EL MAGO AL QUE OLVIDARON Y QUE RESUCITÓ (por Mariano Vílchez)

 



Casi todos los magos recuerdan un click en su vida donde se prende la llama de la magia.

Ese efecto que nos hizo nuestro tío, nuestra abuela (en mi caso). Ese momento -en un circo, en la tele, en un teatro o en alguna mesa camilla- donde nuestras vidas cambian para siempre al nacer en nosotros una pasión que se prolongará, en algunos casos, a lo largo de toda nuestra vida.

Vemos el efecto, y si tenemos el potencial de magos, sentimos una mezcla de fascinación y curiosidad, la curiosidad del método, del cómo se hizo, pero no para aplacar la razón y aliviar la tensión de lo imposible, ¡sino para replicarlo nosotros mismos y hacérselo vivir a los demás! Diferencia clave entre la mente de un mago y la de un profano.

Yo también tuve ese click cuando era pequeño. Vivía en Francia y eran los años setenta (mis padres emigraron como tantos en aquella época) y no fue un click, fue una ráfaga de píldoras mágicas en forma de programas de televisión.

El programa se llamaba Y a un truc y era conducido por un tal Gérard Majax.

La mecánica del programa era sencilla. Gérard realizaba un efecto frente a unos espectadores que estaban en el estudio y, tras él, algunos daban una posible explicación al misterio. Gérard iba negando cada solución hasta que alguno acertaba. A veces el misterio quedaba en el aire y se prolongaba hasta el siguiente por programa donde otros espectadores intentaban dar con la tecla en el estudio, o incluso por correo postal.

Gracias al programa, les realicé a mis padres y a mi hermana efectos sencillos: un pañuelo ensartado en un hilo vertical tensado de pie a mano que bajaba y se detenía según mi voluntad o la de mis espectadores, una baraja que se corta por la carta elegida al dar golpes en la mesa (unos granitos de sal operaban el milagro) y tantos otros.

En la segunda parte del programa, Majax realizaba efectos de su repertorio profesional. Aquello era otro nivel, cartas que desaparecían, que cambiaban, abanicos perfectos de colores, dedales, monedas…

Y ahí no había explicación alguna.

Podéis imaginar cómo puede un programa así impacta en el alma de un mago en ciernes.



 

Gérard Majax, ahí es nada

Gérard Majax nació en 1943 en Niza. Desde temprana edad, mostró una profunda fascinación por la magia, influenciado, según cuenta, por los cómics de Mandrake el Mago y las visitas al mercado de pulgas de Clignancourt en París, donde descubría trucos y artilugios mágicos.

Y aunque en un principio se inclinó por el estudio académico —cursó psicología experimental en la prestigiosa Universidad de la Sorbona—, su pasión por el ilusionismo terminó por dominar su vida.

Con el apoyo del productor musical Eddie Barclay, Majax dejó de lado su posible carrera científica para convertirse en mago profesional. Durante las décadas de 1970 y 1980, se consolidó como una de las figuras más icónicas de la magia televisiva en Francia, siendo una presencia habitual en la pequeña pantalla.

Hizo de todo.

Programas de televisión (Abracadabra, Y a un truc, Passe-passe), participación en películas, espectáculos en vivo, performances de mentalismo (conducir a ciegas), libros de temas diversos (percepción, ilusionismo, dormir bien, etc.), cajas de magia (yo tuve una de las 14 que creó) y hasta una revista para aprender magia.






Imaginad mi gozo con aquel material.

Como mago, Majax prefería un estilo más cercano, basado en la magia de proximidad y la participación del público.

 



La caída en el olvido.

El tiempo es implacable. Las décadas pasaron y, por más refulgente que fuese en su momento, la fama de Majax empezó a desvanecerse.

La llegada de nuevas generaciones de magos y el cambio en las tendencias televisivas hicieron que su presencia mediática disminuyera.

Aunque nunca dejó la magia —continuó actuando en eventos privados y escribiendo libros sobre ilusionismo y escepticismo—, su nombre fue quedando en el olvido para gran parte del público joven, y no tan joven.

Cuatro décadas, casi cinco, es mucho, mucho tiempo.

Y Gérard Majax fue olvidado para siempre.

 





¿Estaré soñando?

La noche del 20 de abril de 2022 Gérard estaba viendo por la tele el debate presidencial entre Emmanuel Macron y Marine Le Pen.



Mientras ambos canditatos discutían sobre las cifras de desempleo y la economía, Macron, en un intento por refutar los argumentos de Le Pen, exclamó:

"Ce n'est pas Gérard Majax ce soir!" (¡Esto no es Gérard Majax esta noche!).

La frase, dicha con un toque irónico, implicaba que las cifras económicas no podían cambiarse con un simple truco de magia. La referencia dejó sorprendidos a muchos espectadores, especialmente a las generaciones más jóvenes que no conocían a Majax.

Gérard no daba crédito. Pensó que estaba soñando. ¿Cómo lo iban a mencionar a él en un debate presidencial?

El momento se volvió viral casi al instante. En las redes sociales, su nombre comenzó a circular con intensidad, y muchas personas, intrigadas, buscaron información sobre el mago "misterioso" mencionado por el presidente.

Al día siguiente el presidente Macron llamó a Gérard Majax para disculparse por armarle todo ese revuelo. No estaba previsto en su discurso citarle, le dijo que su nombre le vino de repente como una forma espontánea de referirse al efecto mágico de cambiar las cifras del paro que proponía su rival.

 

 

El resurgimiento mediático

A raíz de esta inesperada publicidad, Majax volvió al foco mediático. Fue invitado a múltiples programas de televisión y radio para compartir sus recuerdos, sus opiniones sobre la magia moderna y, por supuesto, su reacción ante el comentario de Macron.

El mago aprovechó este resurgimiento para recordar sus años dorados, pero también para transmitir un mensaje importante: la magia es un arte, pero también una herramienta para educar a las personas sobre cómo funciona la percepción y el pensamiento crítico.

Además, su renovada popularidad le permitió presentar nuevos proyectos, como conferencias sobre el ilusionismo y la psicología de la percepción, y promover sus libros sobre magia y escepticismo.

De nuevo, todo el mundo en Francia sabe quién es Gérard Majax.




 

Conclusiones

La fama es efímera, aunque bonita. La vida y la felicidad no pueden depender de la fama, sino de conocerse, buscarse en uno o varios caminos, independientemente, del éxito, del aplauso o de la aprobación de los demás.

Y lo más importante para mí, la alegría de este resurgir de un maestro que iluminó mi infancia y despertó en mi esta bonita vocación que viene y va.

 

 


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