MISDIRECTION PASIVA VERSUS MISDIRECTION ACTIVA (por Mariano Vílchez)

 


Dedico este artículo a la memoria de Albert Goshman, sin duda un maestro de la misdirection.

Mi objetivo de hoy es diferenciar lo que son para mi dos tipos de misdirection, la pasiva y la activa. 

Al hacerlo, te voy a poner un montón de ejemplos para facilitar su comprensión. Espero que encuentres detallitos útiles para tu magia personal. 


MISDIRECTION PASIVA

La etimología de misdirection quiere decir “mal dirigir”, o sea dirigir la atención del espectador al punto equivocado (desde su punto de vista, ya que para nosotros es el correcto), de modo que no se percate del movimiento tramposo.

Sin embargo, en lo que yo denomino misdirection pasiva, el término misdirection no es muy adecuado, ya que aquí no se trata de que el mago dirija la atención del espectador hacia parte alguna, sino que lo que hace es aprovechar los naturales momentos de bajón de la atención, sin hacer nada más.

Los principales momentos de bajón de la atención aprovechables para el mago son:

1. El comienzo del juego

Al principio del juego, sobre todo en situación impromptu o amateur, en esa fase en la que estamos decidiendo qué efecto podemos hacer o comprobando si la baraja está completa, tenemos una grandísima oportunidad para preparar cosillas de forma oculta.

Podemos, por ejemplo, extender maquinalmente la baraja entre las manos para ver si está completa -o simplemente con el propósito de quitar los comodines-, aprovechando el momento para realizar alguna preparación secreta, como por ejemplo culear los cuatro ases y colocarlos en posición top para ser producidos posteriormente tras una falsa mezcla. 

El aprovechar el bajón atencional al comienzo del juego coincide con la idea de cobertura por falso procedimiento, que ya estudiamos anteriormente.

 

2. El momento posterior al efecto

En rutinas de varias fases, cuando los espectadores están reaccionando a un determinado efecto, también podemos aprovechar ese momento para preparar la fase siguiente.

En una rutina de ambiciosa, por ejemplo, puedes aprovechar el pasmo de los espectadores ante la subida de la carta firmada para enfilarla con la carta superior del mazo, con lo que estás en condiciones de repetir inmediatamente el efecto.

Para ello, le pides a un espectador que corte la baraja. Colocas la supuesta carta firmada -en realidad una carta indiferente por el enfile previo- por donde ha cortado. Le pides que dé un golpecito sobre la baraja y a continuación que vuelva él mismo la carta superior. El pasmo suele ser considerable.

Yo suelo realizar esta treta dos o tres veces, según el público que tenga delante.

 

3. El momento posterior a un gag

En el momento posterior a un gag también baja brutalmente la atención.

Recordemos el clásico juego de Tamariz, donde le da a un espectador una carta de dorso para que la sostenga y luego le pide a alguien del público que nombre una carta cualquiera.

Entonces, mientras habla, Tamariz coloca encima de la baraja la carta nombrada.

Luego, creando tensión, vuelve la carta que sostiene el espectador.

No es la carta nombrada, sino el comodín “que vale por todas”.

Aprovechando que el público se desternilla ante la broma, Tamariz enfila la carta por la elegida, volviéndosela a dar inmediatamente al espectador para que la vuelva a sujetar de dorso al público.

Cuando las risas han acabado, y tras un crear una nueva tensión, se muestra finalmente que el comodín se ha convertido en la carta deseada.

Otro ejemplo es el de Ricardo Rodríguez y su billete a la bombilla, que ya te conté en el artículo sobre la cobertura.

 

4. El final del juego

Cuando se siente que el juego ha acabado realmente, ocurre otro bajón importante de la atención que podemos aprovechar para realizar alguna maniobra secreta. Puedes aprovechar ese momento para cambiar un elemento trucado por otro inocuo, o viceversa puedes poner un elemento trucado en juego.

Veamos un manejo con el que puedes cambiar, por ejemplo, de baraja trucada (u ordenada) a una normal, o viceversa.

Pongamos que acabas de terminar un efecto con una baraja normal que sostienes en posición de dar de tu mano izquierda. Ahora anuncias que vas a realizar un efecto con otro elemento, en este caso asumiremos que son monedas.

Dicho esto, tu mano derecha baja al bolsillo derecho de la chaqueta en busca del monedero (o lo que sea que vayas a usar) y acto seguido, tras un gesto facial de extrañeza al no encontrarlo, tu mano izquierda baja al suyo.

Entonces pones cara de haberlo encontrado –sin exagerar- y sale primero tu mano derecha con el monedero y, a continuación, la izquierda con la baraja.

Lo que los espectadores no saben es que has aprovechado toda la secuencia para cambiar la baraja de mano izquierda por otra trucada o en mnemónica que usarás tras el efecto de monedas.

También podrías haber utilizado esta misma secuencia para cambiar una baraja trucada por otra normal.

Imagínate las ventajas que esto supone. Los espectadores llevan toda la sesión mezclando todo el rato y, tras el efecto de monedas, realizas con la nueva baraja (en mnemónica) un par de efectos de baraja ordenada y al final terminas con una reordenación total del mazo.

En ningún momento los espectadores recordarán que cambiaste de baraja, ya que la maniobra ocurrió durante el bajón del final de juego y además estuvo totalmente enmascarada por una cobertura de tipo meter y sacar elementos.

Como ya se ha señalado, también puedes cambiar un elemento trucado por otro inocuo, que puedes dejar sobre la mesa por si al final de la sesión alguien expresa curiosidad por él.

Entonces puedes, como quien no quiere la cosa dejárselo, para que esa persona examine y despeje toda sospecha sobre su inocuidad.

Me viene por ejemplo a la mente el juego de Alberto de Figueiredo en su libro 13, donde una carta nombrada libremente por un espectador tiene escrito en su dorso precisamente el nombre del espectador que la ha elegido.

La carta no es examinable al final del efecto, pero Alberto cuenta que, normalmente, su ayudante hace un replicado de la misma que sí se puede examinar.

De este modo, si al final del espectáculo el espectador en cuestión se interesa por la carta, Alberto puede decidir “espontáneamente” buscar este duplicado y regalárselo sin peligro a esta persona.

Todo un detalle de profesionalidad.

 


MISDIRECTION ACTIVA

En la misdirection activa el mago sí que tiene dirigir la atención del espectador o entretenerla de algún modo para realizar impunemente alguna acción secreta.

A continuación, te citaré siete estratagemas a las que puedes recurrir para generar eficazmente este tipo de misdirection.

1. Un primer principio básico es mirar hacia dónde quieres que miren los espectadores, de modo que puedas realizar la acción secreta en algún otro lugar alejado de tu mirada.

Mira al lugar o al elemento que quieres que miren los espectadores, ya sea porque quieres que se recuerden ciertas condiciones, ya sea porque quieres que se percaten bien del efecto que está sucediendo, o bien porque estás realizando una acción secreta en alguna otra parte.

 

2. Saca un objeto llamativo, ya sea por lo insólito, por su tamaño inusual o su color llamativo.

En el momento en que lo presentes suscitará poderosamente la atención de los espectadores, lo que puedes aprovechar para realizar una acción secreta con la otra mano.

Puedes por ejemplo meter ambas manos en los bolsillos de la chaqueta y sacar un pañuelo amarillo con la derecha al tiempo que la izquierda empalma una moneda gigante de su bolsillo (para producirla posteriormente).

Al margen de la cobertura de meter y sacar, todas las miradas se irán al pañuelo de color llamativo.

Obviamente, en coherencia con el punto anterior, recordarás mirar el pañuelo con interés al sacarlo.

 

3. Si trabajas en pareja, lo tienes fácil. Mientras tu compañero realiza algún efecto, las miradas de los espectadores se irán hacia él, lo que puedes aprovechar para realizar acciones secretas. Y viceversa.

 

4. Recurre a un gag divertido, éste creará unos momentos de dispersión de la atención que puedes aprovechar (recuerda el ejemplo del billete a la bombilla de Ricardo Rodríguez).

Si el gag (o la sorpresa) es demasiado llamativo (una explosión, aparición o disparo al otro lado del escenario), entonces la misdirection creada es percibida conscientemente por los espectadores, lo que ocasiona la sospecha obvia de que el mago ha hecho algo durante el momento de despiste.

Algunos magos recurren a esta treta en forma de gag, que además suele ser muy divertido para los espectadores.

Alberto de Figuereido, por ejemplo, coloca una baraja entre sus manos diciendo que va a desaparecer. De pronto alguien entra por el otro lado del escenario, vociferando y armando un pitote.

Cuando el intruso se marcha, la gente vuelve a fijarse en Alberto, que sigue con la misma postura de tener algo entre las manos y con una sonrisa irónica en los labios.

Ha aprovechado el momento de despiste para introducir la baraja en el bolsillo.

Ningún espectador lo ha visto pero todos saben que ha aprovechado el momento de despiste creado por su ayudante.

El ritual que Alberto realiza a continuación para hacer desaparecer la baraja es muy divertido, ya que los espectadores saben de sobra que la baraja ya no está entre sus manos.

 

5. Pon caras.

Poner caras es un poderoso reclamo de la atención. Por cuestiones de supervivencia, estamos programados genéticamente para detectar rápidamente cualquier emoción en el rostro de los demás.

En cuanto una cara cambia su expresión, lo notamos y nos fijamos en ella con total prioridad.

Yo aplico esta estratagema en una versión del Espectador corta por los ases realizada por Gabi donde, tras cortar el espectador, sólo dos de los cuatro paquetes tienen dos de los ases cada uno.

Tras el corte del espectador, los cuatro paquetes están distribuidos por el tapete formando un cuadrado.

A continuación, Gabi coge las dos cartas superiores de los dos paquetes donde se encuentran los ases (en diagonal uno con respecto al otro) y, al mirarlos, pone una cara de sorpresa para, a continuación, dejarlos cara arriba sobre los otros dos paquetes.

Esta expresión facial ejerce de misdirection –además de poderoso nudo de paréntesis de olvido- y, cuando Gabi vuelve a coger dos ases de los mismos paquetes, absolutamente nadie repara en este hecho. La atención de los espectadores se ha ido al rostro –amén de la lógica expectativa por ver las cartas- y han perdido por completo la referencia de dónde se cogieron las dos primeras cartas. 

Realizo habitualmente este efecto y es una pura maravilla.


6. Sacer o despedir espectadores

Esta misdirection es demoledora. El espectador que sale al escenario al abrigo de los aplausos del público. Ceguera total. Esta técnica es usada, entre otros, con gran maestría por parte de Magomigue.


 

7. Otra estrategia de misdirection activa muy poderosa es la misdirection temática a la que le dedicamos un artículo hace unos meses.


En el próximo artículo hablaremos de presentación


¡Feliz semana!


NOTA: La foto de cabecera está sacada de chambermagic.com

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