EL GESTO MÁGICO por Mariano Vílchez
El gesto mágico es un gran potenciador de impacto, pero normalmente no le damos la importancia que se merece.
A menudo no consiste más que en un simple e
intrascendente chasquido de dedos o, a lo sumo, en algún sonido bucal, del cual
muchas veces el mago no es ni siquiera consciente.
En un juego bien estructurado, el gesto mágico
suele darse una vez que se ha realizado la trampa y (normalmente) tras haberse
establecido algún tipo de falsa continuidad o acción de continuidad aparente
(técnica, argucia o recurso psicológico que demuestra o sugiere que la
situación inicial sigue siendo la misma a pesar de la trampa).
Volvamos al juego que vimos en el artículo
reciente de la teoría de los nudos. En esta desaparición de moneda, la
descargábamos al regazo, al ir a cogerla de la mesa con la mano derecha.
Tras la descarga, dicha mano finge un falso
depósito a la mano izquierda.
(En realidad, este falso depósito es un bluff,
ya que la mano derecha está vacía por la descarga previa y no tiene moneda
alguna que depositar en la mano izquierda.)
A continuación, reajustamos los dedos de la
mano izquierda como recolocando la inexistente moneda (acción de continuidad
aparente psicológica).
Finalmente llega el momento decisivo. Sabemos
que la moneda ya no está en la mano, pero para el espectador –si hemos hecho
bien las cosas- sí que sigue estando en ella. Por lo tanto, para ser coherentes
con la vida externa del efecto (o punto de vista del espectador), tenemos que
generar una causa para que la situación cambie mágicamente para él.
Y esa causa es el gesto mágico.
Podemos por ejemplo soplar sobre la mano,
imaginando que la moneda se deshace en humo con nuestro soplo. Sentimos su
desaparición. Es el instante del ya referido punto g (momento imaginario en el
que sucede la magia).
Ahora abrimos la mano izquierda. Está vacía.
En un gesto expresivo se muestran vacías ambas
manos.
Sentir de verdad que el gesto mágico genera
el efecto
Como mago, es importante sentir que tu gesto
mágico es el que genera el efecto. Tienes que olvidarte de que hiciste la
trampa, de todas las argucias y sutilezas que usaste para llegar al momento de
la revelación.
Tienes que obligarte a sentir que la situación
inicial no ha cambiado y que, un instante antes de realizar el gesto mágico,
las cosas están como al principio.
En el caso del ejemplo, tienes que sentir que
la moneda sigue en la palma de tu mano izquierda. Para ello es importante tener
automatizado el efecto, poder hacerlo sin pensar, hasta tal punto que sea más
fácil realizarlo con sus trampas que sin ellas.
Y entonces, cuando realizas el gesto mágico,
tienes que sentir y visualizar que en ese preciso momento la magia realmente
ocurre (como así sucede para los espectadores).
Veremos más detalles sobre este proceso, pero
antes vamos a estudiar cuáles son las características que debería tener un buen
gesto mágico para ser realmente eficaz en su propósito.
CARACTERÍSTICAS DE UN BUEN GESTO MÁGICO
Tras estudiar a distintos autores y
experimentar con sus propuestas, he llegado a la conclusión de que, para ser
potente y eficaz, el gesto mágico debería cumplir alguna(s) de las siguientes
características.
(La última característica es una posibilidad
interesante que te invito a investigar.)
1. El gesto mágico debería vivirse ya asumirse
como un gesto que realmente genera el efecto
Como ya te he dicho, te lo tienes que creer.
Tienes que imaginar que tu gesto genera el efecto, y no sólo eso, sino que
también tienes que visualizar el modo concreto en que manifiesta este efecto.
En nuestro ejemplo, puede que la moneda
desaparezca volviéndose invisible, o puede que se deshaga entre los dedos como
si fuera polvo o, quizá, tal y como lo hemos elegido en este caso –en
consonancia con el gesto mágico de soplar-, la moneda puede desaparecer
deshaciéndose en humo.
Sé que puede parecer excesivo el tener que
añadir este trabajo de imaginación a tu guion interior, pero te aseguro que le
puede dar el toque definitivo a tus revelaciones.
Por otro lado, mientras visualizas el modo
concreto de manifestación de tu efecto –en este caso la desaparición de la
moneda–, lo que te aseguras al menos es que tu actitud corporal y mental van a
transmitir la sensación de que la moneda sigue en tu mano hasta el último
momento, lo que establece una sutil falsa continuidad psicológica global que
potenciará enormemente el clímax de la revelación.
2. Sería interesante que el gesto mágico
fuese específico para cada efecto o fenómeno, evocando y sugiriendo la forma en
que dicho fenómeno o efecto sucede a nivel ficcional
Veamos algunos ejemplos.
a. En su carta ambiciosa visual, Ray Kosby va
realizando un suave aleteo de muñeca como propulsando la carta hacia arriba. El
gesto es coherente, ya que la sensación es la de que esos impulsos van haciendo
subir la carta elegida, atravesando progresivamente todas las cartas por encima
de ella hasta llegar a la posición superior.
b. En el transcurso de una carta al número, te
nombran una carta y te dicen un número. A continuación, coges la baraja (que
está dentro de su estuche) y te la acercas a la boca diciendo “¡Llamando al
Tres de Corazones (o a la carta que sea)!”.
Finalmente, la colocas sobre la mesa y con el
dedo índice dibujas sobre ella el número que te han dicho de una forma muy
clara.
Para terminar, le das a un botón imaginario,
tras lo cual un espectador saca la baraja del estuche y comprueba que la carta
nombrada está en la posición requerida.
Toda la imaginería ha versado sobre un
supuesto ascensor por el que sube una carta a la que se le ha avisado
previamente y luego se ha llamado, dibujando el número de piso y presionando
finalmente el botón de llamada.
Por más absurda que pueda parecer esta
ficción, no es menos cierto que el gesto mágico ha sido coherente con ella,
evocándola desde el principio.
(Hay que hacer notar, por otro lado, que en
este ejemplo también nos hemos beneficiado del concepto de falsa proximidad que
ya vimos en un artículo anterior.
c. Para potenciar la sensación de que una
carta va a atravesar la mesa, Gabi Pareras va girando las cartas empujándolas
contra la mesa con una mano, evocando la sensación de un tornillo que penetra
la mesa, hasta que los espectadores “sienten” que una determinada carta la ha
atravesado.
A continuación, saca la otra mano de debajo de
la mesa mostrando que, efectivamente, una carta ha caído en ella.
d. Al final de una rutina cualquiera (y una
vez alcanzada la situación final), se regresa en el tiempo, volviéndose a la
situación inicial (antimatrix, antiasamblea, etc).
Para sugerir ese regreso al pasado, la mano
derecha traza sobre los elementos un círculo inverso al sentido de las agujas
del reloj, evocando simbólicamente con este gesto la sensación de vuelta atrás
en el tiempo.
e. Tamariz, al realizar su agua y aceite
entrelaza y separa poco a poco los dedos de sus dos manos para insinuar la
paulatina separación de las cartas rojas y negras previamente intercaladas.
3. El gesto mágico no tiene por qué
depender exclusivamente de las manos
En un Alicante mágico Gea hablaba sobre la
conveniencia de atenuar la presencia de las manos en la mente del espectador.
Una de las ideas vistas allí era la
posibilidad (y Gea la usa a menudo en su magia) de que el gesto mágico
consistiese en algo alternativo al típico gesto de la mano, por ejemplo, un
soplo, una mirada (que recorriese la trayectoria invisible de una moneda), un
silbido, un silencio, una palabra o incluso una expresión facial.
4. El gesto mágico lo puede realizar el
espectador
Ésta es una opción no demasiado utilizada (y
que creo está aún por desarrollar plenamente en el campo del ilusionismo). Se
trata de crear rutinas donde el espectador propicie la magia a través de un
ritual generado por sus propios manejos y un cierto trabajo mental.
En una de mis rutinas, por ejemplo, empiezo
cortando y localizando los ases.
Para empezar, suelo pedir una baraja prestada.
Cuando me la dan, mientras pregunto si está completa y la voy examinando, voy
culeando secretamente los ases de modo que quedan en la parte superior del mazo
al cerrar la extensión.
En el caso de que use mi propia baraja, lo que
hago es empalmar los ases y dar a mezclar a varios espectadores mientras
comento algo acerca del juego que viene.
Finalmente, cuando me la devuelven, aprovecho
ese momento para añadir secretamente los ases encima de ella, al tiempo que
realizo alguna pregunta obnubilante para asegurarme de que nadie detecta la
maniobra.
A continuación, procedo con mi ritual. Me
froto las manos y cierro los ojos un momento.
Inmediatamente después, produzco los ases uno
a uno. Para ello me valgo de falsos cortes y florituras varias. La forma de
producirlos es lo de menos, tú puedes usar tus manejos preferidos.
Entonces le explico al espectador que para
encontrar los ases he seguido un determinado ritual. Le cuento que “primero he
frotado mis manos para activar mi toque mágico y luego he cerrado los ojos
pensando en algo que me gusta especialmente, algo que valoro mucho. Gracias a
eso, cuando corto después la baraja, encuentro naturalmente lo más valioso de
ella, sus cuatro ases”.
Tras esta explicación recojo la extensión de
modo que los ases queden en posición para realizar alguna rutina del tipo El
Espectador Corta los Ases.
Si no conoces ninguna, investiga un poco y
apréndete alguna versión porque éste es uno de los efectos de cartomagia más
fuertes que se le pueden hacer a un espectador.
Una versión sencilla de realizar de este
efecto es Final Verdict de John Bannon pero hay otras muchas excelentes.
El caso es que ahora le digo al espectador que
él mismo va a realizar la rutina siguiendo mi ritual. Entonces me froto las
manos de nuevo y le pido que coloque sus palmas contra las mías con la excusa
de que le “voy a traspasar un momento mi toque mágico”.
Después, le pido que cierre los ojos y piense
en algo que valore especialmente, seres queridos, un lugar especial, hobbies,
algo que coleccione, etc.
Finalmente le pido que abra los ojos y acto
seguido lo invito a cortar la baraja cuatro veces siguiendo el procedimiento
requerido por la rutina elegida del espectador que corta por los ases.
Cuando comprueba que ha cortado exactamente
por los cuatro ases, el impacto es demoledor.
Se podría considerar que la rutina tiene un
cierto enfoque trascendente. Si te fijas, le pido al espectador que piense en
cosas que quiere y valora, lo cual siempre genera sensaciones positivas a nivel
personal. Por otro lado, este proceso mental previo propicia que el impacto de
la revelación suba enteros.
Además, existe cierta verosimilitud ficcional
en el planteamiento que puede llegar a seducir a más de un espectador. Si
pienso en cosas valiosas antes de cortar, ¿no es lógico que, de algún modo,
encuentre cartas valiosas?
Una última idea, al transmitir mi toque mágico
contactando mis palmas con las del espectador, lo hago consciente de mi rol
como catalizador de la magia que va a suceder.
Al decirle que le voy a traspasar mi toque
mágico por un momento, evito que luego en casa se frustre, al intentar seguir
el ritual y no lograr él mismo cortar por los ases de nuevo.
5. Anclar la emoción o la sensación que se
pretende generar en el gesto mágico (o el principio Mary Poppins)
En el experimento de Pavlov se hacía sonar una
campanilla y luego se le daba de comer a un perro que salivaba ante la comida.
Tras unos cuantos ensayos, al final se hacía sonar la campanilla sin comida y
el perro salivaba igualmente.
La campanilla se convertía, pues, en un
estímulo condicionado que generaba un reflejo también condicionado: el hacer
salivar al perro en el momento preciso.
Lo que te propongo ahora es convertir el gesto
mágico en especie de estímulo condicionado, cual campanilla capaz de activar
una emoción suplementaria a la generada por el efecto en sí mismo.
Se trata de introducir en tu guión la descripción de algún problema, deseo o emoción positiva y luego comentar que sería maravilloso que, con tan sólo realizar un gesto mágico, el problema se solucionase, el deseo se hiciera realidad o se experimentara dicha emoción.
Al tiempo que dices esto, realizas el gesto mágico y pronuncias unas determinadas palabras.
Repites el procedimiento una y dos veces, y al final, cuando vas a
realizar el efecto, vuelves a realizar el mismo gesto mágico y pronuncias las
mismas palabras que antes.
Esto provocará, por asociación, una descarga
emocional añadida a la generada por el propio efecto.
Te pongo un ejemplo propio.
A mis conocidos les impacta cuando hago el
juego del triunfo, sobre todo porque este efecto lleva implícita la idea del
caos, algo no ajeno a mí, pues quien me conoce sabe de sobra que soy bastante
desordenado.
Al hacer el juego, en ocasiones recurro a la
premisa de la película de Mary Poppins.
Les recuerdo a los espectadores cómo la
heroína ordenaba mágicamente el cuarto de los niños. Éste es un momento de la
película bastante memorable que todo el mundo recuerda.
Comento entonces que con tan sólo un gesto
mágico -en este momento realizo una especie de aleteo con los dedos, como
tocando un piano imaginario- la protagonista ha conseguido que “todo se ordene
mágicamente”.
(Fíjate que acabo de conectar el gesto mágico
con unas palabras precisas.)
Entonces sigo y digo que sería fantástico que
con un simple movimiento de dedos (y de nuevo realizo el mismo gesto mágico de
aleteo con los dedos), “todo se ordenara mágicamente”.
Observa que ahí establezco de nuevo la
asociación gesto-palabras, vinculándola desde un primer momento al recuerdo de
la película.
Finalmente, cuando me dispongo a revelar el
efecto del triunfo para mostrar que todas las cartas menos la elegida vuelven a
estar en el mismo sentido, de nuevo realizo el mismo aleteo de dedos como gesto
mágico y digo las mismas palabras, con lo que en ese momento los espectadores
experimentan en cierta medida –o al menos así lo espero, al hacerlo- las
emociones suscitadas por esa escena de la citada película, y en lo personal,
las suscitadas por la gran ventaja que supondría esta capacidad mágica de
organizar el caos en nuestra vida.
Esto contribuye a que el impacto sea mucho
mayor cuando se extienden las cartas, sobre todo si se propicia además un
atisbo, concepto que se explica un poco más adelante.
Este recurso, una aplicación de la PNL en
Magia, me fue inspirado por Derren Brown, quien lo utiliza de la siguiente
manera.
Lo que hace Derren es que suscita verbalmente
una determinada emoción de sus espectadores para luego “anclarla” en el
espectador tocándolo de una determinada manera, por ejemplo en el hombro, o
bien realizando algún gesto visual concreto en ese mismo momento.
Más tarde, cuando se revela el efecto, el
mentalista inglés vuelve a activar el ancla, tocando al espectador del mismo
modo o realizando el mismo gesto visual previo para que de esta forma se
suscite dicha emoción.
El término anclar hace referencia al
condicionamiento usando terminología de la programación neurolingüística.
La diferencia entre la estrategia de Derren
Brown y lo que te planteo en este epígrafe es que el ancla (o condicionamiento)
sean el propio gesto mágico y las palabras que se pronunciarán al final.
El fin de semana que viene volveremos a hablar de presentación...



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