LO VISUAL FRENTE A LO MISTERIOSO EN MAGIA por Mariano Vílchez
Cumplo con mi objetivo semanal de publicar cada viernes. A ver si consigo cumplirlo. Hoy por pocas si lo logro debido al arraque del curso escolar (soy profe, por si no lo sabías). Gracias a todos los lectores que me seguid cada semana. Hoy toca un tema muy muy interesante: el dilema de lo visual frente a lo misterioso en magia.
¿Arracamos?
Un efecto es visual porque, entre otras cosas,
posee un intervalo crítico es muy corto.
Esto quiere decir que el tiempo que pasa desde
que el espectador asiste a la situación inicial hasta que presencia la final es
muy breve, lo que supone un contraste mágico muy potente.
Sin embargo, a pesar de esta seductora ventaja
inicial los efectos muy visuales pueden llegar a adolecer de ciertos
inconvenientes en relación con los más misteriosos.
En concreto, suelen presentar cuatro
desventajas.
1. Suelen ser efectos rápidos y el espectador se los puede perder si distrae su atención un momento.
Este inconveniente no es
tan grave, tan sólo hay que procurar asegurar la atención del espectador hacia
el lugar del efecto unos instantes antes de que se suceda, amén de otras
medidas que veremos en un próximo artículo sobre la claridad.
2. El método suele ser más rastreable que en
efectos menos directos y más misteriosos.
A veces ocurre que, debido su corto intervalo
crítico, estos efectos se dan muy cerca del momento y del lugar de la trampa,
salvo, claro está, que se establezca alguna pertinente falsa continuidad previa
al efecto, lo cual no suele ser el caso en la mayoría de ellos.
Obviamente, esta cercanía en el espacio y en
el tiempo puede, en ocasiones, volver accesible la solución del efecto.
3. Hay poco misterio en estos efectos. Se
pierde en ellos la emoción de ocultar, así como el suspense de la revelación.
4. La mayoría de las veces los elementos
implicados en este tipo de efecto no son examinables.
Ésta es una característica bastante presente
en los efectos visuales. Normalmente no pueden darse a examinar y, lo que es
peor, son precisamente estos efectos los que suelen despertarles a los
espectadores más ganas de examinar los elementos presentes en ellos.
Estudiemos un par de rutinas viendo cómo se
cumplen en ellos los principios anteriores.
Para nuestro primer ejemplo, compararemos un
par de opciones de transposición de navajas de distinto color.
a. En la primera opción, cogemos en cada mano
una navaja con ambas cachas de colores diferentes, supongamos que blanco y
negro.
Mostramos las navajas por ambos lados mediante
algún pase tipo paleta, la navaja de la mano derecha se muestra como negra
(mostrando siempre la cacha negra) y la de la mano izquierda como blanca
(mostrando siempre la cacha blanca).
Ahora cerramos las manos y las volvemos a
abrir.
Durante este movimiento le hemos dado media
vuelta a ambas navajas. La ilusión de que se acaban de trasponer las navajas es
perfecta, muy clara e hipervisual.
b. En esta segunda opción, partiremos de
también de dos navajas pero en esta ocasión una será blanca-blanca y la otra
negra-blanca (expuesta por el lado negro).
Ambas navajas estarán dentro de un pañuelo.
Doblamos el pañuelo, ocultando las navajas y fingimos sacar del mismo la navaja
blanca, cuando en realidad es la que sacamos es la supuesta negra, mostrando su
lado blanco.
Ahora cerramos el puño y, tras un pase mágico,
invitamos al espectador a que desdoble el pañuelo para coger la navaja que
ahora se encuentra allí.
Inesperadamente es la blanca.
Entonces nosotros corroboramos la trasposición
mostrando que la navaja que tenemos hora en el puño es la negra, ya que la que
hemos dado medio giro.
A continuación, mostramos falsamente que la
navaja es negra por ambos lados, mediante algún pase tipo paleta, y finalmente
recogemos la otra navaja de las manos del espectador.
Si comparamos las dos rutinas, vemos que la
primera es claramente la más visual, ya que su intervalo crítico es el más
corto: cerrar las manos, volverlas a abrir y las navajas se han transpuesto.
Sin embargo, a pesar de su visualidad, esta
opción sufre de algunos de los inconvenientes citados. Los espectadores tienen
que estar muy atentos en el momento del efecto si no quieren perdérselo, hay
poco misterio y las navajas no se pueden dar examinar.
Además, lo que es peor aún, es muy probable
que algún espectador sienta ganas de examinar las navajas, ya que la solución
de los diferentes colores de cachas es bastante intuitiva como método.
La segunda rutina, en cambio, es menos visual.
Sin embargo, es mucho más misteriosa por la emoción que supone el tiempo de
ocultación tanto en el pañuelo como en la propia mano del mago.
Además es parcialmente examinable, ya que el
propio espectador se adueña de la navaja del pañuelo al final y, una vez que
compruebe que es normal, es muy probable que infiera que la que queda en manos
del mago también lo es.
Por ello, en este caso es mucho menos probable
que el espectador dé con el método del efecto.
Vamos ahora a nuestro segundo ejemplo que
comparará dos alternativas de transformar una carta por doble lift.
a. En el primer caso realizas el doble volteo
mostrando, por ejemplo, el Dos de Picas.
A continuación, vuelves a voltear el doble,
coges la carta superior y la giras sobre la propia baraja, mostrando que ahora
es un Rey de Corazones.
b. En el segundo caso, tras realizar el doble
lift mostrando el Dos de Picas y volverlo a voltear, coges la carta superior y
la colocas de dorso sobre la mesa.
Ahora instas a un espectador a que coloque su
mano encima.
Pasados unos instantes, le pides al espectador
que levante la mano y que gire, él mismo, la carta.
Entonces descubre que es el Rey de Corazones.
Obviamente el primer caso es más visual. Su intervalo crítico es muy corto, por lo que el contraste entre el Dos de Picas y el Rey se acentúa al máximo.
Sin embargo, precisamente por esta brevedad del
intervalo crítico, el momento y lugar de la trampa son muy cercanos, por lo que
el espectador puede rebobinar e incluso pedir a examinar la baraja en busca del
Dos, lo que sería peligroso, ya que se encuentra ahora en la posición superior
del mazo.
Por el contrario, el segundo caso es menos
visual. Su intervalo crítico es más largo, al pasar más tiempo desde que se
muestra el Dos hasta que el espectador levanta la mano para comprobar que la
carta se ha transformado en un del Rey.
A cambio, hay más misterio, ya que la carta se
oculta un tiempo bajo la mano del espectador.
Por otro lado, es más difícil que se rebobine
por el paréntesis de olvido, tanto en el tiempo como en el espacio (la carta
termina lejos de la baraja), desde que muestra el dos por primera vez hasta que
se revela el rey.
Ahora es mucho menos probable que el
espectador nos pida examinar la baraja en busca del dos.
USO ADECUADO DE LOS EFECTOS VISUALES
En Diseñando Milagros, Darwin Ortiz recomienda
dos usos de los efectos visuales.
El primero es su uso como detalles visuales,
gags y sorpresas mágicas que ayudan a crear la atmósfera mágica que acompaña a
las rutinas más prioritarias.
Dentro de este tipo de efectos, incluiríamos
por ejemplo, el cigarro en la nariz, la copa de champán que flota o incluso el
detalle de la cerilla que se saca encendida.
Estos efectos, como se ha dicho, son
detallitos mágicos que potencian tanto la rutina como la sesión en general.
Sin embargo, no son adecuados, salvo
excepciones, para utilizarlos como efectos claves o primordiales dentro de la
misma.
Supongamos el efecto del Airbone Glass o vaso
flotante.
Si lo hicieras como efecto principal,
alargándolo y enfatizándolo en sí mismo, al cabo de un rato, probablemente
algunos espectadores llegarían a sospechar de la solución hilo.
Sin embargo, si, entre efecto y efecto, o en
mitad de una rutina, sientes sed y te sirves una copa de vino, por ejemplo,
soltando un instante la copa para dirigirte a los espectadores como quien no
quiere la cosa y luego vuelves a la rutina, el efecto, por breve, visual y
sorprendente, se verá reforzado y pondrá a los espectadores de buen tono para
seguir procesando mágicamente el juego o el resto de la sesión.
Además, los factores sorpresa y brevedad
propiciarán que los espectadores no tengan demasiado tiempo ni ánimo como
plantearse un método, entre otras cosas porque el mago pasará rápidamente al
siguiente manejo o juego tras el efecto.
COMBINACIÓN ÓPTIMA ENTRE LO VISUAL Y LO MISTERIOSO
Reflexionando a partir de planteamientos
leídos de Darwin Ortiz y escuchados en vivo a Miguel Ángel Gea, he llegado a la conclusión
de que hay dos formas especialmente efectivas de combinar lo visual y lo
misterioso.
1. La primera manera sería realizando un
efecto visual previo a otro efecto más misterioso y global que confirmase el
primero.
Construir una rutina con esta premisa combina
lo mejor de ambos enfoques.
Miguel Ángel Gea se refiere a este esquema con
el término de Micro Macro.
Veamos unos ejemplos.
a. En un triunfo de Gea se extraen unas pocas
cartas y luego se mezcla el resto de la baraja cara arriba y cara abajo.
Con las cartas extraídas se realiza un
minitriunfo muy visual, es decir que, tras mezclarlas cara arriba y cara abajo,
al final se colocan todas de dorso.
Entonces se extiende el resto de la baraja, y
se comprueba que las cartas de la baraja también se han reubicado y están todas
de dorso.
b. En una versión del agua y aceite de Miguel
Puga, el espectador comienza mezclando la baraja. Luego Miguel saca tres cartas
negras y tres cartas rojas y realiza con ellas una rutinita de agua y aceite.
Para terminar, extiende el resto de la baraja,
mostrando cómo, a pesar de la exhaustiva mezcla inicial, todas las cartas rojas
están separadas de las negras.
c. Los propios Ases Mcdonald entran en este
esquema.
En la mayoría de las versiones cada as va
desapareciendo de una forma muy mágica y visual y, al final, las cartas
reaparecen en el montón del as líder.
La reaparición es más misteriosa que visual, y
a su efectividad ayuda el hecho de que el espectador coloque su mano sobre el
paquete del as líder durante toda la rutina, amén de aplicar el concepto de
falsa proximidad que vimos en artículo previo.
2. La segunda manera muy adecuada de combinar
lo visual con lo misterioso sería invirtiendo el orden del supuesto anterior,
presentando una rutina de varias fases donde el efecto suceda repetidamente de
forma misteriosa para ofrecer, hacia el final de la rutina (a veces en el
centro), un versión muy visual de este efecto que confirme el modo en que ha
tenido lugar en las fases previas.
Me vienen a la mente ciertas versiones del
Sueño del Avaro donde, al principio, la producción es menos visual (se saca la
misma moneda una y otra vez, y se deja caer en el cubo) predominando el sonido
de las monedas que van chocan en la cubitera sobre el efecto visual de la
aparición.
Sin embargo, en algún momento de estas rutinas
se realizan producciones más visuales (a menudo desde el empalme de Nelson
Downs), viéndose clarísimamente cómo varias monedas surgen de la mano vacía y
van cayendo de ésta a la cubitera.
Otro ejemplo exquisito es el pop up de Larry
Jennings, un pase de ambiciosa muy potente, y sobre todo muy eficaz en una fase
avanzada de la rutina.
Gracias a esta técnica, la carta combada
introducida en el centro se ve surgir del lomo de forma instantánea, una
confirmación visual maravillosa de todo lo que ha ido sucediendo
misteriosamente en fases previas.
Una última idea.
Colocar un pase visual hacia el final de una
rutina tiene otra ventaja añadida.
Y es que, como pasa en el ejemplo anterior,
para cuando sucede dicho pase, la gente está ya muy atenta y muy a la
expectativa por todo lo sucedido previamente.
Por eso, cuando este efecto más visual
acontezca, es poco probable que los espectadores se lo pierdan por no estar
atentos, algo que sí podría ocurrir si se diera muy al principio de la rutina.
Hasta el el próximo artículo, donde hablaremos de nuevo sobre presentación.
NOTA: La foto de Larry Jennings de cabecera está sacada de la web vitualmagie.com



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