LAS 7 CARACTERÍSTICAS DE LA BUENA TÉCNICA EN MAGIA por Mariano Vílchez

 


¿Cómo ha de ser la técnica para llegar a ser totalmente clara, fluida y limpia?

Tras mucho reflexionar, observar mucha magia y cotejar textos de varios autores, hace años llegué a estos 7 principios que pueden ayudar a replantearte cada una de las técnicas que realizas, además de ayudarte, en el mejor de los casos, a mejorarlas significativamente.

Con estas consideraciones tus técnicas serán más claras, limpias, naturales, de modo que tus manejos no llamen la atención de los espectadores, salvo por su belleza estética.  

 

1. La técnica debería ser ingrávida, ligera, suelta, de esfuerzo mínimo.

Tiene que aprovechar la acción de la fuerza gravitatoria y realizarse con la mínima tensión posible del cuerpo y de las manos (Ascanio, Gabriel Moreno).

Esto es aplicable para muchos manejos, desde la mera sujeción de la baraja, la dada en segunda, el empalme, etc.

Este factor es fácil de definir pero difícil de lograr en práctica y, en muchas ocasiones, requerirá corrección de un maestro presencial que te guíe en este proceso.

 

2. La técnica debería ser amplia y expositiva. Buscar la máxima exposición visual de los elementos (baraja, monedas, etc).

Para ello, los gestos han de ser amplios y los manejos se harán, en la medida de lo posible, en la punta de los dedos.

Por ejemplo, varias técnicas que se realizan habitualmente en cogida Biddle, como el cambio por extracción de Vernon o la cuenta Hamman, se pueden hacer con cogida en la punta de los dedos de la mano derecha, exponiendo al máximo la baraja (Gea).

Este punto de volverá a tratar con más precisión en un futuro artículo basado en el concepto de Miguel Ángel Gea que él llama: “Atenuar la presencia de las manos en magia.”

 

3. La técnica debería ser económica, graciosa, sin movimientos innecesarios.

Procurar minimizar el número de transiciones, cambios de mano, transferencias, así como de cogidas y dejadas de elementos desde la mesa o el bolsillo hasta la mano y viceversa. Buscar el camino más simple, económico y elegante (Vernon).

Lo mismo que recortamos una y otra vez el guion de la presentación de nuestro juego para llegar a las mínimas palabras y con más fuerza, así tenemos que simplificar al máximo la coreografía de nuestros manejos, cuestionando cada movimiento y planteándonos si se puede eliminar sin que el fuerza o claridad del juego merme. 

 

4. La técnica debería ser fluida, con transiciones y cambios de agarres suaves y disimulados (sobre todo en cartomagia).

Éste es uno de los fallos más frecuentes, incluso en magos relativamente técnicos.

Se notan mucho los cambios de agarre (por ejemplo, desde la posición de dar a la Biddle y viceversa) que, al no tener vida externa, llaman la atención del espectador, aportando sensación de trabajo y esfuerzo.

Conviene minimizar estos cambios de sujeción, mejorando o simplificando el manejo, además de recurrir a una buena cobertura para que no se noten tanto.

También existe la opción de usar un paréntesis de olvido entre los movimientos que integran ese cambio de agarre, de modo que, al descomponerse en partes aisladas, dicho cambio quede diluido y deje de percibirse.

Una última opción es realizar un gesto expresivo, de modo que el cambio de agarre quede como acción en tránsito, intermedia, en el camino de realizar este gesto de expresión.

 

5. La técnica debería ser natural, asimilada a la propia idiosincrasia.

Lo primero que mi maestro Luis Arza aconseja a los neófitos que se enfrentan a técnicas manipulativas -siguiendo el consejo de Vernon, aunque también se lo he leído a Al Schneider que citaré luego- es que hagan primero el movimiento auténtico (sin trampas) varias veces para entenderlo, y luego procuren que el movimiento falso se asemeje lo más posible al real.

Luis recomienda incluso observar nuestros gestos y manejos en vídeos donde no estemos haciendo magia para intentar luego cubrir con estos gestos algunas de nuestras técnicas.

Y es que lo natural lo es en relación con nosotros mismos.

Un gesto o manejo de mi compañero de sesiones Daniel Nebreda es natural para él, pero puede chirriar si lo realizo yo, al no encajar con mi estilo acostumbrado de movimientos.

La gente se acostumbra a nuestra gestualidad, y al final deja de llamarle la atención. Es más, ni siquiera la percibe.

Si yo en vida personal estoy continuamente subiéndome las gafas con un gesto de la mano derecha, cuando empalme una carta y realice este gesto, es poco probable que la gente sospeche de mi maniobra, ya que incluso el gesto en sí de subirse las gafas no será percibido (Dani DaOrtiz).

Si la técnica se camufla o cubre con estos ademanes naturales, es muy probable que pase inadvertida.

Una última indicación. Tal y como indica Kenton Knepper, cuando realizamos el movimiento falso o tramposo, lo que más tendemos a modificar en relación con el movimiento real es el ritmo. Tendemos a ralentizar el movimiento o a acelerarlo en ciertos puntos del manejo.

Cuida, pues, este aspecto, de modo que cuando realices un movimiento falso, lo hagas con el mismo timing que le aplicas al movimiento real.

 

6. La técnica debería ser inconsciente y automática.

El movimiento tiene que estar tan dominado que ya no suponga esfuerzo consciente. Y esta inconsciencia es la que nos ayuda a creer que realmente estamos haciendo lo que pretendemos que el espectador asuma.

Si estamos realizando, por ejemplo, una cuenta Elmsley, sentiremos realmente que estamos pasando cuatro cartas de una mano a otra, mostrando cada una de ellas.

Es más, el movimiento puede estar tan automatizado que, si nos propusiéramos de repente realizar el movimiento auténtico –el de pasar realmente cuatro cartas de una mano a otra, mostrando cada una de las caras-, a lo mejor tendríamos que pensárnoslo un instante.

 

7. ¿ La técnica debería ser bella y estética?

No estoy seguro de que éste sea un requisito absolutamente necesario para la técnica.

Se puede extraer una gran sensación mágica de un manejo torpe y tosco, siempre que parezca genuino.

Además, ¿acaso la torpeza no es señal de falta de habilidad manipulativa, siendo esta habilidad el factor al que se aferran muchos profanos para no dejarse llevar por el asombro mágico?

Todo esto hablaría a favor del concepto de torpeza despistante de Juan Tamariz.

Por otro lado, los manejos bellos y sueltos también tienden a obnubilar al espectador, creándole cierta sensación hipnótica, de modo que, al dejarse llevar por la armoniosa coreografía, no encuentra ni las ganas ni el momento para sospechar de métodos o trampas.

Ésta es realmente la sensación que me producen los bellos manejos (a veces hasta extremos barrocos) de Jean Pierre Vallarino, o los imposibles dobles danzarines de DaOrtiz.

No tengo aún claro el artículo de la semana que viene, pero seguiremos hablando de limpieza.

 


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