10 FALLOS DE LIMPIEZA EN MAGIA Y CÓMO EVITARLOS por Mariano Vílchez
Tal y como te anuncié la semana pasada, hoy
veremos 10 conceptos o principios a evitar para potenciar la limpieza en magia.
Como te dije, son conceptos negativos, es decir, a evitar.
Cualquier elemento descolocado puede hacer
caer la frágil pirámide de cartas que constituye la atmósfera mágica, según la
inspiradora metáfora de Gabi Pareras.
El artículo de hoy denso, casi un mini libro.
Vamos allá.
1. No sobredemostrar (o el principio de las
dos caras de una mano)
Existe un conflicto natural entre el concepto
ascaniano de recalcar las condiciones iniciales y la posibilidad de
sobredemostrar.
La sobredemostración es un concepto que se
refiere al hecho de que, al insistir sobre la veracidad de una situación
inicial, podemos estar, en ocasiones, invitando a sospechar de lo contrario.
Esta idea está relacionada con el concepto de
autoconvencimiento que veremos un poco más adelante.
El subtítulo entre paréntesis de este punto se
refiere a la idea de lo absurdo que puede resultar el reiterar una y otra vez
un back and front antes de producir un naipe, cuando la mano tiene dos sólo
lados, palma y dorso, y una vez que se muestran vacíos, no hay más.
En cualquier caso, no siempre es fácil
calibrar cuándo prima el factor “recalcar condiciones iniciales” y cuando el de
evitar sobredemostrar.
Veamos algunos ejemplos.
a. En algunos
tipos de agua y aceite parcialmente basados en la cuenta Elmsley,
podemos llegar a abusar de esta cuenta. Y es que no nos damos cuenta de que, a
menudo, el espectador asume ciertas condiciones por deducción, sin que haya
necesidad de corroborárselas una y otra vez.
Me explico. En muchas versiones de agua y
aceite, se parte de cuatro cartas negras y cuatro cartas rojas que se
muestran claramente al principio del juego.
En ocasiones, por el tipo de trampa usada,
tras mezclar las cartas rojas con las negras, quedamos con tres rojas y una
negras en la mano (en disposición de realizar una cuenta Elmsley que mostrará
cuatro rojas) y tres negras y una roja en la mesa (en la misma disposición para
dicha cuenta).
Si muestro por este contaje que tengo cuatro
cartas rojas en mi mano, por lógica, las de cartas de la mesa han de ser las
negras, por lo que en principio no haría falta realizar otra Elmsley que
corroborase dicha condición.
Sin embargo, ¿cuántas veces ser se realiza
erróneamente –y me incluyo- esta cuenta repetida para mostrar que las cartas de
la mesa son realmente negras.
Otra cosa sería mostrar las cuatro cartas
rojas de la mano dando énfasis climático a ese momento. Luego, una vez pasado
el clímax, cogeríamos las cartas de la mesa y las mostraríamos negras al ir a
insertarlas dentro del abanico de las rojas (en una segunda fase, por ejemplo).
b. En el juego Jazz
aces de Peter Kane, tres ases se van intercambiando, uno tras otro,
por cartas indiferentes.
En cada uno de los viajes, existe la
posibilidad de mostrar (por medio de un doble lift) que se echa una carta
indiferente sobre el as líder, para luego acentuar el contraste del momento en
que dicha carta se convierte en as.
Sin embargo, resulta que, justo antes de
realizar este doble, se acaba de realizar una cuenta Elmsley mostrando cuatro
cartas indiferentes. ¿Para qué entonces mostrar de nuevo –por medio del
doble- que la carta superior es indiferente? ¿Es realmente necesario?
En realidad, no.
Yo reservaría el doble lift para una fase más
avanzada del juego (tal vez la penúltima), donde, debido al reto intelectual
que supone la repetición del efecto, algún espectador puede sentir la necesidad
de corroborar que esa carta que se echa sobre el as líder es, realmente,
indiferente.
c. Ya hemos
hablado del Hang Ping Chien. Partiendo de un número igual de monedas en cada
mano, esta técnica permite hacer pasar secretamente las monedas de una mano a
otra, juntándolas todas en esta última.
El manejo se ejecuta en el propio acto de
enseñar las monedas en cada mano. El inconveniente de esta técnica es que
supone cierta sobredemostración.
Se ha enseñado al principio tres monedas en
cada mano y luego, para ejecutar la técnica, de nuevo las manos muestran sus
monedas, volcándolas en la mesa, corroborando una vez más la situación inicial.
Para evitar este problema existen dos
soluciones a las que recurren la mayoría de los magos.
i. Tras la primera
enseñada, el mago puede establecer una proximidad sospechosa de las dos manos
que lleve a los espectadores a cuestionarse la condición inicial (las manos
simplemente se aproximan hasta tocarse, no hay movimiento raro). Entonces,
percatándose de las dudas de los espectadores, el mago realiza el Hang Ping
Chien, recalcando la situación inicial.
ii. La segunda
opción, es simplemente dejar que pase un cierto tiempo tras la enseñada inicial
a base de charla, por ejemplo- para que se sienta la necesidad de volver a ver
el contenido de cada mano.
De este modo, para evitar un intuido
paréntesis anticontraste, el mago vuelve a enseñar las monedas de cada mano,
realizando oportunamente el Hang Ping Chien.
2. Mostrar -o dejar ver- sin querer
(Ascanio)
Cuando, en algún momento de la rutina, no se
pueden mostrar todos los elementos, entonces no se puede enseñar
deliberadamente los que sí se pueden mostrar, ya que ello podría suscitar el
deseo del espectador de ver y comprobar precisamente aquéllos que no se han
enseñado.
Lo que habría que hacer en estos casos, según Ascanio
es dejar ver, sin pretenderlo, los elementos que sí son mostrables mediante
alguna justificación.
Supongamos que en una secuencia de agua y
aceite partes en la mesa de cuatro cartas supuestamente rojas y de dorso. (En
realidad, son tres cartas rojas y una negra, pero para los espectadores son
cuatro rojas, ya que así se lo has hecho ver con una cuenta Elmsley previa.)
Ahora te dispones a introducir estas cartas
dentro del abanico de cuatro cartas de dorso supuestamente negras- que sostiene
tu mano derecha, intercalando unas con otras, tal y como es habitual en este
tipo de efectos.
En este caso, si mostraras deliberadamente
cada carta negra de la mesa antes de introducirla en el abanico, entonces, a la
hora de meter la roja, el hecho de no mostrarla podría llamar la atención y
despertar ciertas sospechas.
En cambio, si introduces primero la roja sin
mostrarla y luego, a la hora de insertar cada negra, la dejas ver al descuido,
o la giras con la excusa de señalar el abanico de la mano derecha mientras
dices algo así como “Fijaos que la coloco claramente ENTRE las cartas del
abanico”, entonces es muy probable que se asuma sin problemas que la
primera carta que introdujiste es negra.
Y es que en realidad no has enseñado las
negras, sino que simplemente las has dejado ver en algún momento.
3. Manejos que justifican el no mostrar
(Gabi)
Este concepto se aplica cuando, en algún punto
del juego, el manejo del mismo requeriría de forma natural el mostrar o dejar
ver alguna carta a los espectadores, cuando no conviene hacerlo, ya que la
identidad de la carta no es la supuesta por los espectadores.
He aquí un par de ejemplos concretos tomados
del propio Gabi.
a. En el juego de
los Ases ascensores, por el principio del uno por delante los cuatros ases van
subiendo y bajando por la baraja.
Al comienzo del juego, se parte de los
supuestos cuatro ases en fila de dorso sobre la mesa. En realidad, tras un
cambio secreto, las cartas son, de izquierda a derecha as, as, as y carta
indiferente. El otro as está encima de la baraja.
En el manejo que sigue, el mago empieza
colocando el mazo sobre el primer as de la fila y luego vuelve la carta
superior, mostrando así que el as ha subido. Ahora, tendría que coger la
segunda carta de la fila -el segundo as- y colocarlo sobre el mazo, para
mostrar luego que ha bajado.
Sin embargo, el manejo que supone coger
directamente la carta con la mano derecha podría despertar cierta sospecha, ya
que el mago no puede enseñarla por la discrepancia posterior de que el as que
se ve luego debajo no es el mismo que el que se coloca arriba.
Además, es lógico que los espectadores sientan
curiosidad por corroborar la identidad de esa carta, ya que, al cogerla
directamente del tapete, no nos supondría ningún esfuerzo enseñársela antes de
colocarla sobre el mazo. No hacerlo resulta antinatural.
La solución de Gabi pasa por cambiar el
manejo.
Lo que hace es recoger esta segunda carta
usando como pala el primer as que acaba de subir para, de esta guisa, colocar
la carta encima de la baraja sin ni siquiera tocarla.
La estética del gesto y la visión del primer
as -que además está cara arriba y ejerce una cierta misdirection temática-
termina por alejar toda curiosidad acerca de la identidad de este segundo as,
evitando así la necesidad de enseñarlo.
b. Volviendo a un
planteamiento de agua y aceite, supongamos que ahora tienes en la mano
derecha un abanico de dorso con cuatro cartas supuestamente rojas (en realidad
dos negras y dos rojas) y que sobre la mesa tienes otras cuatro cartas
supuestamente negras (en realidad dos negras y dos rojas, como en el abanico).
En este caso, además de la estrategia citada
en el punto 2 de mostrar o dejar ver sin querer, puedes jugar además con el
factor cogida para insertar las cartas de la mesa entre las del abanico.
Concretamente, Gabi te propone la
siguiente estrategia. Si la carta es mostrable, la coges con el pulgar encima y
con el índice (junto a los demás dedos) debajo, lo que crea una cierta
inclinación de la carta hacia los espectadores que te permite mostrarla (o
dejarla ver) naturalmente antes de insertarla.
Sin embargo, si la carta no es mostrable, la
coges al revés, con el pulgar debajo y los dedos encima para crear la
inclinación contraria, impidiendo de forma natural la visión de cara de la
carta. (Ensaya ambas cogidas cartas en mano y verás a lo que me refiero.)
Pero es que, además del factor cogida, también
puedes jugar con el factor inserción.
En efecto, independientemente del modo de
coger la carta (supongamos que la coges pulgar encima), puedes ahora recurrir a
dos opciones a la hora de introducirla en el abanico.
i. Si la insertas
en un movimiento que vaya desde tu cuerpo en dirección a los espectadores,
verás que resulta natural el no mostrar la carta a la hora de insertarla en el
abanico de la mano izquierda. (Una vez más, puedes comprobarlo si lo pruebas
cartas en mano.)
ii. En cambio, si
la insertas en recorrido inverso, desde los espectadores hacia tu cuerpo, es
natural mostrarla.
Una vez conocidos estos factores, ahora
tendrías que elegir las opciones más naturales según tu gestualidad particular
y luego olvidarte de los porqués del manejo elegido, sintiendo simplemente que
estás mezclando cartas rojas con cartas negras.
De no ser así, podrías llegar a caer en cierta
artificiosidad que, paradójicamente, podría cargarse la limpieza que pretendes
conseguir.
4. Naturalidad condicionada (acuñado por
Ascanio)
La naturalidad condicionada consiste en
procurar que las acciones no tramposas previas a la acción que sí lo es sean
similares a ésta en todos los aspectos posibles, de modo que ninguna variación
del manejo llegue a llamar la atención del espectador cuando tenga lugar dicha
acción tramposa.
Te doy unos ejemplos.
a. Si siempre das a elegir cartas con la misma
posición y actitud que adoptas cuando haces el forzaje clásico –para ello es
bueno tener la costumbre de intentar forzar una carta siempre que das a elegir,
aunque no sea necesario-, cuando llegue la hora de hacer el forzaje clásico de
verdad, ningún detalle de la maniobra llamará la atención de los espectadores (Ascanio).
b. En una rutina
de cubiletes, Al Schneider modifica su forma de coger los cubiletes
durante toda la rutina sólo para disimular la carga final de la misma,
precisamente porque dicha carga requiere esa forma de sujeción.
De este modo, los espectadores, acostumbrados
a esta forma de sujeción, no se percatarán de nada raro cuando suceda esta
carga final.
c. Supongamos que
en un juego de monedas a través de la mesa, usas el empalme del pulgar en la
fase final de la rutina, como técnica para hacer que la última moneda atraviese
la mesa.
Entonces, quizá te convenga mantener el pulgar
ligeramente pegado a la mano en cada uno de los viajes previos, precisamente
para evitar que dicho pulgar llame la atención en el momento en que realmente
tengas que hacer ese empalme final.
d. En un efecto de
cartas viajeras, Tamariz adopta la postura en jarras durante toda la
rutina, de modo que los espectadores se acostumbren inconscientemente a ella.
Cuando, en algún momento del juego, adopta
dicha postura para disimular un grupo de cartas empalmadas, ésta ya resulta
natural y pasa completamente inadvertida.
e. El mentalista Banachek
suele tener las manos metidas en los bolsillos en momentos previos a realizar
la técnica mentalista de escribir en el bolsillo.
De este modo, cuando llega el momento de
escribir, el hecho de que tenga las manos en los bolsillos no llama
especialmente la atención.
f. Instantes
previos al pase a la boca de la rutina de carta ambiciosa, a veces hago el
ademán de colocar mi dedo índice izquierdo sobre mi boca en actitud dubitativa,
como diciendo: ¿Prosigo con la rutina o me quedo aquí?
Entonces realizo el pase a la boca y, como un
momento antes mi mano izquierda ya ha subido a la boca con el pretexto de este
gesto dubitativo, es más probable que ahora, al volver a hacerlo, esta segunda
subida pase por completo inadvertida.
5. Asemejar el movimiento natural al
tramposo y viceversa (Vernon, Al Schneider)
A la hora de ensayar técnicas falsas, te
conviene de realizar unas cuantas veces el movimiento genuino antes de ponerte
a practicar el movimiento falso.
De este modo, puedes incorporar en el
movimiento falso toda la gestualidad, cadencia y ritmo del movimiento real.
¿Pero cuáles son exactamente los factores
del movimiento real que nos conviene reproducir en el movimiento falso?
Te doy una lista.
a. El movimiento de los brazos y de las manos,
con su manejo digital exacto.
b. La velocidad, la cadencia y el ritmo con
que lo realizas -El movimiento falso se suele acelerar en relación al real.
Procura, pues, equiparar ambos movimientos en
este sentido.
c. La postura, el grado de tensión o
relajación del cuerpo durante el movimiento.
d. El volumen y tono de voz, si hablamos
durante la acción.
e. El juego de miradas. Creo que, de hecho,
este último punto –junto con el de la cadencia- es uno de los puntos más
descuidados a la hora de reproducir con exactitud el movimiento real.
De hecho, conviene que te hagas ciertas
preguntas al respecto.
¿Cómo
actúa tu mirada en el movimiento real? ¿Cómo se mueve? ¿Salta de un punto a
otro? ¿En qué dirección? Normalmente la mirada se mueve a saltitos (o sacadas,
según el término técnico preciso) y de un modo intencional.
Quiero decir con esto que la mirada se
adelanta al movimiento en su intención.
Si por ejemplo vas a coger una moneda que
tienes a la derecha del tapete para introducirla en un monedero situado a tu
izquierda, dos sacadas oculares van a delatar tus intenciones.
Hazlo y comprueba que sucede lo que sigue.
Primero miras hacia la moneda y, conforme la
coges –incluso un instante antes de cogerla-, tu vista salta al monedero, que
alcanzas a continuación con la mano izquierda para introducir la moneda en él,
momento a partir del cual no dejas de mirarlo hasta que terminas de introducir
la moneda en él.
Por tanto, si tienes que descargar la moneda
al regazo en el momento de cogerla, procura seguir esa misma secuencia de
miradas: primero moneda, luego, un instante antes de cogerla, monedero, y luego
monedero hasta el final.
De esta manera el movimiento será mucho más
engañoso, al margen de la poderosa continuidad gestáltica -término que veremos
más adelante- que supone ese monedero cerrado con la supuesta moneda en él.
Si fuera imposible imitar el movimiento real
con un mínimo de precisión porque la técnica es un tanto artificiosa, entonces
quizá te convenga modificar ligeramente el propio movimiento real cuando lo
realices previamente en la rutina, de modo que se parezca un poco más al manejo
tramposo, tal y como se sucede con el recién citado ejemplo de los cubiletes de
Al Schneider.
Como entenderás fácilmente, esta idea está
directamente relacionada con el principio de naturalidad condicionada que
acabamos de ver.
6. Evitar la incoherencia en el estilo de
manejos (Manu Montes)
Si utilizas una postura cerrada y constreñida
para dar a elegir una carta y luego la haces devolver con una gran amplitud
gestual, el contraste puede llamar la atención del espectador.
Esto ocurre, por ejemplo, cuando fuerzas una
carta por mezcla hindú y luego, una vez forzada la carta, extiendes la baraja
en la mesa para que la devuelvan donde quieran.
También puede darse el problema al revés.
Puede que des a elegir una carta con una postura amplia y abierta para luego,
por necesidad del control, tener que limitar la situación para que la devuelvan
a un sitio preciso de la baraja, pidiéndole al espectador que coloque la carta
en un punto determinado. Colócala aquí, por favor.
Ello puede suscitar un cierto recelo en el
espectador, quien puede contestarte con toda la razón del mundo: ¿Y por qué
aquí? ¿No la puedo colocar donde yo quiera?
La solución en ambos casos estriba en ser
coherente con tu grado de apertura.
Si, por ejemplo, fuerzas a lo hindú, entonces
quizá debas seguir pasando cartas a lo hindú para que te devuelvan la carta en
el momento que quieran.
En el otro caso, si das a elegir libremente
con la baraja extendida sobre la mesa, quizá debas seguir siendo coherente y
permitir, por ejemplo, que el espectador devuelva la carta en la cinta
extendida con la misma libertad.
Puede que el método para controlar la carta en
tales condiciones sea más complejo de encontrar pero al final quien busca,
encuentra.
Se me ocurre por ejemplo recurrir al control
por sonido de Gabriel Moreno o en algo tan sencillo, aunque despreciado
por muchos magos, como es el simple uso una baraja marcada.
Con la cuenta Elmsley ocurre algo parecido.
Tomemos como ejemplo el juego Jazz Aces
de Peter Kane. En una de las versiones, se muestra la desaparición de
cada as mediante una cuenta Elmsley.
Sin embargo, debido al principio del uno por
delante que magníficamente aplica el juego, en el último paquete ya no hay as.
Ahora podrías mostrar abiertamente todas las
cartas de este paquete dejándolas una a una cara arriba en la mesa o
extendiéndolas libremente sobre la misma.
No obstante, la soltura y libertad repentinas
de dicha enseñada chocaría con las dos enseñadas Elmsley previas, ya que la
Elmsley siempre supone cierta restricción en relación a una enseñada clara de
todas las caras, ya sea contándolas una a una sobre la mesa o extendiéndolas
claramente.
La alternativa sería que hicieras una última
cuenta Elmsley con este paquete, para luego, como una gracia especial por ser
el último as, dejar ver claramente cada una de las cartas, en una actitud de
relajación final.
Esto también aplicaría el principio de acción
legitimadora retrospectiva. El mostrar en la última fase (y sin pretenderlo)
que las cartas que se ven con la Elmsley son realmente lo que son,
indiferentes, entonces estaríamos legitimando las dos cuentas Elmsley previas.
Esta idea la puedes aplicar también a
versiones de agua y aceite que usan la Elmsley como arma para enseñar la
separación.
Para terminar este punto, hay que señalar que,
a veces, debido al método y otros factores de construcción de la rutina, no vas
a poder evitar cierta incoherencia entre los distintos procedimientos.
En estos casos, Manu Montes propone
legitimarlos en relación con la posición espacial que ocupan los espectadores
en la sesión.
Si, por ejemplo, en una rutina puedes
permitirte dar a elegir una carta con total libertad pero la otra carta
necesitas forzarla, prueba a adoptar la siguiente estrategia.
Puedes en primer lugar girarte hacia un
espectador más cercano, quizá sentado a tu derecha, extendiéndole la baraja en
la mesa para que elija con total libertad la primera carta.
A continuación, puedes forzar la segunda carta
a lo hindú a un espectador más lejano, y ello con la justificación de que, como
está lejos, pretendes evitarle que se tenga que desplazar hacia ti. Tú que está
más lejos, desde ahí mismo, dime cuándo paro.
7. Evitar cambios injustificados de
espacios escénicos establecidos (Gea)
Si nuestro cuerpo y brazos se sitúan y mueven
en ciertas zonas escénicas, cualquier salida de los límites fijados llamará la
atención y atentará contra la limpieza.
Gea lo explica
haciendo un juego de monedas en mesa en posición sentada. El juego requiere un
enmangue, por lo que hay un momento en el que Gea necesita desenmangar.
Para ello, su brazo derecho tiene que bajar
por debajo de la mesa, fuera de la vista de los espectadores, llamando así su
atención por esta posición insólita que se sale del marco establecido.
El girarse y dar la espalda a los
espectadores, el volverse hacia el maletín o el agacharse son todos ejemplos de
acciones que, de algún modo, suponen una salida del espacio escénico
establecido, y por tanto pueden suponer fallos de limpieza, cuando no de
comunicación básica.
Por lo tanto, todas estas acciones son, de
entrada, cuestionables, a no ser que se justifiquen o compensen por medio de
alguna estrategia determinada.
En el caso que nos ocupa, como solución a la
inadecuada bajada de brazo para desenmangar, Gea propone el hacer el
juego de pie, evitando así que el movimiento se salga del espacio escénico
restringido de la mesa, al desenvolverse ahora en un espacio escénico mayor: su
propio cuerpo de pie.
En tal posición es fácil cubrir la bajada de
brazo con diversas argucias (gesto para subrayar una frase determinada del
guión, mover la silla hacia adelante, realizar justificadamente un movimiento
de break dance, etc.).
8. Manos en espejo (Rubinstein, Roth)
Éste es un principio muy útil para camuflar el
hecho de tener algún elemento oculto en alguna de tus manos, por ejemplo, una
moneda oculta en el empalme clásico.
La idea es que ambas manos adopten la misma
posición y se muevan al unísono para evitar alguna asimetría delatora de la
carga.
Me explico. Supongamos que tienes una moneda
en el empalme de dedos de la mano derecha desde el comienzo de la rutina.
Mientras inicias el juego hablando a los espectadores, la mano izquierda vacía
debería adoptar la misma posición que la cargada, y gesticular de forma
parecida.
Cualquiera diferencia de posición, forma o
nivel de tensión de una mano respecto a la otra puede hacer saltar la alarma en
la mente del espectador.
Este ajuste de manos se puede ensayar
fácilmente ante el espejo.
David Roth aplica
el principio de las manos en espejo en una técnica que denomino falsa
desaparición total simétrica.
Te la describo brevemente.
La moneda descansa en la palma derecha, lista
para ser retenida en el empalme clásico.
Se realiza el falso depósito a lo Al
Schneider, que consiste en girar la mano derecha de modo que el dorso de la
misma quede hacia arriba, lo que hace suponer que la moneda cae en la punta de
los dedos derechos (cuando en realidad queda retenida en el empalme clásico).
A continuación la mano derecha finge dejar la
moneda en la mano izquierda, introduciendo la punta de sus dedos en ella.
Al
terminar este depósito bluff, la mano derecha de Roth chasquea los dedos
(lo que engaña totalmente al profano, ya que inconscientemente se asume que una
mano que da un chasquido está vacía).
Inmediatamente después, da un soplido sobre la
mano izquierda, al tiempo que abre ambas manos a la vez. La sensación de
desaparición es total y se consigue por la simetría de las manos abiertas y el
hecho de que estén ligeramente giradas a la izquierda, de modo que el
espectador frontal sólo llega a ver el dorso de la mano derecha que lleva la
moneda empalmada.
Lo que sucede es que, al ver la palma
izquierda vacía, su mente compone, cual puzle gestáltico, que la otra está
igual de vacía.
La simetría de las manos, el ritmo de
apertura, la mirada a la mano izquierda y la posición paralela de las palmas
enfrentadas en posición de espejo (con las muñecas ligeramente giradas hacia la
derecha) son factores que, junto con la potencia del empalme clásico, llevan al
espectador a sentir realmente que la moneda ha desaparecido por completo.
9. Uso inocuo de la mano cargada (expresión
acuñada por Ascanio)
El espectador profano asume inconscientemente
que la mano que coge o sostiene algún elemento (o que incluso chasquea los
dedos como se vio en el punto anterior) debe de estar indefectiblemente vacía,
por lo que el mago puede aprovechar tal asunción para ocultar algún objeto en
ella.
Este principio explica la fuerza de algunos
pases de cubiletes con varita mágica, ya que el falso depósito como acción en
tránsito de coger la varita se beneficia también de este factor de uso inocuo
de la mano cargada.
Se asume inconscientemente que la mano que
sostiene una varita está vacía.
En cartomagia, una forma eficaz de ocultar una
carta empalmada en una mano es simplemente sostener la baraja con dicha mano.
Las monedas al vaso de Roth son otro ejemplo
eficaz de este principio en una rutina basada fundamentalmente en sujetar un
vaso con una mano que oculta una moneda en el empalme clásico.
En varios momentos de esta rutina la mano
cargada gira dorso arriba sin dejar de sujetar el vaso para, llegado el
momento, dejar caer la moneda desde el empalme clásico, hecho que constituye
una aparición muy visual y además tiene el plus sonoro del impacto de la moneda
en el vaso.
En un pasa pasa de cuatro monedas el mismo Roth
recurre a este principio.
En el momento previo a hacer pasar la segunda
moneda a la mano derecha (que tiene empalmada ya la segunda moneda, lista para
ser producida), dicha mano derecha empieza a girar nerviosamente la primera
moneda que ya pasó.
Ese girito se beneficia una vez más del
principio de uso inocuo de la mano cargada, permitiendo asumir a los
espectadores que esta mano está vacía justo antes de que se produzca el
siguiente viaje.
Y hablando de monedas, parte de la fuerza del
lanzamiento selectivo de Gea radica precisamente en la inverosimilitud de
sujetar un vaso con la mano cargada de monedas, amén de lo inverosímil que
resulta el hecho de haberlas podido colocar en tal posición con el simple el
gesto de lanzarlas al vaso.
10. Evitar vicisitudes aisladas sin hilar
que puedan despertar sospechas por sí solas (Rafael Benatar)
Si un manejo supone una sospecha sin resolver,
antes de que tal sospecha llegue a formarse o a consolidarse tenemos que
enlazar dicho manejo con otra secuencia o desenlace que distraiga o dirija la
atención del espectador.
Te lo explico con un ejemplo sencillo que vas
a entender enseguida.
Si haces un falso depósito de la mano derecha
a la mano izquierda y a continuación muestras que la mano izquierda está vacía,
a los pocos segundos la mayoría de los espectadores empezarán a sospechar que
la moneda está en la otra mano.
Si, llegados a este punto, no puedes demostrar
lo contrario, entonces te habrás metido en un buen lio porque, al no poder
hacerlo, la limpieza del efecto caerá en picado y con ella todo el impacto del
mismo.
Sin embargo, si, un instante después de la
desaparición en la mano izquierda, vuelves a producir la moneda de algún otro
sitio (codo, oreja, etc.), el flujo secuencial no se habrá detenido.
Al colocar la segunda vicisitud (reaparición
en la oreja) tras la primera (desaparición), no habrá llegado siquiera a
materializarse tal sospecha.
Esto es esencialmente aplicable a todo tipo de
rutinas de manipulación (bolas, cartas…) donde ambas manos van realizando una
coreografía muy estudiada, de modo que la atención del espectador va fluctuando
suavemente de una mano a otra, con el timing adecuado para dejarse llevar por
un río mágico de producciones, desapariciones y reapariciones, sin cuestionarse
acción alguna y sin sospechas por resolver.
Otro ejemplo tomado del dominio de la magia
con navajas.
Si tienes una navaja tipo Janus (de esas que
tiene un color distinto en cada cacha) y realizas sin más un cambio de color,
obviamente los espectadores van a sospechar de la naturaleza bicolor de la
navaja y te van a pedir examinarla.
Sin embargo, si ensamblas este pase dentro de
una rutina de transposición, el cambio de color despertará menos sospechas por
encontrarse inserto dentro de un marco más amplio.
Puedes por ejemplo introducir dos navajas en
el puño del espectador, una blanca y otra negra (en realidad una blanca-blanca
y otra negra-blanca).
Sacas del puño del espectador la navaja
negra-blanca por el lado blanco. Tras un pase mágico, le pides al espectador
que abra la mano. Verá que la navaja que tiene ahora es la blanca, cuando
debería ser la negra. A continuación,
muestras tu navaja como negra (tras haberla girado secretamente).
Este manejo, cuidando el timing y realizando
una cierta falsa proximidad (concepto que ya vimos en el blog) en el momento
del gesto mágico, asegurará una trasposición fluida e inexplicable para tus
espectadores, ya que además se quedarán con la navaja normal en sus manos.
Obviamente puedes elaborar un poco más la
rutina y añadir otra navaja negra-negra para intentar quedar totalmente limpio
al final, es decir con dos navajas totalmente examinables (una blanca-blanca y
otra negra-negra).
El cómo hacerlo lo dejo a tu creatividad.
La semana que viene hablaremos de técnica,
reeditaré el artículo más leído de todos los tiempos desde que escribo sobre
teoría mágica.



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