LA PRIMERA FRASE por Mariano Vílchez

 


En este artículo:

  • Aprenderás a valorar la primera frase de tu guión y a usar a tu favor para favorecer el interés y el impacto de tus rutinas. 
  • Aprenderás un efecto ideal para desmontar a los espectadores más analíticos desde un primer momento. 
  • Conecerás algunas frases de inicio muy poderosas para crear misterio desde un primer momento de las que podrás inspirarte para crear tus propias frases de inicio. 


Mi interpretación del concepto de ficción de Gabi Pareras es la de una idea predominante que envuelve el juego de principio a fin.

Esta idea puede ser un leitmotiv, una causa ficticia imaginaria, una idea poética o incluso una mera sensación –en términos de mi amigo Vicente Mustieles- que le ofrecemos al espectador al principio del juego (o incluso antes) para seducirlo, de modo que ya no pueda considerar el efecto sino bajo la luz de dicha idea.

En realidad, la ficción es un sello, una distorsión cognitiva ineludible que obliga a interpretar el efecto bajo su influencia, dándole una nueva dimensión onírica, poética, pseudocientífica o incluso simbólica. Como consecuencia de esta distorsión, el efecto, según la terminología de su autor, Gabi Pareras, se convierte en fenómeno.

He aquí una imagen que seguramente te ayudará a comprender mejor el concepto.

Imagina una cama elástica sobre la que colocamos distintos objetos (un bolígrafo, una naranja, un libro y un zapato, por ejemplo). Estos objetos forman una configuración específica según su posición sobre el cama, pudiendo dar lugar a una determinada interpretación (a lo mejor el bolígrafo apunta al libro, el cual tiene un zapato dibujado similar al que se encuentra en la cama elástica y la naranja puede estar apoyada en el zapato).

Al espectador que contemple la disposición de los objetos sobre el colchón le corresponde ahora darle una interpretación a dicha composición.

Sin embargo, si antes de colocar los objetos sobre la cama elástica, colocamos en el centro de esta una gran bola de plomo, la cama elástica se tensará y creará un espacio curvo alrededor de aquélla, de modo que cuando coloque los objetos, éstos tenderán a moverse hacia ella por la depresión creada a su alrededor, cambiando así la posición de los objetos y, con ella, la configuración e interpretación general de la composición.

Así funciona de alguna manera la ficción en nuestro proceso cerebral. Es como una gran bola de ploma que se deja caer al principio del juego sobre la “cama elástica” de nuestra mente.

La bola ficcional tensa la cama moviendo hacia ella todo lo que coloquemos a su alrededor, de modo que su presencia influirá decisivamente en cómo interpretaremos los hechos que presenciemos a continuación (las fases del juego y sus efectos “fenómenos”).

Es difícil eludir una primera impresión. Su influencia dura mucho tiempo y se requieren muchos datos contrarios a ella para modificarla.

Por tanto, lo primero que digamos al principio de nuestro guión sin duda va a configurar enormemente la percepción de los espectadores acerca del significado del juego que viene. De ahí la importancia de la frase inicial.

Eugene Burger empieza uno de sus efectos preguntando:

¿Sabes qué diferencia hay entre imaginación y realidad?

Tras el titubeo del espectador, realiza la producción de una moneda elegida por un espectador entre tres monedas imaginarias (por medio de un forzaje psicológico).

Cuando simula cogerla con los dedos de la mano derecha para colocarla en la palma izquierda dice:

Esto es imaginación… Y cuando tras apretar el puño con fuerza, abre la mano revelando la moneda dice: …y esto, ¡realidad!

Como puedes apreciar, la frase inicial envuelve todo el efecto y no puede por menos que ejercer su poder seductor en los espectadores, con dos efectos en ellos:

1. Hacerlos reflexionar sobre la idea presentada y

2. Atenuar su tendencia al análisis.

El poder de seducción de la idea deja menos energía a la mente para considerar trampas y métodos. De hecho, aparte de generar intriga y captar el interés inicial, la primera frase obliga a una determinada interpretación por parte de los espectadores.

No podemos evitar dar sentido a todo lo que percibimos y una frase inicial intrigante necesita urgentemente ser interpretada.

En este caso, el espectador está mucho más ocupado en tal tarea que en la de averiguar cómo pudo el mago hacer aparecer la moneda elegida mentalmente.

Aquí van algunas frases iniciales sugerentes (algunas del propio Eugene):

A veces las apariencias engañan…

He comprado esta baraja y me han timado… (con la mental photographic, dices que la impresión es malísima y la vuelves blanca. Si no saben que eres mago, a los espectadores estos les puede suponer un mazazo demoledor).

¿Sabéis qué diferencia hay entre truco y magia?

¿Sabéis cuál es la diferencia entre apariencia y realidad? Algunas veces me han preguntado si escondo cosas en mi barba… y sí, las escondo (en este momento Eugene se extrae un cigarrillo de la barba).

¿Te consideras una persona con suerte?

Voy a haceros el juego más rápido del mundo…

¿Hasta qué punto sois compatibles tú y tu pareja?

Es la última vez en mi vida que voy a hacer este efecto…

Este efecto, los magos tenemos prohibido hacerlo…

Yo realizo una versión de un juego clásico que es muy efectivo para enfrentarse a espectadores analíticos e impertinentes, de ésos que interrumpen, tocan el material y no pestañean mirando a las manos.

Tras el desenlace de este juego, los espectadores suelen relajarse y dejan de molestar.

Te describo efecto y método a la vez, a lo Harry Lorayne.

Este es el gancho inicial: ¿Sabéis la diferencia entre magia y truco?

Ante la falta de respuesta o el titubeo de los espectadores, saco tres cartas de la baraja de dorso. (Los espectadores ignoran que son un Tres de Corazones y dos figuras negras cualesquiera, con el tres colocado en medio de las figuras.)

Voy a explicároslo con un juego. A continuación, realizo el efecto de las tres cartas, donde una carta (en este caso el Tres de Corazones) se coloca debajo de las otras dos y sube una y otra vez.

Para ello haces un doble volteo (preferentemente con el push-off de Vernon), mostrando el Tres arriba (cuando en realidad estaba en segunda posición). Vuelves a voltear el doble por push-off y bajas la carta superior abajo.

Giras de nuevo –ahora lícitamente- la carta de arriba, se verá de nuevo el Tres.

A continuación, volteas de nuevo individualmente el Tres y finges bajarlo de nuevo. En realidad haces otro push-off con las dos cartas superiores y bajas dos cartas abajo.

Ahora estás en disposición de mostrar con otro doble lift que el Tres ha vuelto a subir.

Un detallito de Tamariz. Vuelves a voltear las dos cartas y extraes la superior de dorso y haces el amago de introducirla en el centro para luego arrepentirte y colocarla claramente abajo, todo ello mientras dices: Fijaros que no la coloco en el centro… sino claramente abajo.

Ahora le pides a un espectador que gire la carta superior, de nuevo se verá un Tres.

Lógicamente, al cabo de un rato, la mayoría de los espectadores -especialmente los más analíticos- estarán mirando con una sonrisilla que da entender que sospechan algo obvio: las tres cartas son iguales.

¿Qué estáis pensado? Esperas a que alguno de los espectadores me confirme la sospecha.

Entonces colocas las cartas una a una en la palma de su mano realizando la siguiente cuenta con la que vas a mostrar tres Treses de corazones

Ésta es la cuenta.

Estando el Tres en segunda posición (o entre las figuras), realizas un doble volteo que muestra un Tres y vuelves a hacer un doble volteo, colocando la carta superior de dorso en la palma del espectador. A continuación, volteas una sola carta normalmente –se verá otro Tres- y luego coges esta carta y, al tiempo que la giras de dorso, la usas para voltear la siguiente carta, aprovechando para hacer un enfile y mostrar un último Tres.

Mientras que haces esta enseñada, comentas: Efectivamente, el truco sería que las tres cartas fuesen iguales. Entonces rematas con la revelación final, pidiéndole al espectador que gire las tres cartas que tiene en la palma de la mano. Verá un solo Tres de corazones junto a dos figuras negras.

También puedes girar tú mismo las cartas en sus manos, dejándolas allí, lo que agiliza la revelación del clímax y evita un posible anticlímax para los espectadores circundantes en el caso de que el espectador tarde demasiado en volver las cartas por torpeza natural o nervios propios de la situación.

El caso es que las cartas se giran mostrando su identidad real al tiempo que dices.

Pero esto no es un truco… (Vuelves las cartas o invitas al espectador a que las vuelva.) sino magia.


He aquí cuatro detalles adicionales del juego:

1. El uso del “Tres” como carta que sube no es casual, sino que pretende contribuir subliminalmente a la idea de que hay “tres” cartas iguales.

2. A veces empalmo las dos figuras negras y pretendo sacarlas del bolsillo trasero del pantalón. De esta forma, al añadirlos al Tres de Corazones que está visible en la mesa, los espectadores asumen que son cartas extras, lo que puede ayudar a sugerir la idea de que uso cartas repetidas (tres Treses de corazones).

3. Las figuras negras aseguran el máximo contraste al final con la carta de puntos roja (nuestro Tres de Corazones).

4. Nota como la última frase del juego resuelve la pregunta del gancho inicial, cerrándose el ciclo.


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