ATENUAR LA PRESENCIA DE LAS MANOS EN LA MENTE DEL ESPECTADOR por Mariano Vílchez.

 


Terminando la serie de artículos sobre limpieza, hoy te propongo un artículo elaborado a partir de un magnífico trabajo de Miguel Ángel Gea sobre la idea de atenuar la presencia de las manos en la mente del espectador. Miguel Ángel expuso este concepto en las Jornadas de Alicante de Magia de Cerca del 2009.

Este artículo es una reflexión personal sobre los enunciados de Gea, por lo que es posible que contenga alguna variación, añadido u omisión con respecto al texto original. No obstante, la gran mayoría de ideas expuestas aquí provienen de la fértil mente del maestro, y su aporte en aras de la limpieza puede ser enorme, como irás intuyendo a lo largo del texto. 

Es obvio que las manos son claves en relación al concepto de limpieza. 

La mayor parte de las sospechas y recelos de los espectadores vienen precisamente por la acción de las manos 

¡Eso es rapidez de las manos! 

¡Has hecho algo ahí!

Por ello, si conseguimos diluir la presencia de las manos en la mente del espectador, es indudable que la sensación general de limpieza mejorará.

Aunque los principios aquí descritos tienen como campo de aplicación inicial el de la numismagia (magia con monedas), también los puedes aplicar a otros elementos.

¿Empezamos? Café (si eres de los míos), infusión o copazo de whisky (si eres de los míos, también). 

Vamos "pallá", como dicen en mi tierra. 

 

1. Pretender o sugerir que el juego tiene un componente psicológico y mental. 

Si el espectador siente que tenemos la capacidad de sugestionarlo, de crearle alucinaciones con nuestras palabras y actitud, es más probable que deje de fijarse en nuestras manos como causa última de los milagros que presencia.

Gea cita como ejemplo a los mentalistas, que hacen los cambios manipulativos más descarados ante unos espectadores que no suelen notarlos, pues, de entrada, no se plantean que pueda haber manipulación alguna en una disciplina tan mental y psicológica.

De hecho, muchos mentalistas actuales empiezan su espectáculo con forzajes verbales y juegos psicológicos auténticos, sin apenas elementos más que lápiz y papel, donde no existe manejo alguno, condicionando así al espectador desde el principio en la idea de que lo que va a presenciar es algo de índole totalmente mental, una idea que, por otra parte, en muchas ocasiones coincide con el supuesto inicial del profano acerca de lo que es un mentalista y de lo que puede o no puede hacer.

 

2. Evitar el exceso de florituras, buscando siempre manejos elegantes y económicos.

De nuevo aquí está presente la idea profana de que si las manos del mago son lo suficientemente hábiles como para realizar florituras complejas, también lo pueden ser para realizar trampas engañosas para los espectadores.

El realizar estos floreos nos expone a evidenciar la presencia de las manos en nuestra magia. 

No se trata de eliminarlos sí o sí, sino de conocer su efecto y actuar en consecuencia. 

 

3. Separarnos de los elementos lo máximo posible durante la rutina. 

Dejarlos, por ejemplo, en la mesa, mientras hablamos, gesticulando con las manos vacías, sugiriendo así (a nivel inconsciente) nuestro distanciamiento de todo tipo de manipulación engañosa.  

 

4. No nombrar demasiado las manos. 

Por ejemplo, en un pasapasa de monedas no decir La moneda va a viajar a esta mano, sino La moneda va a viajar aquí, mirando la mano destino.


5. No señalar, en lo posible, una mano con la otra. 

Cuando queremos llamar la atención sobre a una mano, lo hacemos con nuestra mirada y nuestra actitud corporal.

 

6. Mirar las manos sólo cuando sea necesario. 

Mirar -por ejemplo- la mano donde se va a producir el clímax para asegurarnos de que el espectador está también mirándola cuando sucede el efecto, tal y como se estudió en el ebook de la claridad.

 

7. No decir La mano está vacía, ya se ve claramente cuando la mostramos como tal. 

Y a ser posible, al mostrar la mano vacía, no enseñarla demasiado tiempo para no ser enfáticos, en detrimento de la limpieza. En cambio, dejar ver la mano vacía siempre que se pueda de un modo natural y que no resulte afectado.

La enseñada enfática de la mano vacía, de producirse, hemos de reservarla para algún momento clave del juego. 

De hecho, en muchas de las rutinas de Gea, hay un momento en el que sí usa una enseñada enfática, mostrando lenta y deliberadamente la palma vacía, abriendo incluso los dedos hasta el límite de lo histriónico. Esto suele suceder hacia el final de la rutina, en un momento en que interesa dar el máximo dramatismo y eliminar toda duda acerca de la inocuidad de alguna mano.

Recordemos asimismo el concepto ascaniano de uso inocuo de la mano cargada.

 Por ejemplo, una mano con una moneda empalmada en el clásico se siente vacía cuando sostiene un vaso, aun cuando no se muestre como tal. 

Lo mismo de vacía se percibe si gira alguna moneda sobre el tapete en la punta de sus dedos o si realiza un coin roll, rodando la moneda sobre sus dedos mientras oculta una o varias monedas en el empalme clásico (Kainoa Harbottle).

 

8. No mover tanto las manos como los elementos.

Los elementos (monedas, vasos, rotulador) son los verdaderos protagonistas del juego. Se giran, se lanzan, se hacen rodar, de modo que la plasticidad de su movimiento centra la atención en ellos, alejándola de las manos que se hacen así menos presentes en la mente del espectador.

En el ejemplo citado anteriormente de Kainoa Harbottle, la atención queda presa por el coin roll, por esa moneda que va girando sobre la mano cargada y que ni por asomo te puedes plantear en ningún momento que pueda ocultar moneda alguna. Es más, ni siquiera te planteas la mano, sólo estás pendiente del grácil movimiento de la moneda a su alrededor.

 

9. Usar monedas y elementos grandes. 

Éste es un factor que, aparte de mejorar la visualidad, automáticamente disminuye en la mente del profano la sospecha de que tales objetos puedan ser manipulados u ocultados, de ahí el efectismo de la manipulación con cartas gigantes o la producción final de la moneda jumbo en algunas rutinas de numismagia.

Obviamente, en las grandes ilusiones, este aspecto se extrema, desvaneciéndose así por completo la presencia de las manos en la mente del espectador.


10. Usar objetos que sean raros, exóticos o de color llamativo. 

Tales atributos permiten que creen una cierta misdirection en sí mismos, de modo que las manos pasen a un segundo plano.

 

11. No realizar necesariamente el gesto mágico con la mano. 

Sustituirlo en ocasiones con movimientos del brazo y del propio cuerpo. También podemos mirar de forma especial, soplar, silbar o decir algo.

 

12. Valernos de una presentación seductora que envuelva la imaginación del espectador desde el principio.

El enfoque ficcional no sólo propicia que el espectador sospeche menos de las manos, sino que también contribuye a alejar su mente del plano intelectual –con su inherente idea de “truco” o manejo secreto-, para llevarla hasta un plano imaginario donde rige una lógica alternativa a la habitual.

Además, la ficción a menudo recurre a elementos con significado propio que distraen de las manos y sus manejos, como son por ejemplo la varita mágica, el monedero o la montura de monedero.

Pero no sólo se puede usar estos elementos clásicos. 

En una de sus rutinas, por ejemplo, David Roth recurre a una manga de chaqueta cortada colocada sobre la mesa al principio del juego a la que van viajando las monedas una a una. 

La ficción planteada por Roth es materializar una sospecha clásica de los espectadores: ¡la de que el mago se guarda las monedas en las mangas!

Otro ejemplo del propio Roth es su efecto Portable Hole, donde, combinando un agujero de tela y una montura de monedero, va recreando una deliciosa rutina en la que las monedas van viajando debajo del agujero. En esta rutina tanto la montura como el agujero contribuyen a difuminar la presencia psicológica de las manos en la mente del espectador.


La semana que viene cambiamos de tercio. 

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