LA ACCIÓN EN TRÁNSITO (por Mariano Vílchez)

 



Acciones en tránsito (acuñado por Ascanio)

Una vez dejadas atrás las coberturas, entramos en otro concepto clave del apartado de la limpieza.

Se trata del concepto ascaniano de las acciones en tránsito.

Las acciones en tránsito consisten en enmascarar un movimiento tramposo, situándolo como paso intermedio y necesario para ejecutar una acción final, visible y motivada.

En mis conferencias lo explico subiéndome las gafas un par de veces y preguntando a los magos qué he hecho.

La mayoría me dice que me he subido las gafas sin más.

Sin embargo, a la tercera vez que hago el movimiento algún mago ya se da cuenta de la treta. 

El detalle es que cada vez que inicio el movimiento, tengo la baraja en la mano derecha y, para subirme las gafas con dicha mano, tengo que pasar primero la baraja a la mano izquierda, con lo cual lo que realmente realizo son dos acciones. Una, pasar la baraja a la mano izquierda y dos, subirme las gafas.

La acción principal de subirme las gafas hace que el cambio de baraja pase inadvertido. Es un movimiento secundario, necesario para que se produzca el principal, y no se percibe conscientemente (aunque sí inconscientemente como se verá a continuación). 

La idea es, pues, que si queremos ocultar o enmascarar una acción, podemos intentar colocarla como paso intermedio necesario para lograr una acción principal.

Éstos son algunos ejemplos de acciones en tránsito que me gusta realizar y que pueden ilustrar este concepto fundamental.


1. Al colocar un paquete de cartas sobre la baraja para realizar algún añadido de carta (s) (añadido de Braue para asamblea, sándwich, reyes cazadores, etc), encuentro que dicho movimiento enciende la bombillita de la sospecha porque no tiene suele tener justificación.

Para solucionar este problema, lo que suelo en estos casos es un gesto de expresión con la mano derecha que se convierte en acción principal.

Me explico. Tengo la baraja en la mano izquierda y el paquetito de cartas en la derecha.

Mirando al espectador me dispongo a hacer un gesto expresivo con la derecha, pero el paquetito de cartas como que me estorba. Por eso, lo coloco sobre la baraja un momento y así puedo hacer el gesto con la mano derecha vacía con mayor libertad. Por ejemplo, puedo señalarme la frente al decirle al espectador que recuerde bien su carta. El timing sería algo así:

 

¡Recuerda… (mi mano derecha acerca el paquetito a la baraja)

bien… (dejo el paquetito sobre la baraja)

tu carta!  (Me golpeo la frente dos veces).

 

A partir de ahí procedo con la técnica que corresponda. Lo importante es que el acto colocar ha quedado como acción en tránsito, por lo que es muy probable que pase inadvertida por parte del espectador.

 

2.  A la hora de hacer un doble lift, tiene poco sentido volver a girar el doble sobre la baraja para colocar luego la(s) carta(s) en la mesa.

Una estrategia útil es levantar el doble y disponerse a dejar la(s) carta(s) en la mesa, pero resulta que nos tropezamos con un objeto en la mesa que nos estorba (¿estuche, rotulador?).

Entonces dejamos el doble en tránsito sobre la baraja un momento para apartar el objeto y luego volvemos a coger la carta con la derecha (o incluso el mismo pulgar de la izquierda la puede impulsar hacia la mesa) para colocarla finalmente en la hueco que nos hemos creado, a lo mejor debajo del elemento que hemos apartado.

Pepe Caroll quitaba pelusillas imaginarias del tapete para realizar este ardid.

 

 

3. Al hacer el cambio por extracción de Vernon, hay que colocar la baraja sobre las cartas de la mano izquierda para llevarse las que están por encima de la separación del meñique izquierdo.

Para justificar ese movimiento le indico con la mano derecha al espectador como tiene que colocar su palma hacia arriba para colocarle las cartas (ya cambiadas) pero como la baraja me estorba, la dejo un momento en la mano izquierda para hacer el gesto con la derecha con mayor libertad.

 

4.  Se sabe que, a la hora de hacer un enfile, es más engañoso mover la baraja que la carta enfilada.

Si estructuramos el juego de modo que la mano de la baraja tiene que señalar a un espectador en el momento del enfile, entonces el enfile se realiza en tránsito (en el tránsito de señalar) y tiene muchas papeletas de ser completamente invisible.

Imaginemos que damos a elegir una carta a un espectador que se halla (a propósito) a nuestra izquierda.

Podemos, por ejemplo, forzarle la carta y que luego mezcle.

Al buscarla, titubeamos y decimos que no la encontramos, pero en realidad la buscamos y la colocamos en top (cobertura por procedimiento o falsa intención).

A continuación, vamos pasado cartas en abanico de dorso entre las manos diciéndole a otro espectador que, cuando nos pare, la carta que quede entre nuestros dedos será la elegida por el primer espectador (el de nuestra izquierda).

Nos paran en una carta, creamos cierta tensión al mirarla nosotros y luego la mostramos con entusiasmo.

Obviamente no es la carta.

Aprovechando la relajación posterior al fallo, la enfilamos al señalar con la mano de la baraja al espectador que la eligió (que para eso estaba desde el principio situado a nuestra izquierda), diciéndole “¿No es tu carta?”. Ahora hacemos un gesto mágico y mostramos la carta cambiada.

 

Es interesante observar que las acciones en tránsito no se procesan conscientemente pero sí inconscientemente y de forma muy poderosa. De ahí que el falso depósito en tránsito sea de los más efectivos.

 

Supongamos, en una rutina de cubiletes, que tenemos una bola en la mano derecha y la varita situado a nuestra derecha.

La mano derecha hace un falso depósito en tránsito a la izquierda mientras que se dirige, como acción final, a coger la varita con toda nuestra mirada e intención.

Luego usamos la varita para dar un pase mágico sobre la mano izquierda, mostrando luego que la bola ha desaparecido.

 

Juego a menudo con este concepto en mis clases de secundaria.

Estoy explicando y jugueteando con la tiza en la mano derecha, a continuación, hago un falso depósito en tránsito a mi mano izquierda al coger el borrador de la mesa con la derecha.

Luego, sin venir a cuento, finjo lanzar la tiza de mi mano izquierda hacia la cara de algún alumno.

El alumno, que ha estado pendiente de mi explicación, ajeno a mi falso depósito e incluso al hecho de que haya cogido el borrador, indefectiblemente cierra los ojos y pone cara de susto ante mi inesperado gesto.

 

 


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