LA SEGUNDA ATENCIÓN DE GABRIEL MORENO por MARIANO VÍLCHEZ

 


Este artículo se elabora a partir de un monográfico sobre Gabriel Moreno que realicé junto a mi compañero de conceptualizaciones teóricas Vicente Mustieles para el Sapo Alquímico, una revista que editamos junto a Paco González.

 

QUÉ ES LA SEGUNDA ATENCIÓN

Para Gabriel moreno la segunda atención consistía en la visión periférica del mago. Intentar abarcar la mayor extensión de espacio con la mirada sin enfocar la vista en un punto concreto, frente a la visión central o focalizada, que sería el modo de enfoque convencional.

Esta forma de atención es útil en la ensayo, a la hora de actuar e incluso en la vida cotidiana.

Podemos rastrear este concepto en las artes marciales y en el Zen, que fue una gran fuente de inspiración para Gabriel.

En palabras de Gabriel: “La segunda atención es verlo todo, sin focalizarnos en nada”.

 

 

 

¿QUÉ VENTAJAS CONLLEVA LA SEGUNDA ATENCIÓN?

En el ensayo, la segunda atención permite una más rápida automatización de las técnicas como veremos en un próximo epígrafe. También aporta variedad de tono y enfoque a la hora de ensayar, lo que hará más atractiva e interesante nuestra práctica de laboratorio.

A la hora de actuar, también nos regala una mayor disponibilidad para atender lo que ocurre en el momento del espectáculo, aprovechar lo que ocurre, conectar con los espectadores, percibir el timing exacto para un enfile, etc.

En la vida cotidiana, esa alerta periférica puede ser útil a la hora de cruzar la calle, caminar por una zona transitada, anticipando ciertos peligros y, por otro lado, disfrutando del paisaje que nos envuelve en cada momento, reparando en detalles en los nadie repara…

También se alcanza cierta sensación de paz al estar en la segunda atención, pues salimos del rumiar del pensamiento, una fuente de malestar y de sufrimiento que raras veces soluciona nada.

Nos fusionamos con el entorno y disfrutamos de una extraña paz de alerta global.

 

 

 

CÓMO TRABAJAR LA SEGUNDA ATENCIÓN.

Ganarse el derecho a ensayar

La segunda atención requiere la automatización de la técnica, los manejos y toda la coreografía de cada juego. Esto exige repetición, series de repeticiones como en musculación, pero, ojo, hay que ganarse el derecho a ensayar.

Esta frase del maestro Gabriel venía a decir que la repetición venía tras el logro de una técnica aceptable (ya vimos en el artículo anterior las características de una buena técnica.)

Este proceso debe ser lento, sin prisa, con la guía de un maestro a ser posible, o al menos con el feedback de un espejo, de una grabación o de algunos compañeros de sesión.

Una vez que la técnica está más o menos correcta (no se ve, no se intuye, es ingrávida y todas esas cualidades que, insisto, puedes revisar en el artículo previo), entonces pasamos a las repeticiones, a la automatización.

Nos hemos ganado el derecho a ensayar.

Como anécdota sobre la prodigiosa habilidad técnica de Gabriel Moreno, Tamariz nos contó algo sorprendente para el monográfico sobre Gabriel que le hicimos Paco González, Vicente Mustieles y un servidor en la revista El Sapo Alquímico.

Tamariz nos contó que a Gabriel se le enseñaba (o simplemente veía hacer) una técnica difícil en la SEI y en la reunión siguiente cuando llegaba ya la hacía, ya la tenía dominada.  

 

Verse desde fuera (cámara)

Durante el proceso de ensayo inicial de la técnica, y a posteriori, es útil verse desde fuera con un espero o con una grabación de vídeo. Esto permite, por un lado, corregir defectos y, por otro, entender lo que ven los espectadores desde fuera, la vida externa.

El estar enfocado en la vida externa convierte la técnica en algo secundario (recordemos el concepto de técnica inexistente de Luis García), de modo que nos enfocamos más en los espectadores y en cómo nos están percibiendo, algo clave para la segunda atención

 

 


 

Guion interior de Nelms

Este concepto, que tanto cita Tamariz, es primordial. Se trata de decirnos a nosotros mismos lo que nos diríamos, si lo que estuviéramos haciendo fuese magia auténtica y genuino, incluidas las dificultades.  

Si, por ejemplo, pretendemos fingir que hemos fallado al no encontrar la carta elegida -cuando en realidad esto estaba planificado- no sobreactuamos, ni ponemos cara de “fallo”. Eso canta sí o sí, a no ser que seamos actores de primera.

En cambio, si nos decimos interiormente: ¿Qué habrá pasado? ¿Por qué no es la carta elegida? y procuramos sentir lo que decimos -sin actuar, no hace falta- nuestra cara refleja esa “verdad” del error.

Este principio nos puede servir para olvidarnos de la trampa al sentir que, genuinamente, estamos haciendo magia.

Por ejemplo, si hacemos un doble lift, frotamos la carta sobre la tapete y mostramos que se ha transformado, no pensamos: Que no se me descuadre el doble, por favor. Que no me pillen el doble volteo, sino: Joder, no sé por qué funciona esto, pero siempre me maravilla, al frotar la carta, ¡se transforma!

Debería tejerse un guion de este tipo de forma sostenida a lo largo de todos los manejos del juego.

De hacerlo así, al final, se sentiría como verdadero, dejaríamos de pensar en la vida interna (trampas y manejos) y solo veríamos la vida externa, lo que perciben los espectadores y lo que nosotros sentimos como cierto: que hacemos magia verdadera.

Y, de algún modo, así es.

Además, eso nos dejará espacio mental para interactuar con los espectadores y aprovechar todo lo que sucede durante la actuación.

Un detalle interesante, si estamos haciendo magia de restaurante en algún tipo de banquete y repetimos por las mesas el mismo juego y este requiere reseteo cada vez, este esfuerzo de aislarse y de preparar el juego de forma oculta cada vez nos aleja irremisiblemente de la mentalidad de magia auténtica de la que estamos hablando en este punto.

Artistas como Tommy Wonder recomiendan hacer juegos que se reinicien muy fácilmente o que queden reseteados por el propio manejo, de modo que siempre se realicen sin tener que pensar en ese molesto requisito de apartarse para hacer algo oculto.  

Una vez más, es el guion interior de que somos magos y de que los efectos suceden porque sí.

 

Acción en tránsito

Lo mismo que el guion interior de Nelms requeriría un artículo aparte, la acción en tránsito ya ha tenido su artículo en este blog. Te animo a revisarlo o leerlo por primera vez.

No voy a repetir lo dicho en el artículo tan solo te pongo un ejemplito rápido.

Si, por ejemplo, has de realizar un falso depósito de una moneda para luego, tras coger una varita, dar un pase mágico y mostrar que ha desaparecido, es mejor tener la intención primaria de ir por la varita, de este modo el falso depósito se realizará de un modo más inconsciente.

La técnica no solo se realizará con más precisión, sino que los espectadores, obnubilados por la acción principal (coger la varita), asumirán en mayor medida que la moneda está realmente en la mano izquierda (si realices el falso depósito con la mano derecha).

La acción que se percibe es coger la varita, la dejada en la mano izquierda es un medio para este objetivo prioritario y, por lo tanto, queda en la sombra, y al no poderse cuestionar, se da por cierta.

Se trata, además, una certeza muy poderosa para el espectador que no va a tener oportunidad de cuestionársela.

Pruébalo.

La cuestión es que tú tampoco sientes que has hecho trampa, solo has ido por la varita, con lo que dispones de más energía mental (liberado de la preocupación del falso depósito) para atender a los espectadores y a todo lo que te rodea.

 

 

Automatización

Una vez que nos hemos ganada el derecho a ensayar, procedemos a repetir la técnica, el manejo o la secuencia correspondiente.

No es el propósito de este artículo extendernos sobre el modo de ensayar, este tema lo trataremos en futuro artículo: “Secretos de Ensayo de Gabriel Moreno” donde recopilaré las perlitas que, en su momento, aprendimos del maestro, presencialmente y a través de sus vídeos.

El caso es que, cuando has automatizado la técnica, los manejos y el juego completo (incluido el guion superficial y el guion interior de Nelms), ya puedes ejercer la segunda atención con los espectadores para poder estar presente en lo que sucede en el momento de tu actuación.

 

El juego interior del tenis

Llegamos al epígrafe clave. Vicente Mustieles y un servido definimos este punto como automisdirection.

La idea aparece en el libro El juego interior del tenis de Timothy Gallwey.

En un pasaje del libro, un tenista tenía que mejorar su resto, pero se ponía nervioso y a menudo mandaba la pelota fuera.

Él sabía mandarla dentro, pero cuando competía se ponía nervioso. El esfuerzo consciente de querer meterla dentro del cuadrado y, sobre todo, el miedo a fallar, lo llevaban a errar el golpe.

Su maestro le aconsejó lo siguiente:

Olvídate de restar bien, tan solo intenta ver las costuras de la pelota.

Esto pareció un consejo trivial, aparte de la dificultad de tener que fijarse en las costuras de una pelota que iba a una velocidad de vértigo.

Pero el jugador lo hizo. Se concentró en ver las costuras de la pelota y… sorpresa. La cantidad de restos buenos se disparó.

Y tiene sentido.

Si tu mente se ocupa de un punto en concreto, ya no te cuestionas lo demás y sale el automatismo que creaste, sin fallos ni alteraciones.

Ya no importaba si la pelota entraba o no, tan solo las costuras.

De algún modo, el tenista se hizo una automisdirection, se despistó de la idea de restar correctamente con la distracción de las costuras de la pelota.

Lo mismo sucede con el ensayo.

Cuando haces los manejos -y una vez que están más o menos correctos, no antes, recuerda lo de ganarse el derecho a ensayar- te enfocas en un punto concreto durante un buen rato.

Puede ser la respiración.

Puede ser el peso o el tacto de la baraja.

Puede ser un programa de televisión, de radio.

Puede ser el aspecto de los espectadores, lo que te transmiten o simplemente el diálogo que estableces con ellos.

Puede ser todo el campo visual, sin centrarte en ningún punto fijo.

Todo eso equivale a las costuras de la pelota.

Varía el punto de enfoque, pero usa solo uno cada vez.

No mezcles.

 


Aplicación en otras disciplinas (instrumentos musicales, bailes, artes marciales, etc.)

En otras artes también puede usar este principio.

Una vez que te aprendes una frase en el piano, por ejemplo, puedes tocarla un rato mientras sigues una conversación en la radio u observas a tu gato tumbado en su sillón. Es atender un foco externo mientras tus dedos recorren el teclado.

En un kata marcial o en un boxeo en sombra puedes repetir el movimiento mientras observas la ventana de la habitación.

También lo puedes hacer ejecutando tu figura de bachata, o de salsa.

Ahora bien, en todos estos casos, el enfocarte fuera puede hacer que te equivoques u olvides una parte de la secuencia.

No pasa nada, vuelve a concentrarte en tu ejercicio desde dentro. Concéntrate en el proceso. Repásalo. Y una vez que lo hayas recordado y lo hagas del tirón sin distracción, vuelve a la distracción, al foco externo.

Sigue así, hasta que puedas ejecutar el movimiento sin estar pendiente de él, sin pensar.

 

Ampliar la visión en la vida cotidiana

Esto es una perogrullada, pero para ejercitar la segunda atención, en primer lugar, es necesario saber prestar atención a lo que nos rodea.

Si no sabemos ejercer esta atención global a lo que sucede alrededor mientras estamos sentados o realizando funciones sencillas como pasear o incluso conducir (funciones más que automatizadas que no requieren segunda atención), difícilmente podremos ejercerla mientras realizamos una actividad más demandante, como la de tocar un instrumento o realizar un juego de magia ante un público exigente.

¿Cómo podemos, entonces, ejercitar esta alerta de lo que sucede a nuestro alrededor?

Aunque esta práctica la puedes realizar sentado, yo te recomiendo hacerlas mientras paseas.

Estar pendiente del entorno mientras te obligas a permanecer sentado, sin hacer otra, es algo muy difícil, sobre todo si nunca has meditado.

Y más en estos tiempos de hiperactividad y mente acelerada donde todo nos aburre, donde no podemos soportar hacer cola sin sacar el móvil.

Entonces, suponemos que estás paseando por la ciudad. Disfrutas de cada paso, eres consciente del tacto del suelo en tus zapatillas. Y mientras caminas, escuchas los ruidos ambientales (coches, pájaros, voces…) pero no te detienes a identificarlos, no les pones ninguna etiqueta. Los escuchas uno tras otros, sin detenerte en ninguno.

Al mismo tiempo, vas paseando tu mirada por lo que te rodea (un coche que pasa, un escaparate, un grupo de peatones) pero sin detenerte en nada en particular, quedándote tan solo en la superficie.  La mirada barre libremente pero no se detiene.

Si una persona te recuerda a alguien o a algo y te dejas llevar por ese recuerdo, entrando en un bucle de pensamiento, cuando te des cuenta de ella, simplemente vuelves a concentrarte en el tacto de tus zapatillas, en el placer de andar y vuelve a lo que te rodea, sin detenerte en nada.  

Pasea así durante unos minutos y luego permítete volver a la mente normal (no te va a quedar otra de todas formas), volver al discurrir mental e incesante de cada día.

Si lo has hecho más o menos bien, aunque sea durante unos instantes, notarás que has experimentado un paréntesis de descanso, un pequeño oasis de paz en tu ajetreado día.

 

 

EJEMPLO DE APLICACIÓN DE LA SEGUNDA ATENCIÓN: LAS DADAS EN SEGUNDA

Comienza a hacer dadas en segunda y céntrate en hacerlas bien, fijando tu atención en el movimiento técnico de la dada durante aproximadamente medio minuto.

A continuación, levanta tu mirada e intenta abarcar el mayor campo visual sin centrar tu vista en ningún punto fijo.

Así, siendo consciente del espacio que te rodea, comienza a hacer dadas en segunda, pero visualizándote desde fuera, simplemente repartiendo cartas.

Si te equivocas y das dos en vez de una, es normal porque cuando uno reparte cartas en un juego de mesa, también pasa. Si tienes que recolarte la baraja en la mano, también es natural.

¿Notas la diferencia?

Con un poco de práctica, este ejercicio, que se puede realizar con cualquier técnica, va a contribuir a interiorizar los movimientos requeridos hasta que éstos puedan producirse por sí solos, como sí de un instinto se tratase.

 

 

ANÉCDOTAS

El barreño de agua helada

Ser conscientes de lo que nos rodea mientras hacemos algo, no es algo tan sencillo como puede parecer.

Cuenta Luis Arza que, estando Gabriel en su casa, este le pidió que ensayara una técnica sentado con los pies en un barreño de agua helada.

Luis se resistió un poco, pero al final accedió.

Al cabo de un rato, Gabriel le preguntó si estaba ejerciendo la segunda atención. Luis le contestó que sí, que estaba presente en la respiración, en ver la habitación y en sentir el frío del agua.

Sin embargo, Gabriel insistió en que Luis no estaba ejercitando la segunda atención. “Qué sí”, insistía éste. “Que, no”, decía Gabriel.

Al final, Gabriel le pidió a Luis que mirara hacia abajo y descubrió que Gabriel llevaba un rato dándole golpes en los pies con el palo de una escoba.

 

La matrícula perdida

Estando sentados en la terraza de una cafetería, Gabriel instó a un grupo de magos a que practicaran la visión periférica durante la tertulia, intentando fijarse en todo lo que sucedía mientras se iba desarrollando la conversación.

De vez en cuando, Gabriel les formulaba preguntas del tipo: “¿Os acordáis de algún número de la matrícula del coche que acaba de pasar? ¿De qué color era la camisa del hombre que ha pasado antes con un perro?

También Luis contaba que esto sucedía también mientras paseaban. Gabriel oteaba las matrículas de los coches y las recordaba con exactitud como después se podía comprobar.

 

El viernes que viene desarrollaremos un concepto que Miguel Ángel Gea planteó hace ya unos cuantos años en las Jornadas de Magia de Cerca de Alicante: Atenuar la presencia de las manos en la mente del espectador.

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