EL PODER DE LA ASUNCIÓN EN MAGIA por Mariano Vílchez
Una asunción es toda acción, condición o hecho
asumidos por el espectador como auténticos, aunque no lo sean.
Se basa en el conocimiento previo, en la
experiencia y en la costumbre de que siempre ha sido así.
Las asunciones también se podrían entender
como suposiciones a nivel consciente e inconsciente.
Si, por ejemplo, finjo coger una moneda del
borde de la mesa descargándola al regazo, se produce la asunción –o el
autoconvencimiento- de que realmente he tomado la moneda.
Los espectadores han visto muchas veces en su
vida esa acción de coger una moneda de una mesa, y por tanto asumen
inconscientemente la finalidad del gesto, que es la cogida de la misma.
No pueden plantearse ni por asomo otra
alternativa como puede ser, en este caso, la posibilidad de que la descargue al
regazo.
Otro ejemplo clásico, imagina que tenemos en
la mesa una baraja roja cuya carta superior es de dorso azul.
En este caso, el espectador asumirá que la
baraja es azul.
Toda su vida ha sabido que el dorso de la
carta superior indica el color de todos los dorsos de la baraja. Para él
siempre ha sido así y siempre lo será. Es algo asumido a nivel inconsciente.
Un ejemplo más del maestro Kenton Knepper.
Si rompo un sobre de azúcar por encima de la
junta y finjo volcarlo en el café. Los espectadores asumirán que el azúcar del
sobre cae al café. Han visto romper decenas de sobrecitos de azúcar. Si se
rasga un sobrecito y se vuelca, el azúcar sale y cae en el café, aunque en este
caso, al romper por encima de la junta, el sobre sigue sellado y el azúcar se
queda en el sobre.
Para que una asunción suceda naturalmente y
sea efectiva, se requieren tres condiciones.
1. Nuestra técnica tiene que ser eficaz,
correcta y lo más similar posible al movimiento auténtico.
2. Nuestra pose y actitud tienen que ser
naturales, sin que traduzcan ningún tipo de preocupación o culpabilidad.
3. No debemos llamar la atención sobre la
asunción que queremos generar en el espectador, ni insistir en el hecho que
queremos que asuman.
En efecto si, al coger la moneda en el ejemplo
anterior dices “Cojo una moneda de la mesa”, en ese momento puedes despertar la
sospecha en algunos espectadores y dar lugar a que se cuestione el gesto de la
cogida.
Y lo mismo sucedería con la supuesta baraja
azul.
En el mismo momento en que digas que tienes
delante una baraja azul, van a generarse ciertas sospechas sobre la veracidad
esta afirmación, y algunos espectadores van a sentir la necesidad de corroborar
dicha condición extendiendo la baraja de dorso sobre la mesa.
Ya no les basta con ver la baraja cuadrada con
una carta azul en posición top.
El esquema sintáctico del falso cambio en
magia es el siguiente:
(Sit A)=Sit B -------------------------- Sit B
En este esquema se parte de una situación
inicial falsa, supuestamente A, cuando en realidad ya es B desde el primer
momento. El modo de hacer creer o asumir a los espectadores que la situación de
partida es A consiste en inducir en ellos una serie de asunciones y supuestos
mediante estrategias que propicien su autoconvencimiento.
Hay que recalcar que este esquema estructural
es extremadamente potente, ya que evita la necesidad de hacer trampa tras
mostrar (o sugerir en este caso) la situación inicial, ya que la trampa está
hecha desde el principio.
Imaginemos que queremos transformar una baraja
azul en roja.
Una opción sería seguir el esquema siguiente
de cambio real con falsa continuidad:
Sit A-----(Sit A)------------Sit B
t
En este caso partiríamos de una baraja azul que mostraríamos abiertamente como tal, dándola incluso a examinar. Luego, mediante algún subterfugio, cambiaríamos la baraja por otra roja con una carta azul (o de doble dorso azul/rojo) encima (trampa t).
La carta azul superior establecería la falsa
continuidad (Sit A) y haría asumir a los espectadores que nada ha sucedido y
que seguimos teniendo la baraja azul del principio.
Finalmente, mediante algún pase o floritura,
giraríamos la carta azul superior para que mostrase su lado rojo y
extenderíamos inmediatamente la baraja de dorso para que se viera ahora que
todas las cartas son rojas.
El inconveniente de este esquema es que
tenemos que realizar una trampa durante el transcurso del efecto -en este caso
nada más y nada menos que un cambio de baraja-.
Al final, el espectador analítico rebobinará
para buscar el momento en que se pudo cambiar la baraja. Que lo encuentre o no,
dependerá del método, de la misdirection y de la cobertura que hayamos
utilizado.
Sin embargo, si empleásemos el esquema de
falso cambio por autoconvencimiento estructural (Sit A)=Sit B
-------------------------- Sit B , la rutina podría ser la siguiente:
Partimos de una baraja roja con una o dos
cartas azules (o de doble dorso azul/rojo) encima de la misma. Además, sacamos
esta baraja de un estuche azul. Estos dos factores van a propiciar por efecto
del mecanismo de autoconvencimiento (si aplicamos correctamente sus principios)
que el espectador asuma que partimos de una baraja azul.
En la primera parte del efecto, a base de
manejos, mezclas y cortes adecuados, dejamos ver todo el rato sólo las dos
cartas de dorso azul, de modo que los espectadores siguen asumiendo que la
baraja es azul, al no percibir nada que contradiga esta hipótesis inconsciente
inicial.
Tales acciones se denominarían acciones sedal
en terminología ascaniana, y las les dedicamos un artículo.
Finalmente, nos desharíamos de las dos cartas
azules (empalmándolas, o dándoles la vuelta para mostrar su lado rojo, si son
de doble dorso) para poder mostrar que la baraja ha cambiado de color y ahora
es roja.
Como se aprecia, este esquema permite una
transformación mucho más limpia que el supuesto anterior, ya que nos ahorramos
el cambio de baraja.
Además, si hemos logrado que se produzca el
mecanismo de autoconvencimiento o falsa asunción inicial, es improbable que el
espectador consiga analizar el efecto, ya que instintivamente buscará algún
momento en el que pudimos cambiar la baraja, y no lo encontrará, ya que, de
hecho, este momento nunca tuvo lugar.
El esquema de falso cambio por
autoconvencimiento estructural nos permite eludir el cambio de baraja que sería
la solución directa y más intuitiva para los espectadores, acercándonos al
dominio de la técnica inexistente, concepto estructural planteado por Luis
García.
Otro delicioso ejemplo de este esquema es el
siguiente efecto sacado de mi repertorio personal, al que llamo La Baraja
Imaginaria.
Es bastante impactante y es ideal para abrir
una sesión.
EFECTO
El mago extrae una baraja y explica que se
trata de una baraja imaginaria.
Al extenderla, se ve que todas las cartas son
blancas.
A continuación, se extraen cuatro cartas
blancas y se dice que son los Reyes. El mago reprocha a los espectadores su
falta de imaginación y les pide que hagan un esfuerzo para llegar a verlos.
Tras un par de manejos las cartas se tiñen y
efectivamente ahora se ve que son los cuatro Reyes.
Como final, se extiende toda la baraja y se
descubre que todas las cartas están impresas, contando el mago ahora con una
baraja perfectamente en regla para iniciar la sesión.
MÉTODO
Como el efecto es de falso cambio por
autoconvencimiento estructural, es obvio que tienes que partir ya de la
situación final, es decir, de una baraja perfectamente normal. Lo único que
necesitas es un elemento extra: una carta blanca.
Partes de una baraja normal con tres Reyes y
una carta de cara blanca en posición inferior (la carta blanca está abajo del
todo).
Empiezas realizando un abanico inverso. Como
la carta blanca, al girar la baraja, queda encima, se ven todas las cartas
blancas. La ilusión es perfecta.
Es importante aquí el detalle de no decir
abiertamente que las cartas son blancas, ya que tal afirmación podría llegar a
cuestionarse.
Cierras el abanico y giras de nuevo la baraja
dorso arriba.
A continuación dices que las cartas están
marcadas por los dorsos, de modo que se pueden identificar. Al decir esto,
realizas una mezcla hindú, extrayendo un paquete del fondo de la baraja, del
mismo modo que si quisieras forzar la carta blanca a lo hindú.
Conforme vas echando cartas de arriba del
paquete que la mano derecha sujeta en biddle (por sus cantos largos) sobre el
de la mano izquierda, de vez en cuando señalas la última carta de dorso que
acabas de echar, nombrándola como si vieras una marca imaginaria.
Para señalarla, giras la mano derecha y, con
el paquete que ésta sujeta, tocas este dorso, con lo que muestras siempre una
carta blanca de forma indirecta (la misma carta blanca que permanece bajo el
paquete por efecto de la mezcla hindú).
Ahora dices que vas a encontrar los cuatro
Reyes de la baraja.
Para ello, en algún momento dejas el paquete
de la mano derecha sobre el de la izquierda pero manteniendo un break con el
meñique izquierdo.
Tras un breve paréntesis de olvido en el que
comentas algo de los Reyes, finges buscarlos, extendiendo la baraja cuando en
realidad lo que haces es llegar al break y extraer las cuatro cartas que hay
justo encima de él (la carta blanca y los tres Reyes, si todo va bien).
A continuación, vas a depositar estas cuatro
cartas sobre la mesa invirtiendo su orden. (Llegado a este punto, podrías
aprovechar para hacer una cuenta óptica o flushtration, invirtiendo las cartas
en tus manos al hacerlo, y luego depositar el paquete en bloque sobre la mesa.
No obstante, ahora viene otra cuenta clarísima
que va a mostrar cuatro cartas blancas, con lo podrías incurrir en cierta
sobredemostración, lo que dañaría la limpieza de este momento.)
Ahora coges la carta superior (la blanca) con
la mano derecha y la usas como pala para recoger el paquete de la mesa y
depositarlo en la mano izquierda.
Entonces dices que vas a teñir cada una de las
cartas.
Para ejemplificar lo que dices, coges la carta
top y haces un gesto con ella, sin enseñar su cara (es un Rey). Tras el gesto,
la colocas debajo del paquete. Ya tienes la carta blanca en tercer lugar desde
arriba y estás listo para realizar una clásica secuencia de múltiples lifts
(levantamientos múltiples).
Ahora anuncias que los Reyes van a ir
tiñéndose. Inmediatamente realizas un triple lift o volteo por push off o
cuenta bucle, mostrando una carta blanca. Volteas las tres cartas como una
sobre el paquete y depositas la carta superior sobre la mesa. Luego haces un
doble por el mismo procedimiento, se ve otra blanca. Finalmente giras la
tercera carta individualmente, de nuevo se ve una carta blanca, y, al voltearla
de nuevo, la enfilas con la última, que también puedes mostrar blanca con esta
argucia.
Los espectadores insisten en que no ven
impresión alguna, que las cartas siguen siendo blancas. (Observa la sutileza de
que no haces la cuenta para mostrar que las cartas son blancas, sino para
mostrar que ya han empezado a “imprimirse” solas.
Esta idea va a funcionar como misdirection
temática, y va a impedir que los espectadores se cuestionen la cuenta. Van a
estar más pendientes de que lo que dices es falso (tú dices que se están
imprimiendo y ellos siguen viéndolas completamente blancas) que del propio
manejo.
Si realizas la cuenta con la premisa de
corroborar que las cartas son blancas en el inicio, entonces quizá algunos
espectadores podrían cuestionarse el estado de las cartas e incluso la propia
cuenta. En cambio, al enredarlos con la idea de que ya se pueden ver un poco
las cartas (cuando no es así), no pueden por menos que seguir asumiendo que son
blancas.
Ahora toca mostrar la realidad de la situación
inicial: que todas las cartas (menos una) son normales.
Para ello, recoges el paquete de dorso con la
carta blanca como pala, lo que la deja en posición inferior.
Ahora haces una floritura separando las dos
cartas superiores de las dos inferiores con ambas manos, frotando cada par en
la punta de dedos de cada mano para, a continuación, volverlas a reunir
invirtiendo su posición. La floritura ha sido una excusa para cortar el
paquetito y colocar la carta blanca en tercera posición desde las caras, de
modo que no se vea al realizar la cuenta Elmsley que sigue.
Ahora toca una serie de revelaciones, a cual
más impactante.
Primero giras el paquetito y se ve un primer
Rey. Dejas que cale el efecto un instante, es la primera carta no blanca que se
ve y tiene su impacto. Luego desplazas este Rey a la derecha con el pulgar
izquierdo para que se vea el segundo Rey. En cuanto el espectador atisba lo que
se avecina, realizas la cuenta Elmsley, mostrando cuatro Reyes.
A continuación, sin detenerte, dejas caer el
paquete sobre la mesa de modo que se descuadre un poco y se vean dos o tres
reyes (siempre con cuidado de que no asome la carta blanca que está debajo de
los tres reyes que quedan a la vista).
Ahora extiendes la baraja de dorso y la
volteas con una floritura, mostrando que está normalmente impresa. En este
momento, aprovechando la misdirection por bajón de la atención post efecto,
puedes empalmar la carta blanca o simplemente retirarla con el pretexto de
quitar los comodines.
Ya estás listo para iniciar la sesión con una
baraja totalmente en regla.



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