idea de
Joaquín Navajas de fingir recolocar una moneda en la mano cuando en realidad ya
no está en ella.
Supongamos que
realizamos un falso depósito bluff de la mano izquierda a la derecha.
Para ello, partes
de una situación donde la moneda está en el borde de la mesa. Mientras comentas
algo mirando a los espectadores (misdirection por cambio de mirada), finges
coger la moneda con la mano derecha pero en realidad la descargas al regazo.
Ahora dicha mano
finge depositar la moneda inexistente en la mano izquierda. Nada más terminar
este falso depósito bluff, muestras la mano derecha vacía al realizar un gesto
que viene a decir algo así como “preparaos para lo que se avecina”.
Entonces, el pulgar
de tu mano izquierda se introduce en su mano como para recolocar la moneda y
poder asirla mejor.
Se trata de un
gesto discreto que no pretende llamar la atención y que lleva a los
espectadores a asumir que la moneda está realmente en esta mano, por lo que la
desaparición posterior es muy potente.
Como puedes
apreciar, las acciones de continuidad aparente de índole psicológica participan
en cierta medida en el concepto de autoconvencimiento. Por ello, es importante
no sobreactuar cuando se establezcan, sino realizar la acción de un modo
sencillo y hasta discreto, repitiéndonos como guion interno el estado o
situación que queremos sugerir.
Cuando, por
ejemplo, soplas sobre una carta que no tiene firma, no lo haces con demasiados
aspavientos. Simplemente imaginas la firma y, mientras soplas, te dices a ti
mismo algo coherente con la situación: “Cuidado, no se vaya a correr la tinta”.
Recuerdo haberle
visto a Miguel Puga una versión de colgando monedas en la que realmente
creí ver la última moneda en su mano, un instante antes de ser colgada.
Cuando lo
interrogué sobre cómo lograba trasmitir esa sensación tan real, su respuesta
fue que se mentalizaba para sentir y creer realmente que tenía esa moneda.
A este respecto me
habló de un procedimiento preconizado por Slydini (y citado muchas veces
por mi maestro Luis Arza): realizar el manejo verdadero tomando
conciencia de todos los gestos y las sensaciones, y luego realizar el manejo
falso tratando de emular todos los factores vividos, tanto externa como
internamente.
En el caso de esta
recolocación imaginaria de Joaquín Navajas tendrías, pues, que recolocar
y manejar una moneda de verdad y luego imitar estas mismas sensaciones sin
ella.
5. Otra
interesante falsa continuidad psicológica es la propiciada por el concepto
tamariciano de pista falsa.
Y es que
efectivamente la pista falsa puede actuar como acción de continuidad aparente
psicológica, sobre todo para el espectador analítico.
Supongamos ahora
-volviendo al ejemplo anterior- que, tras realizar el falso depósito bluff,
dejas los dedos índice y mayor de la mano derecha ligeramente tensos y unidos. Pues
bien, para el espectador “inocente” es probable que esa posición de los dedos
no llame necesariamente la atención, sobre todo si ha sido un gesto sutil.
En cambio, es
bastante probable que el espectador analítico sospeche que la moneda sigue en
la mano derecha, pillada entre ambos dedos. Esto supone que, para este
espectador analítico, dicha postura de los dedos unidos constituye una falsa
continuidad psicológica en toda regla, ya que lo lleva a asumir que la moneda
sigue en tu poder (en una mano o en otra), cuando en realidad hace un rato que
descansa en el regazo.
A continuación,
muestras la mano derecha vacía al hacer el gesto de preparaos para lo que
viene, lo cual disipa de inmediato la sospecha del espectador analítico.
Es importante
señalar que la pista falsa no consiste en una burla al espectador, en la que
consigo engañarlo de forma consciente, mostrando luego con regocijo que su
sospecha era vana. Más bien, como señala Tamariz, debería ser un gesto
sutil, ambiguo, sin pretensiones, del que el mago ni siquiera es
(aparentemente) consciente.
Por eso, cuando
abre la mano derecha, no lo hace para mostrarla vacía, sino para realizar el
gesto de advertencia ante que lo que se avecina.
Como diría Gabi
empleando una terminología ascaniana, no se muestra la mano vacía, sino que se
deja ver como tal.
Cuando al final del
juego del juego -tras el correspondiente gesto mágico- abrimos la mano
izquierda para mostrar que la moneda ha desaparecido, ambos espectadores (el
“inocente” y el analítico) comparten una misma emoción mágica.
Es un tipo de falsa
continuidad psicológica pasiva en la que el mago no tiene que vender ningún
falso dato sensorial, sino que es el profano quien, con su percepción errónea
la va a establecer.
LA FALSA
CONTINUIDAD GESTÁLTICA O DEDUCTIVA
La falsa
continuidad gestáltica o deductiva es un tipo de falsa continuidad psicológica
que consiste en fingir tapar u ocultar un objeto cuando en realidad ya nos
hemos deshecho de él.
Imagina por ejemplo
que, en el gesto de coger una moneda, vas y la descargas al regazo y a
continuación la mano (vacía) finge colocarla debajo de una carta.
Entonces, si tras
esa colocación bluff, muestras ahora ambas manos vacías, la imagen de tus manos
desnudas y la de la carta sobre el tapete obliga a los espectadores a deducir
que la moneda está realmente bajo la carta.
Y no se trata
solamente de un razonamiento, sino de una sensación bastante convincente basada
en la necesidad psicológica de los espectadores de completar lo que falta en
una imagen, un fenómeno común estudiado en la corriente psicológica Gestalt.
Este principio
funciona mejor si le has ofrecido al espectador una foto inicial de la
situación para que luego complete la imagen con el recuerdo de esta.
Gea, por ejemplo, coloca cuatro monedas en fila sobre el tapete. En un
momento dado se deshace de una de ellas y entonces vuelve a colocar la mano
izquierda sobre la posición que ocupaba dicha moneda.
Gracias a la foto
mental inicial, el espectador sigue viendo la línea inicial de cuatro monedas,
por lo que se llevará una gran sorpresa cuando se revele que una de las monedas
ha desparecido.
Este principio
opera en muchos matrix donde la imagen inicial del cuadrado formado por las
cuatro monedas ayuda luego a reconstituir mentalmente esta figura cuando,
mediante manos o cartas, tapamos alguna/s de sus esquinas de modo que, aun
cuando ésta/s ya no contenga/n moneda/s alguna/s, no podemos por menos que
sentir que sigue habiendo una moneda debajo.
La continuidad
gestáltica se daría también si colocáramos, por ejemplo, media moneda -un trozo
de una moneda que hemos cortado por la mitad- asomando casi en su totalidad
bajo una carta. En este caso, no vemos media moneda asomando, sino que sentimos
que es una moneda entera la que asoma (la mente completa lo que no se ve, una
vez más).
De modo que, si
quitáramos la carta de golpe, ver sólo media moneda ya sería un efecto en sí
mismo.
Se me ocurre un
pequeño efecto de magia como resultado de lo anterior.
Coges una moneda
normal, la cambias secretamente por media moneda y la colocas bajo una carta.
Desplazas la carta
para que asome lo justo como para dar la impresión de que la moneda entera
sigue ahí. La vuelves a tapar y con un paso mágico pretendes serrar la moneda.
¡Ahora quitas la
carta y muestras que sólo hay media moneda!
(La otra moneda la
sacas, por ejemplo, de debajo del regazo, donde la tenías desde un principio.)
Veamos otros ejemplos de continuidad gestáltica o deductiva:
1. Realizar una
descarga al regazo seguida de una pretensión de falso depósito.
Es una secuencia
que me encanta y que funde los plomos cien por cien a los profanos (y a muchos
magos). Al ir a coger una moneda de la mesa, la descargo al regazo y finjo
colocarla en mi mano derecha.
A continuación,
cojo una varita o un rotulador que tengo colocado a mi derecha y doy con él un
par de pases mágicos.
Entonces muestro
que la moneda ha desaparecido.
Obviamente, al ver
mi mano cerrada y la mano derecha vacía moviendo la varita –para ello, extiendo
los dedos al sostenerla-, los profanos deducen y sienten que la moneda tiene
que estar sí o sí en la mano izquierda.
Puedo además
reforzar esa convicción con algún gesto de esta mano izquierda de recolocar los
dedos como para situar mejor esta supuesta moneda (falsa continuidad
psicológica a lo Joaquín Navajas).
Un detalle extra
que asegura el engaño en la secuencia anterior es hacer el falso depósito bluff
en tránsito, al ir a coger la varita o el rotulador. En este caso la acción
principal y consciente es la de ir a coger el rotulador, no la de realizar el
depósito de la moneda a la mano izquierda.
Dejamos la “moneda”
en la mano izquierda para ir a coger el rotulador. Nuestra mirada hacia éste
así lo confirma.
La acción de dejar la moneda queda así en
segundo plano y de este modo el espectador la asume a un nivel inconsciente y
de un modo inevitable, cuando en realidad hace rato que la moneda descansa en
nuestro regazo.
2. La
individualización de la carta de dorso en los maravillosos Ases McDonald (y en
general, en cualquier asamblea).
En este magnífico
efecto, tras verse claramente el as (de doble cara), se ven tres cartas
indiferentes de cara y una de dorso.
En esta situación,
el espectador no puede por menos que pensar que tiene que tratarse del mismo as
que acaba de ver hace un instante.
En sus rutinas de
asambleas de ases, Ascanio recomendaba individualizar cada as por la misma
razón.
Si ves una carta de
dorso y las demás son indiferentes, asumes que la carta sigue siendo un as, y
es delicioso recrearse un momento en este supuesto hasta que se muestra que el
as se trasformó en una carta indiferente.
3. Descargar
algo al bolsillo y jugar con la falsa presencia del objeto.
Me encanta jugar
con esta idea. Por ejemplo, en una rutina de esponjas, tras la reunión de las
dos esponjas en una mano, aprovecho el momento de relajación tras el efecto
para meter las bolas -por todo el morro- en el bolsillo izquierdo del pantalón.
(Sé que esto puede
parecer inverosímil, pero mi actitud, la relajación post efecto, el timing
perfecto y un gesto simultáneo con la mano derecha tocando el hombro del
espectador consiguen que esta acción pase inadvertida, incluso para magos.)
A continuación,
muestro mis puños y le pregunto al espectador hacia qué mano quiere que viajen
las pelotitas. Él me señala una y yo finjo alegría, como si estuvieran
realmente ya allí (cuando hace rato que están en mi bolsillo).
Muestro la otra
mano vacía, con lo que se deduce que las pelotas están en la mano señalada.
El espectador
sonríe porque cree que he tenido suerte.
Ahora realizo falso
depósito bluff (sin bolas) de una mano a la otra. Cuando al final muestro que
las bolas han desaparecido con ambas manos vacías, el pasmo es total.
LA ACCIÓN DE CONTINUIDAD
ESPACIAL O POSICIONAL
Este principio es
otro tipo de falsa continuidad psicológica que consiste en establecer una
disposición y colocación corporal (manos, brazo y cuerpo) y elemental (es
decir, de los elementos usados: cartas, cuerdas, monedas, etc.) similar a otra
previa.
La acción de
continuidad espacial o posicional tiene dos finalidades:
a. Permite que se
olviden las acciones intermedias, sobre todo si están justificadas gracias a
una buena cobertura o misdirection.
b. Permite
potenciar el contraste entre la situación inicial y la final. Veamos algunos
ejemplos.
1. Imagina que realizas un doble volteo mostrando una carta de cara, por ejemplo,
el Diez de Corazones que tiene debajo un Rey de Picas, y te dispones a colocar
el Diez de cara sobre la mesa, cuando reparas en que hay un rotulador en el
lugar donde ibas a dejar la carta.
Entonces
inmediatamente dejas el doble sobre la baraja para poder apartar el rotulador
con la mano derecha.
A continuación,
coges la carta superior de dorso (el Rey) y la colocas sobre la mesa en el
mismo lugar donde pretendías hacerlo la primera vez.
Al estar la carta
en la misma posición, cuando la gires de cara y se vea la transformación, de
Diez a Rey, el impacto va a ser más fuerte y claro.
Por otro lado, el
manejo intermedio de apartar el rotulador es una acción en tránsito que tenderá
a pasar inadvertida.
2. Al hacer un enfile al tiempo, como sucede en el Suite Apparition
de Pepe Carroll, la posición consistente de las cartas extendidas sobre
la mesa, primero de cara y luego de dorso (igual longitud de extensión y en la
misma zona de la mesa), permitirá un mayor contraste y el olvido de que el
paquete se recogió y se acercó a la baraja un momento, amén de la misdirection
lograda al realizar la técnica en relajación tras voltear la carta de dorso.
3. Le entregas una baraja marcada a un espectador para que mezcle, saque
una carta, la mire y la coloque de dorso sobre la mesa.
Mientras sucede
este proceso, tú estás girado con la mano izquierda levantada cubriendo tu
propia mirada. Entonces, te giras un momento y le indicas que ponga su mano
encima de la carta, momento que aprovechas para fijarte en la marca (cobertura
explicativa).
En cuanto das esta
instrucción, te vuelves a girar y colocas la mano cubriendo de nuevo tu mirada
del mismo modo.
El hecho de que
adoptes la misma posición antes y después de señalar que tiene que tapar la
carta, hará que se olvide ese momento en que te inclinaste hacia la carta para
indicar que la taparan.
Al final los
espectadores recordarán que estuviste girado en todo momento con la mano
levantada obstruyendo tu vista.
Cuando al final te
gires hacia el espectador y adivines la carta, su pasmo será total, pues lo
único que recordará fue que mezcló, sacó una carta y la cubrió con su mano,
mientras tú estabas girado.
4. Puedes transformar una baraja en blanca de una forma asombrosa del
siguiente modo. (Ésta es una descripción de mi efecto Única.)
Antes de empezar
extiendes la baraja de cara en cinta sobre la mesa. Comentas algo de los
colores de las cartas y dices cuáles son tus tres cartas favoritas. Esto es
para que al final se recuerde el hecho de que al principio las cartas eran
normales y estaban perfectamente impresas.
Ahora recoges la
baraja y la extiendes en cinta de la misma manera, pero de dorso para que
elijan una carta, y tú giras tu torso como para no mirar.
Cuando cogen la
carta, te incorporas, recoges la cinta y te vuelves a girar mientras miran la
carta y se la muestran a todos.
Aprovechas esta
misdirection para cambiar la baraja por otra blanca que tienes en el regazo (en
la silla a la altura de la entrepierna, debajo del muslo izquierdo o derecha, o
en la corva tras la rodilla izquierda o derecha).
Una vez que todos
han visto la carta, te giras y extiendes la baraja (blanca) de dorso en la
misma zona de la mesa y con una extensión similar a la primera vez.
Pides que devuelvan
la carta donde quieran, y de nuevo te giras para no ver. Tanto la cinta
extendida como tu posición girada son similares a cómo eran al principio del
juego.
Ahora dices que vas a encontrar las cuatro cartas del mismo número que la elegida. Extiendes las cartas como para ti y extraes la carta elegida (la única que no es blanca) y tres cartas blancas más.
Dejas las cuatro
cartas sobre la mesa de cara, estando la elegida encima, supongamos que es el
tres de picas.
El espectador, al
ver el montón de cuatro cartas y el tres encima, supondrá que se trata de los
cuatro treses.
Ahora giras esas
cuatro cartas de dorso y fuerzas la elegida al espectador (di un número entre 1
y 4, empuja dos, aparta una, etc.).
Entonces le
preguntas si no sería increíble que la carta que tiene bajo la mano fuese la
suya (una sutileza verbal a la hora de revelar un efecto de Kenton Knepper que
potencia bastante el clímax posterior).
Y efectivamente, al
girar la carta, descubre que es la suya.
Ahora vienen dos
clímax más, muy fuertes.
Primero, giras las
otras tres cartas.
Se ven blancas.
Primer mazazo.
Luego se gira el
resto de la baraja, que también es blanca.
El impacto es
brutal.
El momento del
cambio de baraja queda muy lejos y además se produjo entre dos acciones de
continuidad espacial o posicional (la baraja extendida en una cinta similar y
tú girado), lo que tiende a hacer olvidar que la cinta se recogió un momento y
se acercó al cuerpo, cuando mostraron la carta al resto del público.
Además, al
acentuado paréntesis de olvido, se suma el detalle de autoconvencimiento de
extraer las tres cartas blancas con la elegida encima, lo que hace que al final
el espectador recuerde con sorprendente claridad- que sacaste realmente cuatro
cartas del mismo número y que las percibió individualmente.


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