NO SAQUES AL ESPECTADOR DE LA PELÍCULA por Mariano Vílchez

 


Estoy en un pase privado de cine viendo una película que se estrenará el próximo mes y me está fascinando.

De repente, una escena conmovedora: el protagonista debe ir a una misión muy peligrosa. Está en la estación de tren despidiéndose de su esposa e hijos con lágrimas en los ojos.

El hijo mayor le pregunta: ¿Vendrás a verme al partido de fútbol del próximo sábado?

Yo en mi butaca del cine estoy emocionado y con el corazón encogido.

De pronto, en la escena, me parece ver un micrófono colgando del aire.

Pienso, ¿Eso qué es? No creo que sea de la película, porque no me encaja un micro en el aire en una estación de tren, y menos en una ambientación de los años 40.

Y pienso, ah claro, en el montaje de la película deben de haber elegido mal la toma y no se han dado cuenta…

Total, que mi emoción desaparece, desconecto y desde ese momento no veo más que ciertas escenas de acción, muy bien hechas, por cierto, y disfruto de la banda sonora, que es buenísima.

Y es que llevar al público al mundo de las emociones, al mundo de los sueños, al mundo de lo mágico, a través del arte, es muy difícil.

Pero, además, en el mundo de la magia, es más difícil aún.

Fijaos que el ejemplo que he puesto de la película por fortuna tiene solución.

Basta con sustituir la toma errónea por una correcta, volver a montar y problema solucionado.

 Así hemos “limpiado” lo que estaba “sucio”.

Pero en magia, cada actuación es un reto. Es un arte que se expresa en vivo y en directo y, por tanto, la amenaza de que se “vea el micro” siempre está ahí. La LIMPIEZA es fundamental en la magia. La LIMPIEZA no es un aspecto opcional.

Si queremos hacerlo bien, nuestra magia tiene que ser “limpia”.

En el año 1958 Arturo de Ascanio escribió el artículo “Concepción de la atmósfera mágica” y habla del ambiente que se crea cuando el público ni siquiera sospecha la existencia de trampa.

Hablando de este artículo, el propio Ascanio me decía: Para conseguir la atmósfera mágica, la primera sensación de que algo “extraño” está sucediendo para el público es precisamente el efecto mágico.

Y precisamente para conseguir esta atmósfera, la limpieza es uno de los aspectos fundamentales.

Acabas de leer un extracto del exquisito prólogo de Miguel Gómez para mi ebook de teoría mágica sobre limpieza.

No se puede introducir mejor un artículo sobre la limpieza.

Para mí un efecto es limpio si, en su construcción, guion y manejos, en ningún momento genera en el profano dudas ni sospechas no resueltas

El juego fluye de principio a fin sin que en ningún momento el espectador se cuestione nada de lo que está presenciando.

¡Pero si no ha hecho nada…!

La falta de limpieza enturbia la claridad del efecto porque, por un lado, nos distrae del mismo y, por otro, nos hace cuestionarnos su cualidad mágica, al incitarnos a pensar en métodos y trampas.

Por otro lado, la falta de limpieza activa la tendencia al análisis de los espectadores, lo que merma lógicamente la resistencia al análisis del efecto.

Y además la falta de limpieza puede debilitar seriamente la potencia del clímax, ya que una sola sospecha sin resolver puede echar abajo toda la atmósfera mágica creada.

Miguel Gómez dice que un fallo de limpieza no se ve, pero se siente.

¡Ahí has hecho algo!

En ese instante la magia pierde quilates.



Joaquín Matas habla de evitar encender la bombillita del espectador. A veces he usado esa expresión al sesionar con otros magos.

¡Si vuelves a enseñar, estás encendiendo la bombillita del espectador!

¡Si insistes en que el estuche está vacío, vas a encender la bombillita!

Gabi Pareras hablaba de la fragilidad de un castillo de naipes, una carta fuera de lugar y todo se viene abajo.

La limpieza requiere mucho trabajo: una técnica depurada, buena cobertura, naturalidad, misdirection, conceptos como la restricción liberada o el autoconvencimiento (ya vistos en el blog) y un montón más de principios y detalles a cuidar.

Y, además, y esto es lo peor, la limpieza es un concepto negativo, no es algo que se pueda lograr como meta, son mil y una cosas que evitar, que no hacer. Si fallas en una, la carta se descoloca y todo el castillo de naipes se viene abajo.



Y luego hay emociones que pueden echarlo todo a perder: el miedo a que te pillen el truco, la culpa por hacer trampas.

Sí, hay magos que se sienten culpables por no decir toda la verdad, por ocultar el secreto.

Trataremos este tema en un próximo artículo.

Pero antes, la semana que viene, veremos diez frecuentes fallos de limpieza y cómo evitarlos.   

¡Buena semana!

 

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