7 USOS (A MENUDO DESCUIDADOS) DEL PARÉNTESIS DE OLVIDO por Mariano Vílchez



En este artículo:

  • Verás aplicaciones muy sutiles del paréntesis de olvido a menudo descuidadas.
  • Aprenderás algún detalle que volverá aún más limpieza y fluida. 
  • Aprenderás una sutileza que te permitirá cortar sin titubeos y de primeras el número de cartas pedido por el espectador de una baraja (en mnemónica).


Ya hemos hablado en otros artículos del paréntesis de olvido.

Este concepto clave, acuñado por Ascanio, consiste en establecer una distancia temporal (y a veces espacial) entre el momento de la trampa y el de la revelación del efecto para evitar así que el espectador establezca en su mente la relación entre la acción tramposa y el propio efecto.

De este modo se evita que el espectador establezca la conexión entre el efecto y el manejo donde sucedió la acción tramposa.

Normalmente, cuando se produce el efecto mágico, el espectador analítico intenta rebobinar para entender en qué momento sucedió la trampa. Este rebobinado no es ni perfecto ni cronológico, ya que el espectador no rebobina de forma continua hacia atrás como lo haría un lector DVD o un reproductor digital.  

Lo que hace realmente es dar un salto hacia atrás hasta algún punto notorio del juego, a partir del cual empieza a avanzar hacia adelante para ver en qué momento pudo darse la trampa. Si el espectador no encuentra nada sospechoso durante ese tramo, entonces intenta rebobinar un poco más lejos, y desde ese nuevo punto inicia de nuevo el recorrido hacia adelante.

Pero si resulta que el nudo o momento donde sucedió la acción tramposa se ha olvidado, porque ha pasado el tiempo suficiente (y cosas interesantes durante ese tiempo), el espectador no recordará ese momento y no podrá agarrarse a él para su análisis.

Siempre pongo el mismo ejemplo básico.

Si realizo un doble lift y muestro una carta y, a continuación, volteo inmediatamente las dos cartas sobre el mazo y muestro la de arriba, se apreciará el cambio pero el efecto será mínimo.

Todo ha ocurrido muy de prisa encima de la baraja y los espectadores tendrán muy fresco en la memoria el volteo inicial y, por supuesto que querrán coger la baraja y ver la carta siguiente.

Claro y en botella.

Ahora bien, si realizo el doble volteo y acerca la carta (doble) de cara sobre la mesa -supongamos un As de picas- y, justo antes de depositarla cara arriba sobre el tapete, me arrepiento porque percibo una pelusa imaginaria y, para quitarla, volteo la carta (en la realidad las dos cartas) sobre la baraja de dorso para apartar la pelusa y ahora cojo la carta superior y lo dejo de dorso sobre el tapete en el mismo lugar donde iba a ponerla al principio, tras decir alguna cosilla para que pase más tiempo, entonces, cuando vuelva esa carta y se vea transformada (en una Reina de corazones, por ejemplo), es mucha más difícil que un espectador se vaya mentalmente a la baraja ni sospeche del volteo inicial.

Y ello por estas razones:

1. Ha pasado tiempo desde el doble volteo inicial.

2. Ha sucedido algo: he quitado una pelusilla.

3. He volteado las cartas por segunda vez sobre la baraja con la excusa de que tenía que liberar un momento la mano derecha para quitar la pelusilla. Al realizar esta acción en tránsito (con el propósito final de quitar la pelusilla), es probable que se olvide. 

4. He colocado la carta de dorso en el mismo lugar del tapete donde se vio poco antes la carta (doble) cara arriba, con lo que la mente unirá estos dos momentos y se olvidará del regreso a la baraja, ya que, además, este sucedió en tránsito.


Pero volvamos al objetivo de hoy.

Vamos a ver hoy siete situaciones concretas, a menudo descuidadas por los magos, donde es conveniente aplicar un paréntesis de olvido si no queremos arriesgarnos a ensuciar irremisiblemente el efecto.

Cuando digo ensuciar, me refiero a que el efecto pierda limpieza, esa cualidad por la que ha de fluir de principio a fin, sin sospechas, ni momentos dudosos donde el espectador piense: “Ahí has hecho algo.”

(En palabras de Miguel Gómez, la limpieza es evitar que se le encienda al espectador la “bombillita” de la sospecha.)

Veamos pues cada de esas siete situaciones donde un paréntesis de olvido puede ser imprescindible para que se mantenga la limpieza de nuestra rutina.

 

1. Al controlar una carta para evitar el sospechoso doble corte inmediato.

Este primer caso lo he visto en muchos magos y “canta”.

Dan a elegir una carta, hacen que el espectador la devuelva e ipso facto realizan un control por doble corte (el control cepo, lo llamo yo).

(A menudo he escuchado profanos susurrar -y hasta comentar en voz alta- tras presenciar dicha acción: ¡Ya la tiene arriba!)

 Por eso, es mejor seguir el consejo de Erdnase de cambiar el momento.

Sea cual sea el control que realices, cuando te devuelvan la carta, guarda el break pacientemente un tiempo mientras charlas o dices algo relevante, y sólo pasados unos instantes procede con el control.

Por ejemplo, en mi caso, a la hora de hacer un control normalmente opto por mezclar por arrastre sobre la carta depositada tras haber pelado la primera en salida interior.

A continuación cuadro y aprovecho para establecer el break.

Sólo unos instantes más tarde (tras una charla conveniente que ejerce de paréntesis de olvido), es cuando procedo a controlar. Para ello, me limito a realizar una mezcla por arrastre donde voy pasando a la mano izquierda todas las cartas que están encima de la carta elegida y luego echo el paquete que queda en mi mano derecha (con la elegida en top) sobre las cartas que hay en la izquierda.

Un falso corte final y, listo, la carta elegida queda arriba.

Sea cual sea el control que uses, también ayuda, una vez se sostiene la baraja en la mano izquierda con el break sobre la elegida, riflear ruidosamente las cartas con los dedos pulgar y mayor de la mano derecha.  

(Normalmente con un par de rifleos los espectadores dejan de mirar la baraja, compruébalo. No conciben que se pueda realizar esa floritura manteniendo algún tipo de control.)

Si te das cuenta, el control que te he descrito es muy similar a lo que hacen los espectadores profanos al mezclar y cortar antes de repartir para jugar a los naipes, de ahí que llame menos la atención (una idea que siempre sostiene el entrañable Paco Rodas).

Un último detalle, también es muy efectivo a la hora de controlar es lo que yo llamo control splash, una idea que viene en el libro Cartomagia Fundamental de Vicente Canuto.

Te lo describo.

En vez de depositar cuidadosamente el paquete sobre la carta elegida (al tiempo que realizas el break con el meñique), lo que haces más bien es dejar caer este paquete desde una posición oblicua (levantándolo unos 10 o 15 cm con un ángulo de 45 grados -como para ver tú la carta inferior- y desde esa altura lo sueltas en perfecta vertical).

Al caer el paquete, su impacto sobre el resto de la baraja provoca la salida injog de sus cartas inferiores (las del paquete), con lo que al cuadrar es fácil, ahora sí, coger un break con el meñique izquierdo.

Si se hace despreocupadamente, esta dejada del paquete sobre la carta elegida desarma por completo a los espectadores, eliminando de su mente toda posibilidad de control o acceso a la carta elegida.

Pero insisto. El control es lo de menos. Lo importante es establecer un razonable tiempo de espera entre break y control.

 

2. Al controlar una carta para su forzaje.

Pongamos que quieres forzar al hojeo la carta top y haces el clásico corte deslizante y luego completas el corte cogiendo un break para proceder al forzaje.

(También tienes la opción, una vez realizado el corte deslizante, de pelar una carta en salida interior y luego soltar unas cuantas cartas encima mezclando por arrastre, para finalmente coger el break al cuadrar. Creo que es más despistante.)

En cualquiera caso, como ocurría con el control, es un error proceder al forzaje de forma inmediata.

Conviene que te esperes un poco antes de iniciarlo, ya optes por el forzaje al hojeo o por el forzaje al alto soltando paquetes. No lo inicies inmediatamente tras conseguir el break. A menudo canta, te lo aseguro.

Aun cuando en este caso hay menos peligro de que el espectador descubra lo que estamos haciendo -entre profanos la idea del forzaje es menos conocida o intuible que la del control-, toda precaución es poca para quitarle al espectador cualquier pista que pueda permitirle atisbar parte del método.

 

3. Al coger separación para un doble volteo.

Obviamente lo mejor es saber realizar alguna versión del doble volteo que no requiera preparación alguna. Pero si no es el caso (o simplemente te gusta un determinado doble volteo con preparación), te conviene igualmente seguir este consejo: Tras la preparación, normalmente consistente en separar las dos cartas con el pulgar desde la posición de cortar y luego recogerla con un break del meñique, conviene establecer un paréntesis de olvido en ese punto, y quedarnos con el break unos instantes antes de realizar el doble volteo.

De esta manera dicha acción no se relacionará con giro de la(s) carta(s) que viene a continuación.

 

4. Al cambiar la cogida en cartomagia.

Si estamos, por ejemplo, sujetando un paquete de cartas en posición de dar de la mano derecha y necesitamos sujetarlo en cogida de punta de dedos para realizar una cuenta Elmsley, resultan un poco afectados y antinaturales los dos cambios de agarre que tienen que suceder para que esto sea posible.

La solución pasa por agarrar un momento el paquetito con la mano izquierda, con la excusa de que la mano derecha realice algún gesto expresivo, tras el cual, un instante después, dicha mano regresa a sujetar de nuevo el paquete con el agarre adecuado.

De esta manera, el cambio de sujeción llamará muchísimo menos la atención, ya que el gesto expresivo se habrá convertido en una acción final que permitirá que el cambio de agarre se realice en tránsito.

 

5. Para potenciar el efecto de visión de rayos X en mentalismo.

Si por ejemplo estás vendado y dispuesto a adivinar los objetos que te muestran en una bandeja, es un detalle echar un vistazo al objeto que te tienden y luego girar la cabeza en dirección contraria, esperando un rato antes de empezar a describirlo.

De esa manera nos aseguramos de que el espectador no establezca vínculo entre la posibilidad de ver a través de la venda y la adivinación en sí.

 

6. Al dar un vistazo a una impresión.

Esta idea es semejante a la anterior.

Si en un juego de mentalismo te enteras de algún dato escrito por el espectador, sea por un vistazo, centro roto o cartera de vistazos, es sabio esperar un rato antes de revelar la información, para evitar que se asocie el momento (o manejo) del vistazo con la revelación de dicha información.

 

7. Con el efecto-gag de contar cartas con mnemónica (idea de Darwin Ortiz).

Te cuento método y efecto a la vez, a lo Harry Lorayne.

Partes de una baraja en mnemónica en posición de dar de la mano izquierda y pides que te digan un número cualquiera de cartas, ya que vas a cortar exactamente ese número de cartas.

Te dicen el número y empiezas a cortar en varios intentos hasta que ves la carta correspondiente al número en orden mnemónico. Entonces, en vez de entregar el paquete para que cuenten las cartas, lo vuelves a colocar sobre la baraja con una separación del meñique izquierdo, al tiempo que dices: “¡Efectivamente!”.

Obviamente alguien protestará. Entonces vuelves a pedir que te recuerden el número, a veces diciendo uno equivocado (sutileza tamariciana).

Cuando te lo vuelven a decir, ¡cortas por la separación sin titubeos gracias al break! Finalmente entregas el paquete, cuentan sus cartas y comprueban que has cortado exactamente el número de cartas solicitado.

La broma permite establecer un conveniente paréntesis de olvido y la segunda vez que se corta, nadie relacionará la broma como parte del método. (Sacado de Diseño de Milagros de Darwin Ortiz)


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