8 FORMAS DE POTENCIAR UN CLÍMAX EN MAGIA DURANTE LA REVELACIÓN por Mariano Vílchez
Aparte del gesto mágico, del atisbo y del
eventual melacorto vistos en artículos anteriores, existen otras maneras de
potenciar el clímax de un efecto durante la propia revelación.
No todas las ideas son necesariamente
aplicables a todos los efectos con los que te enfrentes. Pero el conocerlas te
servirá para lograr revelaciones más potentes en más ocasiones de las que
imaginas.
1. Cuida la frase final
Es clave que encuentres una buena frase para
cerrar tu rutina.
Esta frase tiene que dar rotundidad al juego y
contribuir, además, a transmitir toda su fuerza y emoción.
René Lavand,
maestro en esta cuestión, habla en su libro Lentidigitación, citando a Gila,
de cómo éste tardaba meses en encontrar la frase final que le daba al gag su
máxima comicidad.
Y no sólo eso, sino que además el propio Gila
contaba que, una vez que había encontrado tal frase, se tiraba luego unos
cuantos meses más buscando la entonación y la cadencia de voz más adecuadas
para que su impacto fuera máximo.
En nuestro caso, como magos, tendríamos que:
a. Encontrar la
frase más adecuada para el momento de la revelación.
b. Encontrar la
entonación más adecuada para que haga el máximo efecto posible en los
espectadores.
c. Optimizar la
cadencia y el timing de la pronunciación de la frase en relación con el manejo
de la revelación final.
Para lograr este último punto, debes ensayar
una y otra vez la pronunciación de la frase a la vez que realizas el manejo
final de la revelación del clímax, hasta que encuentres la perfecta
sincronización manejo-frase. Luego has de probar esta combinación en público
hasta rodarla y llevarla a la perfección.
Supón que estás ensayando una asamblea de Ases
McDonald en la que al final revelas que los ases han viajado bajo la mano
de una espectadora.
Lo que haces entonces es ensayar el volteo de
esas cartas de dorso, al tiempo que pronuncias la frase final.
Y así lo haces una y otra vez hasta que
consigas automatizar en su punto justo ambos factores.
Podrías
por ejemplo seguir esta opción:
Porque los ases… (Tu mano se acerca a la
mano de la espectadora.) …han viajado… (Tu mano levanta delicadamente la
imaginaria mano de la espectadora, apartándola de sus cartas. Haces una breve
pausa y volteas las cartas una a una.) …bajo tu mano. (Terminas la frase
bajando un poco el volumen de voz.)
Observa cómo los momentos de silencio
conscientemente elegidos pueden potenciar esta elocución final.
En ocasiones incluso es recomendable realizar
la revelación en total silencio. Sea cual sea la secuencia (la anterior o la
que tú elijas) ensáyala una y otra vez hasta automatizarla.
2. Cuida la mirada
Es especialmente relevante cómo y adónde miras
en el momento del clímax.
A este respecto, distingo tres tipos de
miradas finales.
Algunos clímax se potencian mirando al
lugar donde suceden. Esto ocurre sobre todo en efectos
que se manifiestan muy rápidamente, por lo que no quieres que los espectadores
se los pierdan. El mirar tú hacia el sitio donde ocurre el efecto te asegura la
atención de los espectadores a esa zona, evitando que puedan perdérselo total o
parcialmente, en detrimento de la claridad.
Se me ocurre ahora como ejemplo la técnica del
pop up, pase de carta ambiciosa donde la carta combada “sube”
instantáneamente encima de la baraja.
En este caso, al mago le conviene mirar
intensamente el lomo de la baraja unos instantes antes de que se produzca la
anonadante subida, de modo que ningún espectador se la pierda.
Otro ejemplo es el de la llamada Baraja
Cobra, cuyo efecto, como en el caso anterior, tan sólo dura un instante.
Por otro lado, hay algunos clímax que se
potencian más mirando a los espectadores, lo que aporta un toque de chulería
que le va muy bien a la revelación.
Entre los juegos a los que le van bien este
tipo de mirada se encuentra algunas revelaciones de predicción o el resultado
de un reparto de póker en juegos de tahuromagia. Ascanio cita este modo
de revelación en su efecto Hambre de Soñar.
En esta carta al número, el maestro, una vez
que llega a la posición indicada, no mira la carta mientras la gira, sino que
opta por mirar a los espectadores con desparpajo, transmitiendo una mezcla de
seguridad y chulería que encaja perfectamente con el efecto.
Hay que señalar, por otro lado, que esta forma
de mirar es contraintuitiva, especialmente si el mago no tiene total confianza
en el éxito del juego, ya que en muchos casos tendrá la necesidad de mirar
hacia donde se revela el clímax, por no estar del todo seguro de haberlo
conseguido.
Finalmente hay efectos que se potencian más
mirando o fijando la mirada en una zona totalmente distinta a la que se señala
o insinúa como lugar del efecto.
A esta mirada yo la denomino “mirada
contenida”, porque implica la contención del impulso natural de mirar hacia
el efecto en el momento en que se está dando (no ya sólo por razones de
inseguridad, sino por el mero gozo de poder corroborarlo para sí).
En estos casos, la mirada sólo se contiene un
instante para inmediatamente dirigirse de lleno a la zona del efecto.
Esta mirada, ya descrita por Ascanio en
alguna de sus conferencias, es sobre todo adecuada en juegos donde queremos
propiciar un atisbo. Ya hemos visto un ejemplo de su aplicación en el juego Chicago
Opener en la presentación de Daryl en el artículo sobre el atisbo.
3. Sube o baja la intensidad
Esta tercera idea sobre cómo potenciar un
clímax consiste en jugar con el volumen y la energía de tu voz, además de tu
lenguaje corporal, para amplificar el clímax del juego.
El uso de esta energía se verá determinada
tanto por tu propia personalidad y estilo como mago como por el tipo de juego,
los espectadores y el contexto en el que te halles.
Para mí hay dos opciones básicas en cuanto al
uso de la energía a la hora de revelar un efecto.
a. La primera
opción es subir la energía, sobre todo en juegos donde el clímax es largo y/o
múltiple. Recordemos el efecto Coincidencia Total de Tamariz y ese loco in
crescendo final que tanto potencia los distintos clímax que suceden durante la
prolongada revelación.
b. La segunda
opción es bajar la energía, a veces hasta el más absoluto silencio, para darle
al clímax la fuerza que necesita, pero de un modo distinto.
A pesar de no ser tan intuitiva como la
anterior, esta opción puede llegar a ser muy potente al final de ciertos
juegos. Esta estrategia es bastante recurrente en Eugene Burger.
Tu experiencia e intuición te dirán cuál de
las dos opciones puede ser más apropiada para tu efecto.
4. Expande el clímax
En este punto se trata de subir la energía
inmediatamente después de que el clímax se ha revelado y asumido.
Esta idea es independiente de que hayas
revelado el clímax en un in crescendo de energía o bajándola. Ahora se trata de
que lo expandas, de hacer que el público vibre un poco más con él. Para
expandir el clímax puedes recurrir a alguna de las siguientes estratagemas:
a. Puedes realizar alguna acción que corrobore
el efecto.
b. Puedes dar a examinar los elementos
entregándolos a los espectadores o invitándolos a que se acerquen a ellos para
corroborar su inocuidad o la realidad de la situación final.
c. Puedes adoptar una entonación de voz más
excitada, subiendo el volumen y el tono de tu voz. Esto es compatible con el
hecho de que lo hayas bajado previamente en el momento de revelar el clímax.
d. Puedes expresar una emoción de alegría,
logro o excitación con tu cuerpo, levantándote, bailando, haciendo mutis y
regresando o realizando algún gesto personal. Recuerda por ejemplo el
entrañable violín de Tamariz.
e. Puedes incluso poner pose de aplauso u
ovación alzando los brazos y exponiendo las palmas al público.
f. Puedes pedir un aplauso añadido para el
espectador voluntario o para una persona especial vinculada al juego.
g. Puedes dar las gracias al público y
despedirte de él, si el juego cierra la actuación.
(Hay que señalar de paso que es importante que
cuando vayas a realizar el último efecto de tu sesión, lo avises claramente a
tu público. De esta forma evitarás una posible frustración de expectativas de
aquellos espectadores que esperaban algún efecto más. Por otro lado, también
permitirás que el público anticipe un emocionante final de espectáculo, sobre
todo si al introducir dicho juego comentas algo acerca de su singularidad.)
h. En contextos de escenario o grandes
ilusiones, puedes recurrir a efectos de luz y sonido (subiendo el volumen de la
música, cambiándola, usando cañones de lanzamiento como kabukis, etc.).
i. Puedes intentar volver a experimentar la
emoción del efecto e intentar expresarla a través de tu cara y de tu cuerpo. No
puedes ser insensible a tu propia magia poniendo cara de estaca ante los
milagros que vas realizando a tus espectadores.
Al contrario, tu rostro debe expresar alguna
emoción coherente con el imposible y maravilloso efecto que les estás
regalando, ya sea asombro, fascinación, fastidio o alegría.
Recuerdo una anécdota de Derren Brown
narrada en su libro Pure Effect que, según dice, cambió su forma de ver la
magia (y de hacerla).
Derren cuenta que
en una ocasión Eugene Burger lo estuvo observando mientras hacía magia
de cerca por las mesas en un restaurante.
Al terminar, Eugene le dijo que los efectos le
habían parecido buenos pero que había echado en falta más entusiasmo y energía.
Éstas fueron más o menos las palabras de
Eugene que tanto le impactaron a Derren:
Para ti los efectos que haces en cada
mesa son conocidos y rutinarios, pero para los espectadores son totalmente
nuevos. De hecho, ésta puede ser la única oportunidad que tengan en su vida de
presenciar magia de cerca. Lo que para ti es una breve e insignificante
actuación, a ellos les puede suponer una anécdota que contarán durante años.
Y es cierto.
Una vez leí que la probabilidad de que un
profano (no aficionado a la magia) presenciara la actuación de un mago de cerca
en vivo era de 1.6 veces en la vida.
Esta estadística debería estimularte a dar
siempre lo máximo en tus actuaciones, ya sea en situaciones formales o más
improvisadas.
Para ello intenta recordar la emoción que
sentiste la primera vez que presenciaste el efecto que vas a realizar (o alguno
similar), sabiendo que ahora eres tú quien tiene el privilegio de transmitir
esta emoción a tus espectadores.
j. Finalmente, también puedes expandir un
clímax añadiendo otro que potencie o confirme el anterior.
Supón, por ejemplo, que has revelado una
predicción y que el público ha reaccionado con tibieza, entonces vas y revelas
otra predicción aún más completa y definitiva.
Esto es lo que hace Miguel Gómez en el juego
La Apuesta, que viene descrito en su libro El placer de la magia.
En este efecto Miguel va echando cartas en la
mano del espectador hasta que éste lo detiene.
Al final se corrobora de dos modos distintos
que Miguel ha anticipado en qué carta el espectador se iba a parar.
La primera revelación es bastante fuerte, pero
la segunda revelación termina de extender y redondear el clímax iniciado con la
primera.
Además, ambas usan métodos diferentes, por lo
que se cancelan la una a la otra, siendo muy difícil de desentrañar la mecánica
del juego.
Éste es el principio de los múltiples velos
que veremos en un próximo artículo sobre resistencia al análisis.
5. Deja al espectador una foto o instantánea
final (Gabi, Jay Sankey)
Tras el extenso punto 4, vamos ahora con este
principio que le he escuchado a Gabi y a Jay Sankey.
La idea consiste en realizar una pausa,
dejando reposar los elementos tras el clímax para que los espectadores lo
asimilen mejor, facilitando de paso que lo sucedido quede bien registrado en su
memoria.
Para ello, además, se cuida la colocación
exacta de los elementos, buscando un equilibrio de composición propio de una
bonita foto, al tiempo que queden en ella indicios precisos del efecto que
acaba de suceder.
Pongamos por ejemplo que en tu rutina una
carta ha viajado al estuche.
En este caso, quizá no convenga que dejes
dicha carta fuera del estuche tras el efecto. Más bien te conviene volverla a
introducir en él hasta la mitad y dejarla así, de modo que la consiguiente foto
mental evoque lo sucedido.
(Bryce me contó que Gabi
denominaba este principio como la teoría del camarero. Si el camarero recoge la
mesa viendo lo que hay sobre ella, puede calcular la cuenta de lo que ha
servido.)
Este punto contribuye no sólo a la
corroboración del efecto, sino a su recuerdo posterior y, con él, a una
claridad retrospectiva y a la amplificación del clímax en la memoria del
espectador.
6. Usa el sonido (Gea)
Se trata del detalle de usar el sonido como
potenciador del clímax.
Hay juegos que se basan principalmente en el
sonido para generar su impacto. Es el caso del Sueño del Avaro en el
que, durante buena parte de la rutina, el impacto de las monedas al caer y su
tintineo al chocar entre sí son un factor determinante para generar la emoción
mágica.
Obviamente este principio es especialmente
aplicable en numismagia.
Supón, por ejemplo, que estás realizando una
rutina de monedas a través del vaso. Para reforzar el efecto, puedes recurrir
al sencillo detalle de que las monedas que van atravesando el vaso caigan
precisamente sobre las que ya han viajado (idea de Gea), reforzándose
sonoramente el efecto con el sonido del choque entre ellas. El sonido siempre
es un subrayador de impacto.
Esto explica el por qué muchos magos,
consciente o inconscientemente, emiten algún sonidito con la boca en el momento
en que suceden algunos de los efectos de sus rutinas.
7. Simula un posible fallo
Éste es un clásico. Se trata de fingir un
posible fallo un instante antes de la revelación del efecto. De este modo se
crea un conflicto dramático justo antes del final, potenciando así la emoción
del logro cuando se consigue.
Esta interesante estratagema es aplicable a
muchas rutinas tanto de cerca (localización de carta elegida, asambleas,
matrix, revelaciones de tahuromagia) como de escenario, (escapismo, grandes
ilusiones, etc) y a menudo aporta un toque de suspense y riesgo que potencia el
efecto cuando, tras superar la dificultad, al final se logra el reto mágico.
Sin embargo, este recurso puede tener también
sus inconvenientes.
Voy a poner un ejemplo muy común en magia de
cerca: la localización de una carta elegida.
Situación típica. Eligen una carta, la pierden
y se mezcla. Ahora tú, como mago, vas y buscas la carta. Ya la tienes. Le
preguntas al espectador qué carta era. Te la dice y pones cara de apuro,
preguntándole si no era tal otra. Tras un instante de duda, revelas que sí
tenías la suya.
Y sí, es posible que el clímax pueda llegar a
potenciarse con esta estratagema, pero, a mi juicio, también presenta tres
inconvenientes importantes.
a. Se abusa de él. Algunos magos lo utilizan
en casi todas sus revelaciones, con lo que los espectadores pueden empezar a
anticipar dicha treta, consiguiéndose así precisamente lo contrario a lo
pretendido: un cierto anticlímax.
b. No es tan fácil interpretar esta sensación
de fallo de forma convincente. En primer lugar, tienes que procurar no
sobreactuar. Ya comentamos que, según Tamariz, la mejor forma de fingir un
error no es poner cara de circunstancias, sino simplemente hacerse
interiormente la pregunta “¿En qué he fallado?” o “¿Cómo puedo salir de ésta?”,
quedándote pensativo y, opcionalmente, tocarte el cuerpo y/o la cara.
c. La tercera pega de usar el error como
potenciador del clímax es que esta estrategia no siempre encaja con el estilo
personal del mago, con su personaje o con la estructura global de la rutina.
Quiero terminar este punto, proponiéndote una
sencilla alternativa para crear un mayor suspense al final sin recurrir a la
estrategia del posible fallo.
Una vez que has encontrado la carta y que te
han nombrado la elegida, simplemente permanece en silencio unos instantes, sin
comentar nada de fallo o acierto y con el rostro impertérrito, mirando
alternativamente al espectador y la carta.
Pasados unos instantes (el tiempo que te dicte
tu intuición), vas y la giras dramáticamente, revelándola a los espectadores.
Un último detalle: hasta el modo en que gires
la carta para mostrársela a los espectadores es relevante.
No es lo mismo girar la carta en un sentido o
en otro.
Dependiendo de la altura a la que estén los
espectadores en relación a la carta (más altos o más bajos) girar en un sentido
supone más suspense que en el otro, ya que la carta tarda un instante más en
ser identificada por el público.
Prueba
ambos sentidos de giro ante un espejo sosteniendo la carta por encima de tus
ojos y por debajo de ellos alternativamente.
De este modo te harás una idea de la sensación
que se crea en cada caso.
8. Descubre por experiencia el detalle
definitivo
A lo largo de tu praxis mágica, y a través de
errores y casualidades, irás descubriendo los detalles que terminarán de
potenciar las revelaciones de tus rutinas, detalles que no encajarán en ninguna
categoría de las citadas.
En uno de sus DVD, Al Schneider habla
de una rutina en la que hacía desaparecer un salero.
El caso
es que el juego no terminaba de suscitar la reacción que esperaba del público.
El salero se iba envolviendo en un montón de
servilletas de papel. Las servilletas, tras la oportuna descarga al regazo, se
estrujaban, mostrándose que el salero se había volatilizado, tras lo cual se
producía una reacción más bien tibia por parte de los espectadores.
Un día, por casualidad, se le ocurrió darle un
golpe de dedos a la bola, cual lanzamiento de fútbol chapas.
La bola salió despedida hacia el público,
lo que provocó una tremenda e inusitada reacción en los espectadores.
Desde entonces, como es obvio, cada vez que
hizo el juego recurrió al golpecito final.
Es interesante buscar la razón teórica por la
que un determinado detalle aparentemente anodino consigue potenciar una
revelación, aunque lo importante es encontrar ese detalle.
En el caso de Al Schneider, yo creo que el
golpe de dedos contribuye a una bonita corroboración del efecto donde la
trayectoria aérea de la bolita contrasta con la solidez del salero.



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